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Revista de Libros 115-116 Revista de Libros

El calentamiento global: año 2006

por Francisco García Olmedo
Revista de Libros nº 115-116, Julio / Agosto 2006

Número de páginas: 9
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El 24 de marzo de 2006 vino preñado de nuevas noticias relativas a la inestabilidad de la capa de hielo en Groenlandia y la Antártida. Otto-Bliesner y colaboradores han presentado evidencias de que, en la última interglaciación, el hemisferio norte (el Ártico, en particular) alcanzó temperaturas superiores a las actuales y el nivel del mar estaba varios metros por encima del actual, una situación que podría repetirse, y Overpeck y colaboradores sugieren que a finales del presente siglo podrían alcanzarse las mismas temperaturas que hace ciento treinta mil años. Parece que sólo el deshielo de Groenlandia fue responsable de 2,2 a 3,4 metros de subida del nivel del mar. En la actualidad, Groenlandia gana hielo en su interior y lo pierde en la periferia, con unas pérdidas netas que acaban de estimarse en 152 ± 80 kilómetros cúbicos por año para el período 2002-2005.
Una característica común de los distintos modelos climáticos es que predicen un inc reme nto de la severidad de los incidentes catastróficos. Sin embargo, esto es objeto de debate, especialmente en relación con los huracanes. Las últimas temporadas han sido particularmente movidas a este respecto, pero la frecuencia de huracanes y ciclones es extraordinariamente variable, tanto en una escala anual como en una de varias décadas, y aceptar la hipótesis nula de que «no hay tendencia en la incidencia de huracanes» sólo quiere decir que la muestra examinada no permite probar que exista dicha tendencia, no que dicha tendencia no exista. En el ámbito de lo no probado, los científicos se dividen entre los que intuyen que existe un aumento relacionado con el calentamiento global y los que no. Sin ir más lejos, en 2005 los dos principales especialistas del IPCC sobre este tema se tiraron los trastos a la cabeza: Chris Landsea dimitió del equipo del IPCC porque su colega Kevin Trenberth había «politizado» la labor del equipo al propugnar ante la prensa la idea no probada, aunque plausible, de que la gravedad de los huracanes estaba aumentando debido al calentamiento climático.
EFECTOS SOBRE LA BIOSFERA
El calentamiento global tiene importantes efectos directos e indirectos sobre la biosfera, de lo que nos limitaremos a ilustrar algunos de ellos. La Organización Mundial de la Salud ha estimado que el cambio climático de origen antropogénico ha ocasionado unas ciento cincuenta mil muertes anuales en los últimos treinta años, y en un reciente análisis se ha encontrado un inc reme nto de morbidez y mortalidad asociadas al calentamiento pasado y futuro que afecta a las enfermedades cardiovasculares, respiratorias e infecciosas [ 8 ] . También se ha postulado un efecto del calentamiento sobre la incidencia de la fiebre del heno.
La actividad agrícola está íntimamente ligada al marco climático y tendrá que adaptarse a los cambios que éste sufra. Además, unos modelos climáticos suficientemente precisos en sus predicciones deberían permitir que los planes de políti­ca agraria y las decisiones productivas anuales se adoptaran más racionalmente. Por avanzado que esté el conocimiento agronómico actual, las conjeturas que podamos hacer sobre los posibles efectos del cambio climático sobre la producción de alimentos no pueden ser más que hipótesis basadas en hipótesis.
A pesar de las discrepancias de detalle entre los modelos de predicción climática, existen coincidencias tales como la probable menor afectación del subcontinente norteamericano o la concentración de los cambios más dramáticos en la franja comprendida entre los trópicos, precisamente allí donde se espera una mayor expansión demográfica. Si esto es cierto, una vez más, los pobres llevarían todas las de perder. Lo que resulta evidente es que un aumento de la temperatura podría llevar hacia el declive a las más prósperas regiones agrícolas actuales, mientras que áreas del globo que eran inhóspitas hasta ahora podrían convertirse en óptimas para la agricultura.
También la distribución geográfica de los espacios naturales sufriría un cambio radical, ya que los cambios en la temperatura alterarían el régimen hidrológico, y la posible mayor frecuencia de las catástrofes meteorológicas tendría un efecto adverso sobre la producción de alimentos. El aumento de la concentración atmosférica de CO 2 podría favorecer el crecimiento y la producción vegetal, al mejorar la eficiencia del proceso de fotosíntesis, pero la elevación conjunta del gas carbónico y la temperatura podría alterar profundamente el abanico de plagas, enfermedades y malas hierbas, aumentando su efecto adverso sobre las plantas cultivadas. El previsto aumento de la concentración superficial de ozono también sería adverso para la producción agrícola.
Respecto a la vida salvaje, también empiezan a detectarse efectos preocupantes. Así, por ejemplo, en un estudio de 36 especies marinas en el mar del Norte, dos tercios de ellas, incluido el bacalao, han migrado hacia el norte o hacia aguas más profundas. La fenología de plantas y animales (por ejemplo, tiempo de floración o de migración) también se ve afectada, según un estudio que ha incluido 145 especies [ 9 ] . Los efectos pueden ser indirectos: en América Central y del Sur, dos tercios de las 110 especies que se han descrito de la rana arlequín han desaparecido, al parecer a causa de un inc reme nto relacionado con la temperatura de la virulencia de uno de sus patógenos fúngicos.
RETOS TECNOLÓGICOS
En términos realistas, muchos expertos proponen limitar la concentración atmosférica de CO 2 a 500 ± 50 partes por millón, por debajo del doble de la concentración preindustrial, como forma de evitar las consecuencias más extremas del cambio climático. A la luz de lo que sabemos sobre las tecnologías actuales, no parece haber ningún avance previsible que nos pudiera permitir alcanzar por sí solo una parte significativa del objetivo propuesto, por lo que hay que apelar a un amplio repertorio de posibilidades, tratando de superar las barreras y dificultades que presentan cada una de ellas en su aplicación [ 10 ] . El aludido repertorio puede dividirse en cuatro capítulos: a) mejora de la conservación y la eficiencia energéticas, incluyendo vehículos y edificios más eficientes; b) técnicas de captura y almacenamiento de carbónico; c) fuentes alternativas de energía, incluidas las nucleares (fusión) y el hidrógeno; d) prácticas agrícolas y forestales, tales como el laboreo mínimo, la repoblación forestal y la introducción de nuevas plantaciones arbóreas.
Número de páginas: 9
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NOTAS
  • [ 8 ]

    Jonathan A. Patz et al., «Impact of regional climate change on human health», Nature, vol. 438 (2005), pp. 310-317.

  • [ 9 ]

    Terry L. Root et al., «Human-modified temperatures induce species changes: Joint attribution», Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, vol. 102 (2005), pp. 7465-7469.

  • [ 10 ]

    Stephen Pacala y Robert Socolow, «Stabilization wedges: solving the climate problem for the next 50 years with current technologies», Science, vol. 305 (2004), pp. 968-972.


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