Los comentarios relativos a la «socialización» del debate sobre la investigación con células madre embrionarias obligan a la reflexión, aunque sea preliminar, sobre el papel de la Ciencia y la responsabilidad de los científicos, particularmente importante en sociedades con poca tradición científica e incorporadas tardíamente al desarrollo económico y tecnológico. La Ciencia es una herramienta cultural del hombre que ha permitido su evolución hasta los niveles hoy conocidos. El avance científico se basa en la libertad y la creatividad, por lo que, en general, los investigadores (aunque con ideologías dispares) suelen ocupar posiciones de vanguardia en la sociedad. Conviene recordar que el objetivo último de la Ciencia es el Hombre, que la hace posible, y que los usos de la Ciencia los regulan las sociedades y no los científicos. En esta relación biunívoca Ciencia-Sociedad, ¿cuál es el papel del científico? En mi opinión, el científico debe comprometerse no sólo con la divulgación de la Ciencia, para facilitar que la sociedad la comprenda y acepte sus aplicaciones, sino que también debe involucrarse en el uso correcto de la misma en beneficio de todos. En el campo de la biomedicina es particularmente importante que los científicos seamos capaces de facilitar a nuestros conciudadanos la comprensión de los avances científicos sin crear falsas expectativas. En estos menesteres es absolutamente necesario mantener un código ético basado en el uso exclusivo del lenguaje y normas de la Ciencia, contrarias a la demagogia o exageración y que emanan del trabajo en el laboratorio sometido al juicio crítico de los colegas. La divulgación científica debe tener como objetivo fundamental la labor educativa, orientada a conformar una sociedad más culta e informada y, por tanto, más libre. Una situación anómala, que incluso la calificaría de patológica, se da en algunos ambientes de las sociedades occidentales y con especial virulencia en España, donde, junto al disfrute de los medios de comunicación más potentes y eficaces nunca conocidos, convive la des información más injusta y cruel. En este caldo de cultivo, en que se combina sin juicio crítico lo científico y lo fantástico, lo material y lo espiritual, la realidad y la ficción, crecen las reacciones oscurantistas acientíficas, fácilmente manipulables y propias de la posmodernidad. La actividad científica es un ejercicio de libertad individual y colectivo: el científico debe ser el agente que facilite la incorporación de la sociedad de forma responsable y con el mayor consenso posible a esta aventura maravillosa de la humanidad.
José López Barneo es catedrático de fisiología y jefe de servicio del Hospital Universitario Virgen del Rocío
Agradezco a Ricardo Pardal, C. Óscar Pintado, josé a. Rodríguez y Juanjo Toledo sus sugerencias y comentarios. Las fotografías de las figuras han sido cedidas por C. Óscar Pintado.