Si la respuesta se halla en una renovación de la cristología, ¿cuál es el aspecto positivo del pensamiento de Ratzinger? Su teología es firmemente intervencionista hasta la médula, una teología de un Dios que se manifiesta en la historia, por lo que estamos básicamente ante una teología histórica y una teología de la historia. Es fundamental la distinción entre el Dios de los filósofos y el Dios del cristianismo. El Dios de los filósofos sigue siendo espléndidamente intocable, un Dios sobre el cual todo lo que se diga debe negarse con el mismo aliento, ya que este Dios es enteramente Otro. Si Dios es impersonal, no es posible ninguna relación personal o positiva entre Dios y el mundo. Por otro lado, el Dios de la tradición hebreo-cristiana se ha dado a conocer, ha revelado un nombre personal y, al revelar este nombre, ha invitado a los seres humanos a la amistad. El regalo del nombre a Moisés, el nombre YHWH, tan sagrado que nunca se pronuncia, fue el comienzo de una relación personal, una invitación a la amistad. Este regalo inicial se completó más tarde con la revelación de su significado, un Dios de amor y perdón, un significado significado que encuentra eco en las Escrituras en innumerables pasajes. Desde el punto de vista de la teología de Ratzinger, lo emocionante es que esta invitación a la amistad constituye la base del primer gran decreto del Vaticano II, Dei Verbum , sobre la Revelación, mostrando cuán trascendental fue Ratzinger en la conformación de este documento fundamental, que a su vez resuena en muchos de los restantes decretos del Concilio Vaticano II.
La misma línea prosigue en el recién publicado Jesús de Nazaret , el grueso del cual fue escrito en el verano previo a que Ratzinger se convirtiera en Benedicto XVI. Ha sido ensalzado por algunos reseñistas, anteriormente críticos con el autor, como su mejor libro hasta la fecha. La base esencial de la encarnación es que Jesús muestra el rostro de Dios en forma humana, viniendo a la humanidad con una intimidad anteriormente inconcebible. En ese libro, el trampolín es el detallado estudio del Sermón de la Montaña, que examina el modo en que el cristianismo trasciende el judaísmo. Gira en torno a un magistral y cordial diálogo con el estudioso rabínico judío Jacob Neusner. El énfasis se pone en la aproximación de Jesús a la Torá, que maneja y a la que da nueva forma con una autoridad que sólo puede ser divina. Eso es lo que debe significar mostrar el rostro de Dios en forma humana. Una dimensión ulterior de la encarnación, cercana al corazón del autor, es la universalidad de la misión de Jesús: «Esta idea de universalidad resurgirá una y otra vez como el verdadero eje de la misión de Jesús». Desde las grandes disputas medievales entre los estudiosos judíos y cristianos, los interlocutores judíos han rechazado las pretensiones cristianas de que Jesús estableció la soberanía de Dios. Su réplica es que la paz, el amor y la armonía esenciales para el Reino de Dios no han llegado a la tierra. Han preguntado: «¿Qué ha traído realmente vuestro "Mesías" Jesús?». La respuesta de Ratzinger es que Jesús ha traspasado los lazos del «Israel eterno» y ancestral, elevando la oferta de amistad de Dios al plano universal,que ha dejado de estar encadenada por y anclada dentro de los límites del judaísmo, y llamando a todo el mundo a la libertad del evangelio. La clave de toda moral es la comunión con Jesús en su obediencia al Padre. Esto «libera a las personas y a las naciones de descubrir qué aspectos del orden político y social concuerdan con la comunión de voluntad con Dios, y elaborar así sus propias disposiciones jurídicas». Para aquellos que ven en Jesús el rostro de Dios, ésta es la verdadera libertad de los hijos de Dios.
Traducción de Luis Gago