Por grande que sea la tentación de dar por buena esta visión del pasado y de imputar el aludido inc reme nto de la temperatura a factores distintos de la actividad humana, no debemos caer en ella, tanto por las incertidumbres asociadas a cualquier modelo retrospectivo como por el hecho de que parte de la evidencia relativa al calentamiento antropogénico no se sustenta en dichos modelos. Sin embargo, tampoco puede excluirse una contribución de los factores no humanos al calentamiento, ya que sería impensable que la naturaleza hubiera hecho dejación de sus veleidades en los últimos siglos. No cabe la menor duda de que estamos sufriendo un calentamiento muy preocupante del que, en una buena parte, parece que somos responsables. Cuantificar nuestra culpa no es tarea fácil, y el nuevo modelo, aunque más verosímil que el anterior, no reduce sino que aumenta nuestras dificultades prácticas. Aun en el informe del IPCC en 2001 viene a admitirse que la probabilidad de que el calentamiento en el pasado siglo sea por entero debido a causas naturales es de una entre tres.
LOS PRÓXIMOS SIGLOS
Si difícil es ponerse de acuerdo sobre el pasado climático más o menos inmediato, mucho más lo es sobre el futuro, y no digamos sobre qué hacer hoy sobre dicho futuro. ¿Cómo evolucionará la tasa de calentamiento? ¿Cómo es de grave la amenaza del efecto invernadero? Contestar a estas preguntas es crucial para nuestra supervivencia y el modo habitual de contestarlas es en forma de predicción sobre el posible aumento de temperatura resultante de una duplicación del CO 2 atmosférico.
En el verano de 1979 se reunió en Cape Cod una comisión de distinguidos meteorólogos para elaborar un informe para la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos sobre el efecto invernadero. Según se cuenta, sólo dos de los participantes trabajaban realmente sobre el problema y éstos expusieron sus respectivos modelos: uno predecía un calentamiento de 2 ºC para la duplicación del carbónico atmosférico y el segundo, 4 ºC. Un poco a capón, asignaron un margen de error de 0,5 ºC y -como se ve, sin excesivo fundamento- proclamaron a los cuatro vientos el intervalo mágico de 1,5 ºC-4,5 ºC, que fue adoptado ya en el primer informe del IPCC. Para el segundo informe del IPCC en 1995, el número de modelos superaba la docena, pero no se alteró el intervalo de predicción, que sí se amplió por arriba (a 5,1 ºC) para el tercer informe, en el año 2001. Aunque el próximo informe no está previsto hasta el año 2007, según noticias oficiosas, parece que las cifras a que llegan los modelos más sofisticados empiezan a converger en torno a los 3 ºC de inc reme nto de temperatura para la duplicación del carbono atmosférico. Sin embargo, la proliferación de modelos (se compararán resultados de quince de ellos en el próximo informe del IPCC) da una medida elocuente de lo lejos que se está de consensuar una forma de cálculo para la variación climática y, además, la concordancia entre modelos es más aparente que real, porque éstos presentan todavía divergencias importantes en los presupuestos de partida y, sobre todo, en sus predicciones a escala regional. En enero de 2006, el Instituto Max Planck para la Meteorología, en Hamburgo, ha dado la predicción oficiosa correspondiente a tres de los escenarios del IPCC: para el de 550 partes por millón de CO 2 en 2100, se predice un calentamiento en torno a 2,5 ºC. Además de los cambios de temperatura, entre las predicciones del anterior informe del IPCC se incluyen aumentos en la precipitación global -aunque en algunas regiones pueda disminuir-, en el nivel del mar y en la frecuencia de catástrofes meteorológicas.
Para fijar la composición atmosférica en sus valores actuales tendríamos que suspender bruscamente las actividades que generan gases invernadero. Aun si cumpliéramos con este objetivo imposible, no lograríamos frenar del todo el calentamiento debido a la considerable inercia del sistema climático. En dos estudios recién publicados se ha concluido que, a composición constante, la mera inercia térmica de los océanos haría que para el siglo xxiv la temperatura aumentara 1 ºC y el nivel del mar aumentaría en diez centímetros (entre uno y treinta centímetros) por deshielo y dilatación, mientras que si nos conformamos con estabilizar las emisiones al nivel actual, supuesto muy difícil de cumplir pero menos restrictivo que el anterior, el calentamiento sería de 2 ºC-6 ºC y la elevación del nivel del mar de veinticinco centímetros (entre siete y cincuenta centímetros).
La inercia térmica de los océanos da lugar a un desfase o retardo de la respuesta climática con respecto a cualquier cambio en los factores y forzamientos externos que la determinan. Debido a esta inercia y a los cambios ya producidos en la composición de la atmósfera, el sistema climático continuará cambiando durante décadas (siglos a nivel del mar) a partir del momento en que cesen los cambios en los factores causales. Esto ha recibido el nombre de calentamiento «pendiente de realizar», «comprometido» o «residual» cuando se alude al cambio de temperatura, y «cambio climático comprometido» cuando incluye también el aumento del nivel del mar.
Si descendemos de lo global a lo regional, nuestra ignorancia ya no afecta sólo a la reconstrucción del pasado o a la predicción del futuro, sino al conocimiento del propio presente. Así por ejemplo, casi al final de 2005 se han publicado los primeros indicios de un posible colapso de la circulación oceánica que transporta calor desde el trópico hasta latitudes más altas en el Atlántico Norte. El sol calienta más los trópicos que las regiones polares, pero la situación se dulcifica mediante la circulación de calor en la atmósfera y, sobre todo, en el mar. Las aguas calientes tropicales viajan hacia el norte y van enfriándose y haciéndose más densas para luego deshacer el camino a una cierta profundidad. Ciertos modelos predicen que el calentamiento global puede interrumpir esta corriente termosalina y las primeras medidas experimentales, todavía con demasiado margen de error, parecen confirmar la predicción. Desde hace un año se sigue sistemáticamente el fenómeno y pronto se tendrán unos datos más fiables. Un colapso completo de la circulación termosalina podría originar una brusca glaciación. En el registro paleoclimático parecen existir precedentes de este tipo de perturbaciones.