Para muchos, individuos al igual que instituciones, 2005 será recordado como «El año Einstein», no importa que oficialmente haya sido designado «Año Mundial de la Física», tantos han sido (y la marea no decrece) los actos -conferencias, publicaciones y exposiciones- que han tenido lugar para recordar y homenajear el centenario de la publicación de una serie de artículos debidos a un entonces joven y desconocido empleado de la Oficina de Patentes de Berna llamado Albert Einstein (1879-1955). Sin olvidar, aunque haya sido recordado menos, que en 2005 se cumple el medio siglo del fallecimiento de quien terminaría siendo reconocido como el genio y figura más representativo y carismático de la ciencia del siglo xx ; incluso, como lo denominó en su número del 31 de diciembre de 1999 la revista estadounidense Time , el «Personaje del siglo».
Muy numerosas han sido, efectivamente, las publicaciones que se han dedicado al recuerdo del creador de las dos teorías -la especial (1905) y la general (1915)- de la relatividad. Aquí yo me voy a ocupar únicamente de algunos libros, omitiendo los números monográficos de revistas científicas, aunque en ocasiones el interés de los contenidos de éstas no sea, en modo alguno, pequeño
[ 1 ] .
La «industria biográfica Einstein»
«Lo fundamental en la existencia de un hombre de mi especie es
qué piensa y
cómo piensa, no sus alegrías y sus penas», escribió Einstein en un texto fundamental para comprender qué tipo de persona era y cómo veía él mismo sus contribuciones a la física: las «Notas autobiográficas» que preparó para el volumen dirigido por Paul A. Schilpp,
Albert Einstein: Philosopher-Scientist [ 2 ] . Sin embargo, su consejo no ha sido demasiado seguido por la mayoría de aquellos que han publicado biografías de él. Y han sido muchos. Comenzando con Alexander Moszkowski, un literato amigo de Einstein, y siguiendo, entre otros, por: Rudolf Kayser, su yerno, que adoptó el pseudónimo de Anton Reiser cuando publicó en 1930 su libro; David Reichinstein, un catedrático de Química-Física de Zúrich que a menudo había solicitado consejo profesional a Einstein cuando éste vivía allí; Philipp Frank, físico y más tarde también filósofo de la ciencia, que fue el sucesor de Einstein en la cátedra que éste ocupó en la Universidad Alemana de Praga (su primer puesto de catedrático; 1911); Leopold Infeld, el físico polaco que trabajó con Einstein en el problema del movimiento en relatividad general, y que escribió con él un libro de carácter general,
The Evolution of Physics (1938); Carl Seelig, un adinerado escritor, periodista independiente y crítico de arte suizo que para preparar su biografía de Einstein se entrevistó con muchas personas que habían conocido al físico, manteniendo también una interesante correspondencia con él; Antonina Vallentin, una periodista y amiga de Elsa, la segunda esposa de Einstein; Peter Michelmore, que entrevistó extensamente a Einstein y a su hijo Hans Albert y que también obtuvo información de Mileva, la primera esposa de Albert; y Banesh Hoffmann, colaborador, junto a Infeld, de Einstein en el problema del movimiento en relatividad general, que contó con la ayuda de la fiel secretaria del creador de las teorías de la relatividad, Helen Dukas
[ 3 ] . Esto hasta comienzos de la década de 1970. A partir de finales de la misma década, coincidiendo con la celebración del centenario de su nacimiento, y sobre todo durante la siguiente, la de 1980, tuvieron lugar unos hechos que influirían poderosamente en los estudios einstenianos. Por un lado, la publicación de una biografía rigurosa tanto en lo personal como en lo científico, y muy bien escrita. Una biografía, además, en que la reconstrucción de la física de Einstein dominaba sobre los apartados personales. El autor de aquel libro, «S
ubtle is the Lord...» The Science and the Life of Albert Einstein , era un físico notable, perteneciente a las generaciones que construyeron la mecánica y electrodinámica cuánticas, y que había conocido personalmente al propio Einstein: Abraham Pais
[ 4 ] . Este libro mostró claramente que había todavía mucho que decir y que explorar para reconstruir fielmente el origen y desarrollo de la física einsteinana. Claro que para ello se necesitaba acceder (Pais lo hizo) a un tesoro hasta entonces casi oculto, o por lo menos poco accesible: los documentos del Archivo Einstein, entonces todavía conservados en el Institute for Advanced Study de Princeton (la última morada académica de Einstein) al cuidado de Helen Dukas
[ 5 ] .
Tales documentos se encuentran en la base del otro hecho que marcaría el desarrollo posterior de los estudios einstenianos. Aunque con dificultades (llegó a producirse un pleito entre, por una parte, Otto Nathan, al que Einstein había nombrado depositario durante un tiempo, junto a Helen Dukas, de los derechos de su legado y, por otro, Princeton University Press y John Stachel, al que la editorial de New Jersey había designado editor del primer tomo planeado), el proyecto de publicar los escritos de Einstein -todo tipo de escritos, desde artículos hasta correspondencia- se puso finalmente en marcha. En 1987 aparecía el primer volumen de la serie
The Collected Papers of Albert Einstein . Estaba dedicado a «The Early Years, 1879-1902»
[ 6 ] . El año pasado (2004) se publicaba el volumen 8 («The Berlin Years. Correspondence, January 1919-April 1920»), por el momento el último de los más de treinta que seguramente integrarán la serie
[ 7 ] .
Un ser humano como los demás
Ahora bien, la disponibilidad del primer tomo inicialmente impulsó más las indagaciones sobre la vida de Einstein que sobre su obra. Esto se debió a que lo más valioso y atractivo de aquel volumen era una serie de cartas que intercambiaron mientras fueron novios Albert Einstein y Mileva Maric, con quien se casó en 1903. Es cierto que esas cartas aportaron muchos detalles sobre las lecturas científicas del joven Albert, y que tales datos arrojaron luz acerca de su formación, pero finalmente quedaron eclipsados en gran medida por una revelación que incluían: que Mileva había tenido una hija de él hacia la segunda mitad de enero de 1902, una niña de cuyo destino nada ha podido saberse
[ 8 ] .