Y es una pena, porque en paralelo, y sin apenas convergencia, al-Andalus ha sido objeto de una singular actividad por parte de historiadores, arabistas, arqueólogos, numismatas, historiadores del arte, que han producido un trabajo profundo, complejo y novedoso que hace que hoy sea al-Andalus probablemente la mejor conocida de todas las sociedades islámicas medievales. Nada, o muy poco de ello, ha llegado a los medios, a los divulgadores o celebradores de fastos varios, a los ideólogos, y lo que llega es denostado porque los ideólogos no gustan de matices, de complejidades. Un libro tan magnífico, tan rico y de tan grata lectura como el de Manuela Marín, Mujeres en al-Andalus (Madrid, CSIC, 2000), que incide sobre una cuestión tan debatida como el de la mujer y el islam, no ha tenido eco más que en medios académicos. Veremos si un libro más reciente y divulgativo de la misma autora, Vidas de mujeres andalusíes (Málaga, Sarriá, 2006), tiene mejor fortuna. Éste es sólo un ejemplo, pero podrían aducirse bastantes más. Y, así, se repiten las mismas ideas y los mismos tópicos que llevan circulando siglos, sin que parezca posible que se tengan en cuenta los importantes avances historiográficos que se han producido respecto a al-Andalus en los últimos años. Para el gran público, incluso para el público culto, al-Andalus ha quedado atrapado en un círculo vicioso de sublimación y denigración del que sólo salen los especialistas que publican en revistas científicas complejos trabajos que no son tenidos en cuenta por los publicistas. Ni tampoco por los que confeccionan manuales y libros de texto.
Eduardo Manzano se propone romper este doble círculo: desde luego, el de sublimación o denigración, pero también aquel que encierra a los especialistas en un mundo aparte y no leído más que por sus pares. Es el suyo un libro que tiene la ambición de hacerse accesible sin prescindir del rigor, de la erudición y de la complejidad. Está muy bien escrito, desde un punto de vista formal, literario; muy bien ensamblado y argumentado, y con una voluntad de hacerse seguir, de hacerse entender mediante la explicación de los pasos que va dando, de aclarar dónde sitúa las aportaciones que hace en relación con lo ya adquirido, explicando también cada nuevo término utilizado sin caer en la jerga, de no dar por obvio o conocido del lector aquello que pertenece al ámbito del especialista. De facilitarle, en una palabra, la tarea al lector, sin reducir ni empobrecer por ello su discurso. Hay otra frontera más, que evidentemente el libro de Manzano quiere romper, y es aquella que separa a los medievalistas dedicados al mundo cristiano (la inmensa mayoría del cuerpo profesional en España) y los que se dedican al mundo musulmán, los arabistas. Por razones que tienen que ver con el concepto de «historia nacional» acuñado en el siglo xix , pero también por razones que guardan relación con la división universitaria en departamentos y las disciplinas que se guardan para sí unos u otros (latín para los departamentos de historia medieval, árabe para los de estudios árabes, generalmente en las facultades de filología), el estudio del islam peninsular ha estado relegado durante muchos años a círculos pequeños y apartados de arabistas que difícilmente podían entrar en liza con los historiadores «de verdad». El libro de Manzano tiene la clara voluntad, no explícita, de unir ambas disciplinas, de escribir un libro sobre al-Andalus que pertenezca de lleno a la historia medieval. Para ello, no sólo limita el uso de términos específicos, sino que utiliza y entra en discusión con las fuentes y con la bibliografía de ambos «lados», con la discusión académica producida en ambos ámbitos, haciendo de paso una síntesis de lo mucho que sobre al-Andalus se ha publicado en años recientes. Es decir, consigue colocar su estudio sobre al-Andalus dentro de las corrientes «normales» desde las que se estudian las sociedades medievales. Y es esa la manera, me parece a mí, con la que evita la alineación de rechazo o apología que resulta tan difícil de eludir para quienes en España escribimos sobre «lo moro». Manzano estudia y describe una sociedad medieval con los parámetros, las técnicas y las metodologías con las que se estudian las sociedades medievales.
El libro está dedicado a los tres siglos que siguieron a la conquista árabe de 711 y al proceso -largo y complejo- por medio del cual un territorio cristianizado y romanizado, conocido como Hispania, se convirtió en un territorio islámico llamado al-Andalus. En especial, Manzano tiene interés en mostrarnos que se trata de un proceso muy extendido en el tiempo y en el que intervienen actores y factores diversos; que una vez terminado el proceso y observado el resultado (una sociedad plenamente islámica) tienden a olvidarse las complejidades de su trayectoria y se adopta una visión teleológica que elimina, a la vista de la meta, el trayecto recorrido. Para estudiar este trayecto Manzano utiliza, además de fuentes árabes y latinas, las aportaciones más recientes de la arqueología y la numismática. El resultado es interesante, estimulante y renovador. Se trata, sin duda, de un libro importante.
Manzano está poco interesado en historia religiosa e intelectual, demasiado poco en lo que a la religión se refiere: estamos ante una sociedad medieval y ante una sociedad que hace una traslación de un sistema religioso a otro. Le interesan principalmente el ejército, la administración del territorio, los recursos, el ordenamiento social, los impuestos, el ejercicio del poder, los rebeldes. En especial, cómo la conquista y el control de un territorio, a través de sus formas de poblamiento y de utilización de recursos, se traducen en nuevas formas de dominio. Le atraen todos los aspectos de la vida material, desde aperos de labranza a restos cerámicos o innovaciones técnicas o de cultivos, cuyo análisis le ayuda a trazar un complejo trayecto de transformación social, política y cultural. La fundación o el abandono de ciudades, la construcción de mezquitas, no son leídas como muestras de «esplendor», sino como indicadoras de unas características de población y unas maneras de hacer visible y de legitimar el poder. Le interesa también la participación de la población autóctona y de sus élites en la formación y consolidación de ese poder.