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Revista de Libros 109 Revista de Libros

La historia islámica de la península Ibérica

por Maribel Fierro
Revista de Libros nº 109, Enero 2006

Número de páginas: 3
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Ignacio Olagüe: "La revolución islámica en Occidente"
2.ª ed. (1.ª ed. 1974), Plurabelle, Córdoba 528 pp. 30 €

Ziauddin Sardar: "Buscando desesperadamente el Paraíso. Viajes de un musulmán escéptico "

Trad. de Julieta Barba y Silvia Jawerbaum Gedisa, Barcelona 380 pp. 22,90 €
El lector que vaya a comprar el libro de Ignacio Olagüe creyendo que es un estudio sobre la presencia de comunidades musulmanas en Occidente se verá, sin duda, sorprendido al comprobar que nada tiene que ver con lo que su título parece sugerir. Se trata, en efecto, de la reedición de una obra compuesta hace ya varias décadas para ofrecer una nueva interpretación de la historia islámica de la península Ibérica. Publicada por vez primera en francés en 1969 con el provocador título de Les arabes n'ont jamais envahi l'Espagne (Los árabes nunca invadieron España) y luego en español en el año 1974 por la Fundación Juan March, en una versión ampliada, esta última es la que ahora se reedita.
Olagüe dedica más de quinientas páginas a intentar convencernos de que la presencia musulmana en suelo peninsular no fue el resultado de una invasión militar, ni la civilización arabomusul­mana que allí floreció fruto y consecuencia de esa presencia. En vez de invasión y conquista, lo que hubo fue una penetración de misioneros musulmanes que encontraron terreno abonado para el islam en las creencias arrianas ya existentes en la Península. En vez de una civilización desarrollada por elementos alógenos, lo que hubo fue una creación autóctona que Olagüe denomina «andaluza». Esa civilización «andaluza» tiene su símbolo en la mezquita de Córdoba, que no debe ser adscrita ni a Oriente ni a Occidente y que originariamente no fue ni iglesia ni mezquita, sino un templo arriano cuya posterior evolución en un contexto especial hace de é [ 1 ] un edificio único. El islam, dicho de otra manera, penetró en la Península como una «idea-fuerza» (concepto que Olagüe toma del francés Alfred Fouillée 1 ) que ofreció a las poblaciones locales consuelo y apoyo durante un período de crisis climática y ello fue posible porque entre esas poblaciones el cristianismo trinitario todavía no estaba lo suficientemente enraizado. El resultado de esa combinación fue la creación de una original y pujante cultura, la andaluza, de la que Occidente es deudor en su desarrollo.
¿Nos hallamos acaso ante un historiador filomusulmán y/o nacionalista andaluz? Nada más lejos de la realidad. De origen vasco, formado en derecho, pero interesado desde muy pronto en las ciencias naturales, Olagüe investigó antes de la Guerra Civil sobre el jurásico, siendo autor de varias publicaciones al respecto que parecen gozar de aprecio académico. No sabemos qué hizo durante la guerra, pues la biografía de Olagüe presenta todavía muchas sombras, aunque Bernard Vincent nos ofrece un sugerente esbozo en su introducción. A partir de los años cincuenta, los esfuerzos de Olagüe se concentran en temas de historia. No vinculado a ninguna institución universitaria española, sí fue miembro de varias sociedades, como la Real Sociedad de Historia Natural de Madrid, y llegó a ser vicepresidente de la Sociedad Internacional dedicada al estudio comparado de las civilizaciones. Fue conferenciante habitual en programas radiofónicos franceses (al parecer, su especialidad era la gastronomía). Sus relaciones con investigadores extranjeros, algunos muy prestigiosos (Braudel, Toynbee), parecen haber sido abundantes, mientras que apenas se encuentran huellas suyas en el ambiente académico del franquismo. Sí sabemos de sus vínculos con otros vascos bien integrados en el régimen, como Jacinto Miquelarena o José Félix de Lequerica, así como de su amistad con Ernesto Giménez Caballero, y de la alta consideración en que tenía a José Antonio Maravall o Luis Díez del Corral. Lo poco que sabemos por el momento de sus tendencias políticas nos lo muestra admirador de Ramiro Ledesma Ramos, el fascista español fundador de las JONS, a quien dedicó una obra también curiosa, La decadencia española (Madrid, 1950-1951), en la que se propuso demostrar, entre otras cosas, que no hubo expulsión de los moriscos.
Número de páginas: 3
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NOTAS
  • [ 1 ]

    Alfred Fouillée, Esquisse d'une interprétation du monde, d'après les manuscrits de l'auteur revus et mis en ordre par Emile Boirac , 3.ª ed., París, F. Alcan [ca. 1930].


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