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Revista de Libros 101 Revista de Libros

Mitos y realidades de la investigación con células madre

por José López Barneo
Revista de Libros nº 101, mayo 2005

Número de páginas: 5
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Células madre, bioética y religión: ¿retorno al pasado?

La investigación con células madre embrionarias, como otras facetas de la ciencia o la técnica actuales, tiene aspectos éticos no desdeñables. Además, el debate sobre el uso científico y terapéutico de células madre embrionarias está teñido de connotaciones religiosas: para unos, imprescindibles y, para otros, indeseables. A pesar de que, en palabras del papa Juan Pablo II «la Fe nunca debe entrar en conflicto con la razón», la realidad es que el principio del derecho a la vida, incluso en la fase embrionaria inicial, defendido a ultranza por la religión católica, choca con otro anhelo fundamental del ser humano como es la lucha contra el sufrimiento y la enfermedad. Parece que, como en el pasado con Galileo o Darwin, reaparece la tensión entre la Fe y la Ciencia. Es importante destacar, no obstante, que en lo concerniente al debate teológico sobre el origen de la vida humana, las posiciones de las diferentes religiones son variables. Para la mayoría de los judíos o los musulmanes, el embrión sólo alcanza la naturaleza humana varias semanas tras la fecundación, una vez que adopta una forma parecida a la del hombre. De hecho, dos países religiosamente muy ortodoxos como Israel o Irán han bendecido la investigación con embriones humanos. Como los católicos, algunas sectas hindúes sitúan en la concepción el origen de la vida, mientras que los budistas consideran la clonación terapéutica como una saludable «reencarnación de la vida», en armonía con sus creencias más genuinas. En los foros donde se discute sobre bioética, las diferentes posiciones, muy influidas por las creencias religiosas, varían entre los que niegan rotundamente cualquier manipulación del embrión humano y los fervientes defensores de la clonación terapéutica. Después de años de debate, las Naciones Unidas elaboraron hace unos meses una declaración de «compromiso», no vinculante, que para satisfacer a todos insta a los Estados miembros a que en sus respectivas legislaciones sobre el uso de embriones y la clonación terapéutica se respete la «dignidad humana». Sí existe un acuerdo unánime en el rechazo a la clonación reproductiva en el hombre, es decir, el uso de la reprogramación nuclear para producir individuos semejantes al donante. Independientemente de los aspectos éticos y la ausencia de indicaciones médicas que la aconseje, la clonación reproductiva tiene limitaciones técnicas e incertidumbres posiblemente insu­perables. Los mamíferos obtenidos hasta la fecha por reprogramación nu­clear desarrollan numerosas patolo­gías y envejecimiento precoz.
Dado que los intentos de establecer reglas éticas sobre la clonación terapéutica y el uso de células madre embrionarias humanas que trasciendan las barreras culturales y religiosas han fracasado estrepitosamente, es más que posible que el debate sobre «clonar o no clonar» continúe. En mi opinión este es sólo uno de los puntos de fricción entre la ciencia y las creencias metafísicas que aparecerán cada vez con mayor frecuencia en el futuro cercano. Paradójicamente, en España, país con claro predominio social de la religión católica, la mayoría de la población apoya la investigación con células madre. De hecho, tenemos desde hace años una legislación que, con pocas restricciones reales, permite el aborto y la fecundación in vitro. Desde el punto de vista científico, el evento biológico más crítico en la creación de un nuevo ser es la fecundación. Sin embargo, esto no impide que en los ambientes académicos independientes y más cualificados, la opinión mayoritaria, que comparto, sea de apoyo a la investigación con células madre embrionarias y adultas sin otras limitaciones que las derivadas del respeto al uso del material embrionario humano y el cumplimiento de una normativa exigente en cuanto a los objetivos y la calidad de la investigación a realizar. Aunque desconozco los detalles, en esta dirección parecen orientarse las legislaciones españolas (autonómicas y del gobierno central) elaboradas hasta la fecha. Sin embargo, creo que no son aconsejables las prisas innecesarias respecto a la clonación terapéutica en el hombre. Me parece prudente esperar a conocer con detalle los efectos de la transferencia nuclear, u otros métodos de clonación, en células de mamíferos para estimar cuán seguro será su uso en pacientes. Establecida la seguridad biológica, la clonación terapéutica debería activarse una vez que los estudios en curso con los embriones sobrantes de la fecundación in vitro muestren de forma suficientemente probada la aplicabilidad de las células madre embrionarias a la terapéutica humana.
El impacto social de la investigación con células madre: la responsabilidad del científico
Los aspectos éticos, legales y científicos relacionados con la investigación con células madre embrionarias (y, por extensión, con las células madre adultas) tienen un impacto social importante en la mayoría de los países de­sarrollados debido a las expectativas «curativas» que se han generado alrededor de ellas y, sobre todo, porque -como se indicó en el apartado anterior- el uso de embriones humanos enfrenta posiciones ideológicas y religiosas distintas. En España, la «cuestión células madre» se ha mantenido durante los últimos dos o tres años dentro de la actualidad mediática más candente porque, además, se ha convertido en tema de fricción política. Aunque las confrontaciones políticas son legítimas y, en ocasiones, deseables, conducen inevitablemente a discursos entre los oponentes donde los aspectos ideológicos se mezclan con estrategias o servidumbres personales, alejadas de los postulados propios de la Ciencia. Junto a una absoluta (y paradójica) des información de la sociedad sobre el tema, la «cuestión células madre» ha puesto de manifiesto, al menos desde mi punto de vista, las debilidades crónicas de nuestro sistema de ciencia y tecnología (entre otras, la falta de un pacto de Estado en apoyo de la Ciencia). Sinceramente, creo que las acciones teatrales protagonizadas por algunos científicos y apoyadas por las administraciones son tristemente «cutres», por su oportunismo y porque producirán a medio plazo decepción de la sociedad y desprestigio para la Ciencia. Además, estas actitudes de­sin­centivan a los investigadores más serios y comprometidos con el desa­rrollo científico de nuestro país.
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