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Letras Libres 80 Letras Libres

Israel en el índice Nasdaq

por Valentí Puig
Letras Libres nº 80, Mayo 2008

Número de páginas: 2
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En España, para quienes llevaban largo tiempo deseando la apertura de relaciones con Israel, la espera concluyó en 1986 cuando el gobierno de Felipe González puso fin a una "anomalía histórica", entre el ingreso de España en lo que hoy es la Unión Europea -entonces CEE- y el referéndum sobre la Alianza Atlántica. Había pasado demasiado tiempo. José Antonio Lisbona contó todo el proceso en el libro España-Israel (2002). En los años treinta, el primer gobierno de la Segunda República manifiesta su posición asertiva ante la creación del Hogar Nacional Judío en Palestina pero, en el momento de la votación de las Naciones Unidas, el régimen de Franco pasaba por la etapa de aislamiento internacional. El servicio exterior español estaba en la labor espinosa de romper aquel bloqueo, con demasiada frecuencia a merced del voto de unos países árabes hostilmente antisionistas. Las vicisitudes fueron de todo orden, hasta acuñarse la fábula de una "tradicional amistad hispano-árabe" que la dictadura de Franco utilizó con persistencia propagandística y en notoria contradicción con la historia de España y sus choques con el islam. El mito sedimentó utilitariamente en el servicio diplomático, más bien proárabe hasta la actualidad.
Al fundarse el Estado de Israel los instintos más exteriorizados del franquismo tienen signo falangista, antisionista y antibritánico. La prensa del régimen equipara sionismo con bolchevismo, aunque es justo recordar que la España de Franco, tan próxima al Eje y tan imbuida de la paranoia ideológica de una conspiración judeomasónica, dio instrucciones a sus consulados de proteger a los sefardíes: numerosos judíos asquenazíes salvaron la vida gracias a España después de la caída de Francia al cruzar los Pirineos y obtener salvoconductos que daban paso hasta Portugal y luego el desembarco en Ellis Island a la vista de América. Fue una política de visados muy explícita y una actuación sistemática en la que intervino con honor la diplomacia española. Con la transición democrática, el proceso no avanzó al ritmo que hubiese sido de esperar porque los viejos demonios atenazaban la derecha y la izquierda dudaba entre el tercermundismo y la complicidad debida con el laborismo israelí. La sombra de Nasser afectaba a ambas posiciones, como conexión arcaica con los caudillajes y la fascinación del mito panárabe. Llegaron luego las jornadas terribles del 11-S en Nueva York y del 11-M en Madrid. Sigue siendo capital que las torres de David perduren.
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