La relación con Pilar de Valderrama -de Leonor no se sabe apenas nada- podría ser la muestra más notable de la debilidad y el desajuste que entorpecieron la vida de Machado, «víctima de sus propias fantasías y de un lamentable autoengaño» (p. 471). Una noche, entre 1930 y 1931, Machado tuvo un sueño que parece compendiar el desbarajuste: en el monasterio de Santa María del Parral de Segovia, Unamuno, vestido de fraile, casa a Antonio y a Pilar mientras canta La Marsellesa . En la versión de Gibson, un achacoso Machado al borde de la vejez se habría enamorado servilmente, sin tregua ni remedio, de un cuerpo que pobló sus noches de sueños carnales pero que no le hizo en la vigilia la más mínima concesión. Aparte de este accidente más o menos hormonal, todo parece aquí fuera de lugar. Pilar de Valderrama, heredera de la alta burguesía madrileña con propiedades en el campo y palacete en el paseo de Rosales, esposa implacablemente católica y reaccionaria cuyos amigos más preciados fueron Concha Espina y José María Pemán, poetisa de lugares comunes y ningún oído, segura de poder ser a la vez la resignada mujer de su marido y la intocable Beatriz de este nuevo Dante -que (según ella) se hubiera pasado al franquismo y habría recuperado la fe si ella hubiera permanecido a su lado durante la guerra-, dictamina así sobre las relaciones sexuales: «Todo acto que se materializa indebidamente, deja un poso de culpabilidad, de tristeza y a la larga el recuerdo afectivo se desvanece. Sólo lo que radica en el espíritu, en el pensamiento limpio, permanecerá» ( Sí, soy Guiomar , p. 89). Machado, entretanto, agotado por la «neurastenia» (p. 464), amenaza con suicidarse si le falta el amor de Pilar y escribe lo que Gibson considera «uno de los poemas de amor más hermosos, más hondos del español, quizás de cualquier idioma» (p. 448).
El lector de Gibson, abandonado a su arbitrio frente a discordancias como éstas, bien podría concluir que a Machado se le resistió la vida y a Gibson se le resistió la vida de Machado, pero en esas resistencias, y en las maniobras que quieren combatirlas, se cifra buena parte del interés en la obra de cada uno.