Las claves de su éxito fueron las excelentes preparaciones y el uso de materiales con estructura simple, como los procedentes de embriones, que permitían desenredar la madeja del tejido de fibras nerviosas. Empezó con las técnicas de Golgi de sales de plata, que mejoró en 1903 mediante el hallazgo del procedimiento del nitrato de plata reducido, con el que accedió al estudio fino de la estructura de las neuronas y refutó la teoría de las microfibrillas de Apathy, con la que este autor y muchos otros pretendían reavivar la doctrina reticular. Estaría aquí fuera de lugar hacer mención de la apabullante cantidad y finura de los hallazgos gracias a los cuales describió y clasificó células del cerebelo y la médula, estableció patrones estructurales del córtex y consiguió la identificación histológica de las zonas de localización cerebral. La versión francesa de su Textura del sistema nervioso , publicada en 1909-1911 con nuevas aportaciones, fue un punto de referencia de la especialidad al aclarar las estructuras básicas del sistema nervioso y sentar las bases para el estudio de lo que aún quedaba por conocer. En ella investigó anatómicamente el significado funcional de los centros, los mecanismos de operación y los patrones de desarrollo ontogenético y filogenético. Todo ello se complementaría a continuación con el análisis de la dinámica neuronal merced al estudio de la degeneración traumática y la regeneración de las neuronas, lo que plasmó en su otro gran libro, Estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso (1913-1914). Después de la Gran Guerra, aún continuó trabajando, sobre todo en el sistema nervioso de invertebrados, y descubrió un nuevo método de teñido con sublimado de oro gracias al cual abrió el camino al estudio de la neurología que, andando el tiempo, sería importante para la investigación sobre tumores. Y, lo que no es menos importante, creó una buena escuela en el instituto fundado para él por el Gobierno, con lo que consiguió el anhelo de sus esfuerzos patrióticos: que los españoles hiciesen sonar su voz en el coro internacional. Afortunadamente, murió antes de que Franco diera al traste con todo ello.
Ha sido una buena idea reeditar este libro en el centenario de la concesión del Premio Nobel a Ramón y Cajal, aunque es una pena que la edición deje mucho que desear. Para empezar, el texto está trufado de erratas, que una somera corrección de pruebas hubiera evitado, y, para seguir, el trabajo de edición resulta pobre. No se ha confeccionado un índice analítico (algo lamentablemente típico de este país) que permita moverse con soltura por una obra tan voluminosa y que en sus dos terceras partes no es una novela, sino una memoria de investigaciones. Tampoco encontrará el lector nota alguna que explique lo que con el transcurso de casi un siglo exige comentarios y contexto. El introductor, que parece conocer bien los trabajos de nuestro hombre, apenas se aparta de sus descripciones, infectándose incluso de sus excesos patrioteros. Por ejemplo, se siente «desconsolado» porque algunos de aquí criticaran la teoría neuronal ¡siendo españoles!, y plantea en tono cuasimoral el flaquear de la fe en dicha teoría. Hay un tono hagiográfico mal avenido con una historia informativa y sobria, pues al lector actual le interesaría más bien que se le explicase sin alamares la importancia histórica y el impacto de la obra del autor: cómo estaban antes las cosas y cómo quedaron después. Es una lástima que no se haya ofrecido un análisis de las frecuentes polémicas mantenidas por Ramón y Cajal, pues, como ha mostrado la historiografía reciente de la ciencia, las polémicas son episodios cruciales para captar los compromisos teóricos y metodológicos de los grupos enfrentados, para estudiar la fuerza de los argumentos y los experimentos, la estructura de las comunidades, de la autoridad y de la comunicación, y para entender la dinámica del cambio científico. Aun así, no sería justo desestimar el esfuerzo
realizado y dejar de recomendar una obra cuya primera parte encantará a todo el mundo y la segunda, a los estudiosos.