Y, aunque todo esto ya nada tenga que ver con el cine o con la literatura, dado que la atención que le prestamos, hasta el punto de dedicarle este artículo, es por causa de su enorme impacto social, me gustaría añadir que, a mi juicio, la Iglesia católica ha actuado con falta de finura en su rechazo al engendro. Hombres de poca fe. Si la imagen de Cristo ha podido salir indemne de los dos mil años de torpe administración que se ha hecho de su nombre, cómo va a resentirse de las pobres invectivas de Brown. Ítem más. Poner a Brown a la altura de los grandes autores que han alcanzado los honores del Índice de Libros Prohibidos, con el Abate Marchena, o nuestro querido don Pío Baroja, es de una torpeza inconmensurable, y lo único que personalmente y como escritor envidio de este Dan Brown.