El estudio que realiza el autor de la controversia del velo ( voile o foulard en francés) constituye uno de los aspectos más interesantes de su libro. Weil fue uno de los diecinueve miembros de la comisión, nombrada por el presidente Jacques Chirac en 2003, para estudiar temas de secularización y religión en la República francesa. Weil cuenta que desde 1989, y especialmente de 2002 a 2004, en las escuelas en que las muchachas llevaban el velo, las estudiantes que no lo llevaban estaban sometidas a fuertes presiones -que iban de los insultos a la violencia física- para ponérselo. Los jóvenes llamaban a las chicas que no los llevaban «malas musulmanas» y «putas» ( putains ). La comisión recibió los testimonios de padres musulmanes que se sintieron obligados a sacar a sus hijas de colegios públicos y matricularlas en instituciones católicas para que no tuvieran que seguir enfrentándose a semejantes insultos y amenazas. Weil defiende convincentemente que la comisión tenía la obligación de proteger los derechos de las estudiantes que no deseaban vestir con el velo. Recomendó, por tanto, que todos los símbolos religiosos «ostensibles» -incluidos los grandes crucifijos y las kipás judías- fueran prohibidos en los colegios públicos. Realiza la importante observación de que la ley que prohibía los velos estaba limitada a las menores en colegios públicos y que las mujeres adultas en la universidad y en la sociedad en general eran, por supuesto, libres de vestir como quisieran.
Weil explica que la situación de los inmigrantes africanos y asiáticos actuales difiere de la de anteriores grupos de inmigrantes, ya que los primeros han tenido que enfrentarse a un «desempleo persistente y estructural durante treinta años» (p. 49). Sin embargo, como ha mostrado Viet, los inmigrantes del pasado pudieron asimilarse a pesar de las depresiones de las décadas de 1880 y 1930. Aunque es cierto que el paro parece haber sido más persistente en la crisis francesa actual, las protecciones del Estado del bienestar compensan parcialmente la falta de empleo. Además, los asiáticos -budistas o no- parecen haber logrado una mayor integración en la sociedad francesa en los últimos años. Su adaptación arroja algunas dudas sobre la tesis de que el paro es el único motivo de lo que parece ser el relativo fracaso de la integración por parte de un gran número de inmigrantes musulmanes y de sus hijos.
Al contrario que los otros autores, Weil ofrece reme dios específicos para la discriminación que han sufrido indudablemente los inmigrantes de origen africano y, especialmente, norteafricano. Se muestra muy crítico con la acción afirmativa estadounidense ( discrimination positive ). Por regla general se halla bien informado sobre las prácticas estadounidenses, pero no siempre su información es correcta. Afirma que, en el sistema estadounidense, si un candidato blanco y uno negro compiten por un puesto, el candidato negro habría de obtener el trabajo a pesar de que sus cualificaciones sean inferiores a las de su contrincante blanco. Por el contrario, la acción afirmativa concede el puesto al candidato negro sólo si sus cualificaciones son iguales a las de su contrincante blanco. Tampoco resalta Weil suficientemente el papel importantísimo que las mujeres, que se han beneficiado también de la acción afirmativa, han desempeñado a la hora de preservarla frente a sus numerosos detractores. Sin embargo, Weil está en lo cierto al subrayar el efecto perverso que ha tenido la acción afirmativa en negros cualificados cuya reputación profesional se ha resentido porque muchas personas -blancas y negras por igual- sienten que deben su puesto a su raza, no a su competencia profesional.
Weil sabe que las diferencias históricas y contextuales hacen que la acción afirmativa a la manera estadounidense resulte inaplicable en Francia. Al contrario que en Estados Unidos, Francia nunca tuvo un siglo de esclavitud seguido de casi otro siglo de discriminación oficial (segregación) en una gran parte de su territorio nacional. Además, el Estado francés proporciona más protección social y una educación más igualitaria a sus minorías pobres que Estados Unidos, que ha eviscerado su mínimo Estado del bienestar y financia su educación primaria y secundaria con impuestos locales, haciendo que los colegios en los barrios más ricos sean muy superiores a los de las zonas pobres. Weil sugiere, por tanto, que Francia adopte una política de acción afirmativa que no se base en la raza o en la etnicidad sino en la geografía. Recomienda que el mejor diez por ciento de estudiantes de cada lycée francés sea admitido a las grandes écoles y a otras instituciones muy selectivas. La admisión basada en el ránking individual en los lycées evitaría clasificar a los estudiantes por raza o religión; pero la cohorte de estudiantes que ingresan constituiría, sin embargo, una muestra muy representativa de las clases sociales y los grupos étnicos de la nación. Este método más sustentado en la geografía puede que sea superior a soluciones basadas en la raza, pero estimularía sin lugar a dudas el resentimiento de aquellos estudiantes de los mejores lycées que se encuentran entre el mejor quince o veinte por ciento pero que verían negada su admisión en instituciones de prestigio. Además, este método de selección no afronta el problema de la retención de los estudiantes de lycées inferiores, un problema que ha asolado la educación superior en Estados Unidos. Muchos de estos estudiantes -a menudo minorías- se sienten incómodos y alienados en su nuevo y muy blanco entorno académico y no prosiguen sus estudios hasta licenciarse.