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La cultura pasa por aquí
Revista de Libros 125 Revista de Libros

El precursor digital

por Paul Barker
Revista de Libros nº 125, Mayo 2007

Número de páginas: 3
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Aquí encontramos un empleo temprano (1956) de la sarta de paradojas y juegos de palabras aseverativos e inconexos que serían cada vez más de su gusto. Él lo denominó su estilo «mosaico»; los escépticos podrían pensar que se trataba de algo más parecido a esos aforismos que aparecían en Estados Unidos en tiritas de papel dentro de los paquetes de galletas. Ésta es, también, la primera vez en que empezaba a abrirse camino la frase «el medio es el mensaje» (el título de un ensayo de 1960), que había aflorado en un ensayo de 1954, «Notes on the Media as Art Forms» (Notas sobre los medios de comunicación como formas artísticas), con un ataque formulado a tientas contra «la suposición infundada de que la comunicación consiste en una transmisión de información , mensaje o idea. Esta suposición le impide a la gente ver el aspecto de la comunicación como participación en una situación normal.Y esto da lugar a ignorar la forma de comunicación como la situación artística básica, que es más relevante que la información o idea "transmitida"».
Este pensamiento se explotó por primera vez con cierto detalle en The Gutenberg Galaxy [ 2 ] (1962), un libro en el que McLuhan intentaba definir el impacto de la imprenta como imprenta , al margen de lo que dijeran las palabras. Antes de eso, en The Mechanical Bride, se había embarcado en un entretenido examen de lo que significaban realmente los anuncios dirigidos a los consumidores si se leían con cuidado el texto y las imágenes. La «novia mecánica» era la no muy encubierta promesa de los fabricantes de coches de que el automóvil adecuado sería a un tiempo sexy y dócil: McLuhan se valió de la campaña que anunciaba el Buick Roadmaster 1949, cuyo titular rezaba: «Preparado, Dispuesto, y Esperando». Se trataba de un análisis pionero: seis años por delante, por ejemplo, de la colección de ensayos Mythologies (1957) de Roland Barthes.Ambos recurrían al ingenio, de estilo americano y de estilo francés, como sus principales armas.
Pero Understanding Media llevó el mensaje mucho más allá. En The Letters of Marshall McLuhan (editado por Matie Molinaro, Corinne McLuhan y William Toye, 1987), que es una de las mejores fuentes biográficas, los editores comentan que la popularidad del libro «no podía haberse previsto »; la edición de bolsillo de 1995 vendió al menos cien mil copias. Comenzó como un proyecto educativo.
La National Association of Educational Broadcasters, en Estados Unidos, le había encargado que presentara una aproximación y un programa de secundaria para la enseñanza de la naturaleza y los efectos de los medios de comunicación. Esto se convirtió en la materia prima para gran parte del libro, aunque un capítulo era un ensayo reimpreso (sobre la naturaleza de la imprenta) que había publicado anteriormente en The Times Literary Supplement.
McLuhan decía que su interés por la cultura popular comenzó en 1936, en la Universidad de Wisconsin, su primer trabajo tras concluir sus estudios en Manitoba y Cambridge: «Me enfrenté a estas clases de estudiantes de primero y me di cuenta de repente de que era incapaz de entenderlos. Sentí una imperiosa necesidad de estudiar su cultura popular: anuncios, juegos, películas [...] conocerlos en su terreno fue mi estrategia en pedagogía: el mundo de la cultura popular». Empezó a trabajar en los borradores de lo que se convertiría en The Mechanical Bride . Tras Understanding Media , la genuina novedad de sus percepciones empezó a desaparecer. Explotando su éxito de antaño, McLuhan (superada ya la cincuentena) se convirtió en una especie de vendedor de curalotodos y los comentarios empezaron a volverse contra él. En 1971, en su volumen dedicado a McLuhan, Jonathan Miller reconoce que, después de todas las objeciones, «a uno le queda la desconcertante sospecha de que McLuhan está "al tanto de algo"»: «Ha provocado con éxito un debate sobre un tema que ha estado olvidado durante demasiado tiempo». Pero la frase final del libro, que se lee también como una suerte de sentencia, es ésta: «Quizá McLuhan ha logrado la mayor paradoja de todas: crear la posibilidad de la verdad conmocionándonos a todos con un gigantesco sistema de mentiras».
Este anatema se basa en parte en la pobre comprensión por parte de McLuhan, tal y como lo entiende Miller, de «las reglas de la psicología experimental».También se basa en el catolicismo romano de McLuhan, que el propio McLuhan nunca, creo, plantea como un tema, pero que Miller descodifica con gran ferocidad. Mete en el mismo saco a McLuhan y al sacerdote y paleontólogo Teilhard de Chardin, cuyo Le Phénomène humain se publicó en 1959, como escritores cuyo «horror» por las ciencias «se ve igualado o superado por su susceptibilidad ante su jerga especial». ¡Ay!
En Understanding Media , al igual que en The Mechanical Bride , las páginas más memorables no son las amplias interpretaciones de McLuhan de cómo los medios de comunicación afectan a nuestras percepciones generales del mundo. Son los vívidos y breves capítulos sobre cosas específicas: anuncios de periódicos, ropas, dinero («la tarjeta de crédito del pobre»), tebeos, ordenadores, fotografías, máquinas de escribir, relojes («el aroma del tiempo»), paisaje («el automóvil acabó con el paisaje y lo sustituyó por un nuevo paisaje en el que el coche era una suerte de corredor de obstáculos»), y así sucesivamente. Hace años, el crítico Michael Wood los calificó de «una serie de ensayos jocosos, irritantes, pero atentos y divertidos». Ese juicio se mantiene, pero lo que irrita de los libros y ensayos de McLuhan no es su animosa agudeza de lengua y ojo, sino la repetición constante de ideas y ejemplos. Los editores de los ensayos arguyen que esto constituye una prueba de que «su pensamiento, como el río Liffey en Finnegans Wake , se enriquecía con todo lo que tocaba y volvía a su punto de partida». Esto es cargar las tintas en exceso, a pesar de que Joyce fue un punto de referencia constante para McLuhan; pero constituye un útil recordatorio de que McLuhan empezó como crítico literario. Una cantidad sorprendente de sus escritos consisten en análisis o analogías literarias. En Cambridge le dio clase I.A. Richards («Le debo una enormidad», le confesó más tarde). Incorporó a los ejemplos de los medios de comunicación su propia versión de la lectura atenta de textos que estará siempre asociada con la escuela de la Nueva Crítica de entreguerras.
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NOTAS
  • [ 2 ]

    La galaxia Gutenberg: génesis del «homo typographicus» ; trad. de Juan Novella, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1993.


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