Más allá de las cifras de crecimiento económico, lo que ha tenido efectos en el mercado ha sido la sorpresa que ha provocado el hecho de que este alto crecimiento económico se haya traducido en una extraordinaria recuperación de las tasas de crecimiento de la demanda de petróleo, que ha crecido con una fortaleza desconocida desde los años setenta. Es decir, el mayor crecimiento económico es importante, pero lo es más que la elasticidad de la demanda de petróleo a ese crecimiento se haya acelerado en el pasado año. En 2004, la demanda mundial de petróleo ha aumentado en 2,5 millones de barriles por día (mb/d). Para situar este crecimiento en contexto hay que tener en cuenta que el crecimiento anual medio del período 1995-2003 fue de 1,1 mb/d, y hay que remontarse a la década de los setenta para encontrar tasas de crecimiento similares a la de 2004.
Podría decirse que el crecimiento económico per se no puede explicar todo el alza del precio del petróleo, ni, sobre todo, las expectativas de precios elevados. Los ciclos económicos son una regularidad empírica y, con toda probabilidad, a la expansión le seguirá, tarde o temprano, la desaceleración. Por tanto, es necesario analizar qué ha cambiado más allá del crecimiento económico y justificar que estos cambios pueden ser estructurales, si queremos explicar el aumento que ha tenido lugar en los precios del petróleo a largo plazo.
Un segundo factor determinante del cambio de tendencia en la demanda que se consideraría estructural es la esperada aceleración tendencial del crecimiento económico global, de manera que la tasa media de los últimos veinte años, 3,7%, será superada claramente en esta década. Este hecho se explicará por la aportación al crecimiento económico de los países emergentes. Del crecimiento mundial previsto por el Fondo Monetario Internacional en 2004 y 2005, 5% y 4,3%, respectivamente, un 23% viene explicado por China, el resto de Asia un 20% y Latinoamérica un 10%. En la composición del crecimiento económico mundial gana peso una región, Asia, y un país en concreto, China, no sólo por su crecimiento actual, sino por las perspectivas a medio y largo plazo.
El crecimiento económico de los países emergentes asiáticos ha sido del 6% en 2004. El incremento medio anual de la demanda de petróleo de estos países en el período 1999-2004 ha sido de 900.000 b/d, mientras que en los países de la OCDE ha sido menos de la mitad (387.000 b/d). En términos absolutos, hay que destacar que el 70% del crecimiento de la demanda de petróleo de los últimos cinco años se debe a la demanda de los países asiáticos. Muchos de ellos se encuentran en los primeros estadios de la industrialización y de la motorización, cuando el consumo per cápita de energía comienza a crecer y, por lo tanto, el margen para aumentar el peso en el consumo mundial de energía y de petróleo es amplio.
El proceso de convergencia de la renta per cápita de estos países con los países desarrollados llevará, además, a un espectacular desarrollo del grado de penetración del transporte que es, actualmente, muy bajo en estos países (cerca de diez vehículos por mil habitantes en China y siete en India, mientras que en Estados Unidos es de ochocientos noventa). En los próximos años, el transporte será el principal motor del crecimiento de la demanda de petróleo.
Un tercer factor explicativo del cambio de tendencia en la demanda de petróleo es el hecho de que en los países asiáticos emergentes, principalmente China, la elasticidad de demanda de petróleo a la renta per cápita o al crecimiento del PIB está siendo más alta de lo estimado y está situándose claramente por encima de las elasticidades utilizadas en las previsiones a largo plazo. Esta mayor elasticidad es, en gran parte, como ya hemos indicado, consecuencia del inicio de un fenómeno generalizado de motorización, pero también es consecuencia de un peso mayor del esperado de la inversión, tanto en manufacturas para exportación como en infraestructuras de transporte.
Las previsiones de «consenso» de los organismos internacionales sobre la relación entre crecimiento del PIB y crecimiento del consumo energético implican una continua mejora en la eficiencia energética o, lo que es lo mismo, una elasticidad de la demanda de petróleo al crecimiento de la renta cada vez menor. Pero éste no ha sido el caso de los países que han despegado económicamente en los últimos veinticinco años, como demuestra el ejemplo de Corea, ni está siendo el caso de China en los últimos dos años. En realidad, en las dos últimas décadas del siglo xx , la mayoría de los países que han pasado de tener una renta per cápita baja a una media no han visto reducida la elasticidad de demanda de petróleo al crecimiento del PIB. Esta situación se explica, en gran parte, como ya se ha indicado, por el peso creciente del transporte en el consumo final de petróleo. Es decir, el factor que determina esta evolución -alta elasticidad del consumo energético respecto al crecimiento económico- es el nivel del PIB o renta per cápita. Cuando esta renta es baja y está creciendo, la elasticidad del consumo de energía al PIB no cae.
A diferencia de las previsiones para otros países emergentes, es previsible que la renta per cápita de los chinos crezca a tasas del 9% en los próximos diez años. El consumo energético de China se ha situado en los últimos años en torno a una tonelada equivalente de petróleo per cápita, nivel muy inferior al de los países desarrollados. Estados Unidos es el país con mayor consumo energético per cápita, con casi 8,5 toneladas equivalentes de petróleo por habitante en el año 2000, y doblando al de otros países industrializados, como Alemania y Japón. Si suponemos en China una evolución similar a la coreana del ratio renta per cápita/consumo per cápita de energía, la demanda de energía primaria de China podría superar con creces la cifra de crecimiento de consumo estimada por las agencias oficiales, que es del 5,5%, y acercarse al crecimiento de la renta per cápita, es decir, entre el 7 y el 9% de crecimiento.
Si el proceso de convergencia en renta per cápita se acelera más de lo previsto, la intensidad en el uso del petróleo podría caer aún menos y las consecuencias para el precio del petróleo serían trascendentales. De hecho, las diferencias en términos de consumo de petróleo, que es lo que al final determina el efecto en los precios, son dramáticas según consideremos el escenario de «consenso» o el de continuación de lo sucedido en 2004. El Departamento de Energía estadounidense estima que el consumo de petróleo chino aumentará en 2000-2025 entre 8 mb y 10,2 mb/d (cerca de la capacidad de producción actual de Arabia Saudí) en función del crecimiento económico medio que se alcance en el período, pudiendo llegar hasta 15 mb/d si la relación consumo de petróleo/renta per cápita evoluciona de modo similar a como la han hecho países como Corea del Sur.
Un cuarto factor determinante del cambio de tendencia en la demanda de petróleo es la baja elasticidad o sensibilidad de la demanda de petróleo al precio que están teniendo las actividades de transporte en los países industriales, tanto respecto al pasado reciente como respecto a la elasticidad en otros sectores de consumo final, como son el residencial y el industrial. El sector transporte supone ahora más del 65% del total del consumo final de petróleo en la OCDE, frente al 45% en las décadas de los años setenta y ochenta. La demanda de los países industriales no está resintiéndose en un escenario de precios en el entorno de cuarenta dólares por barril, porque la mayor parte del petróleo se utiliza en el sector transporte, básicamente privado, a diferencia de lo que ocurría en las décadas de los setenta y ochenta. Realmente, no existen alternativas económicas en el corto y medio plazo para la gasolina y el gasóleo de automoción.