Existe consenso científico sobre algunas cuestiones básicas relacionadas con el calentamiento global. Se considera que el fenómeno denominado «efecto invernadero» está bien fundamentado: ciertos gases interfieren con la irradiación de calor al espacio exterior y si su concentración atmosférica aumenta por alguna razón, la temperatura ambiental también lo hará. Algunos cálculos indican que la tierra absorbe más energía del sol (un exceso en torno a 0,85 vatios por metro cuadrado) de la que emite al espacio. Los principales gases con efecto invernadero son, aparte del vapor de agua y los aerosoles (partículas en suspensión), el anhídrido carbónico o dióxido de carbono (CO 2 ) y el metano (CH 4 ), a los que hay que añadir el óxido nitroso (N 2 O), el hexafluoruro de azufre (SF 6 ) y diversos gases orgánicos halogenados. Desde el período preindustrial, la concentración de CO 2 ha aumentado en un 30% -de 280 a 380 partes por millón-, debido, al menos en buena parte, a las emisiones de origen humano, y viene observándose un aumento de la temperatura media del planeta en los últimos dos siglos, que es el período en que ésta se ha podido medir instrumentalmente. Se produce CO 2 por la combustión de productos fósiles (carbón, petróleo) y madera, así como por la respiración de los seres vivos, y se elimina de la atmósfera mediante diversos procesos, el más importante de los cuales es su incorporación a la biomasa vegetal mediante la fotosíntesis. Se conoce desde hace tiempo que el metano se produce en la combustión de biomasa y, sobre todo, por agentes biológicos tales como los microorganismos en ausencia de oxígeno (zonas húmedas; cultivo de arroz por inundación), los rumiantes (por delante) y las termitas (por detrás), mientras que la mayor parte se elimina por oxidación en la troposfera y una fracción se pierde desde la estratosfera. Respecto al metano, la sorpresa acaba de producirse con el reciente hallazgo de que las plantas podrían generar entre el 10 y el 30 % del metano que accede a la atmósfera
[ 3 ] , lo que indica hasta qué punto ignoramos todavía aspectos fundamentales de los factores climáticos y, de confirmarse, podría cambiar nuestra forma de enjuiciar situaciones concretas: por ejemplo, ya no sería necesariamente ventajoso, en términos del ciclo del metano, un bosque frente a una pradera con rumiantes.
Se han realizado avances muy importantes en el conocimiento del cambio climático gracias, sobre todo, al impresionante aumento de la capacidad de computación, pero estos avances nos han hecho más conscientes de la magnitud de nuestra ignorancia.
LOS ÚLTIMOS CUATROCIENTOS MILENIOS
El pasado remoto del clima puede hoy inferirse por métodos tales como el análisis de los gases invernadero en las distintas capas del hielo antártico
[ 4 ] . En los últimos cuatrocientos veinte milenios, las concentraciones de gas carbónico y metano han bailado al son marcado por las glaciaciones, o viceversa, en armonía con los cambios estimados de la temperatura. También las técnicas recientes de estimación de la temperatura en la superficie del mar tropical en función de los foraminíferos depositados en los distintos estratos han permitido concluir que esta temperatura ha ido variando en consonancia con la concentración de los gases invernadero. Lo que oscurece las relaciones de causa-efecto es que la evidencia apunta a que las glaciaciones se originaron por irregularidades orbitales de la Tierra con respecto al Sol que redujeron la insolación del hemisferio norte, en cuyo caso pudo ser el enfriamiento el que redujo la concentración de gases invernadero, vía una mayor absorción por los océanos, y no al contrario.
La actividad humana ha podido influir sobre el clima desde tiempo inmemorial, ya que en algunas de sus facetas ha podido suponer una liberación significativa de gases invernadero. En este contexto, William F. Ruddiman
[ 5 ] ha llegado a proponer recientemente la hipótesis de que, sin dicha actividad, nuestro clima actual sería poco menos que glacial. Con el invento de la agricultura se puso en marcha la mayor operación de ingeniería de la historia de nuestra especie, en términos de conversión de energía, flujo hídrico o intercambio de CO 2 , y la difusión de la nueva tecnología supuso una importante deforestación progresiva que, en forma de CO 2 , liberó a la atmósfera el carbono almacenado en los árboles eliminados y, según parece por los resultados antes reseñados, dejó de producir el metano correspondiente a la masa vegetal perdida 3,5 . Más tarde, hace alrededor de cinco milenios, se puso paulatinamente en marcha la práctica de inundar los campos de arroz, condición de anoxia en la que la flora microbiana produce cantidades significativas de metano que se libera a la atmósfera. Ruddiman ha estimado un valor medio de 0,8 ºC para el calentamiento terrestre alcanzado hacia el año 1800, debido a la deforestación y a la práctica de la inundación. Esta cifra sería mayor, hasta 2 ºC, a latitudes más altas, lo suficiente para evitar la formación de glaciares en el norte de Canadá y hacer más habitables ciudades como Londres o Nueva York.
Por otra parte, los cambios climáticos han podido desempeñar un papel crucial en la desaparición de civilizaciones y así ha venido postulándose en diversos casos, entre los que merece mención el considerado en un reciente estudio paleoclimático que correlaciona el colapso de la civilización maya con un período seco muy prolongado. Si nos ceñimos ahora al último milenio, son numerosas las indicaciones de que el clima sufrió cambios considerables. Parece que en la Baja Edad Media, entre los años 1000 y 1200, hubo un calentamiento, mientras que entre 1400 y 1900 se produjeron varios períodos fríos, con un mínimo entre 1650 y 1850 que se ha denominado «la pequeña glaciación». En efecto, parece que en el hemisferio norte pasamos bastante frío hace menos de cuatro siglos. Las heladas destruyeron los antiguos naranjales de la China, los glaciares alpinos avanzaron sobre Europa, en la pintura flamenca de la época aparecen ríos helados que no se hielan en la actualidad y en el Támesis congelado se celebraban festivales de invierno. De los efectos de la pequeña glaciación nos habríamos liberado sólo recientemente, después de una prolongada subida de la temperatura.
NUEVO MODELO RETROSPECTIVO