www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Letras Libres 75 Letras Libres

La censura y los medios. El regreso de la isegoría

por Antonio Elorza
Letras Libres nº 75, Diciembre 2007

Número de páginas: 5
imprimir

Desde el punto de vista de la censura y de la actuación punitiva, esa difusión simultánea a escala global opera sin el menor obstáculo, según pudo apreciarse con ocasión de la crisis de las caricaturas sobre el islam aparecidas en un oscuro periódico danés. Una vez que se hizo pública la protesta en Dinamarca, la irritación de los creyentes se extendió por todos los países en que residían grupos de musulmanes, convirtiéndose espontáneamente en jueces de un delito de blasfemia sin que para nada contase la libertad de expresión: era la ocasión para poner en práctica aquello de ordenar el bien, los mandatos de Alá, y prohibir el mal, en este caso las ofensas a Alá. La censura verde fue eficaz y fueron contadas las publicaciones que se atrevieron a reproducir las caricaturas, y cuando lo hicieron, caso de Charlie-Hebdo en Francia, fueron denunciadas.
No faltaron quienes sin reparar en los efectos de tal actitud sobre la libertad de expresión, entre nosotros, en nombre del proyecto de la Alianza de Civilizaciones, condenaron con vehemencia la ofensa al islam. Fue "una blasfemia", clamó el embajador Máximo Cajal, en febrero de 2006, proponiendo que en todo el mundo sea asumida la prohibición de representar la figura de Mahoma. Cobra así forma la perspectiva, demasiado real, de una proyección de la censura islamista sobre los medios de comunicación occidentales, que asumirían el tópico de la "islamofobia" y una actitud reverencial destinada a impedir todo pensamiento crítico. Tan grave como lo anterior, pues tal actitud implica renunciar a pronunciarse sobre las movilizaciones y las amenazas contra representaciones diplomáticas danesas, de las cuales, por ejemplo, la televisión estatal española no ofreció imagen alguna. Otro tanto sucedió en Francia con el caso Redeker, el profesor crítico del islamismo, amenazado de muerte y objeto de una protección por parte del gobierno que se pareció demasiado a una prisión domiciliaria y a la exigencia de silencio. Y, con pequeñas variantes, lo mismo puede deducirse del juego de protección y prohibición de que fuera objeto la diputada somalí Ayaan Hirsi Ali tras ser asesinado por un islamista el cineasta Theo Van Gogh, acusado asimismo de haber provocado de forma culpable a los practicantes de la irritable creencia islámica. Por otros cauces, discurre el mismo flujo de ignominia que en su día favoreciera el ascenso de los fascismos: el grupo violento contará con la complicidad encubierta de aquellos que no quieren ver turbada su tranquilidad y acaban volviéndose contra las víctimas del terror. Viene a probarlo el comportamiento adverso a los amenazados por parte de vecinos y colegas de Ayaan y de Redeker, en Holanda y en Francia, igual que en España ocurriera con las víctimas de ETA.
En suma, la nueva censura procedente del islamismo se dirige a impedir cualquier crítica occidental al islam, apoyándose en un entramado de comunicación mundial que fomenta la gestación de minorías violentas, difícilmente detectables, pues el verdugo ejecutor de la condena puede serlo cualquier creyente, cuya localización coincide con el espacio de implantación del islam. Va así generalizándose una actitud reverencial hacia el islam, bloqueando todo enfoque crítico, con la oportuna cooperación de gobiernos como el español, instituciones y bienpensantes, muchos de ellos empujados por su antiamericanismo, quienes cierran el camino a toda aproximación crítica a un tema considerado tabú. Los responsables de la cadena de atentados obtienen así un triunfo indirecto al impedir el examen en profundidad de los fundamentos de su acción terrorista. Sólo una minoría de pensadores se atreverá a romper la doble barrera que forman la previsible amenaza de muerte desde el islamismo y la aceptación de esta preeminencia por parte de instituciones e intelectuales de ese mundo occidental que como advertía Redeker se encuentra hoy "sometido a vigilancia desde el islam".
5. En otro orden de cosas, al mismo tiempo que la entrada en escena de internet hace pensar en un tiempo inesperadamente feliz para la isegoría, la trabazón entre poder político, poder económico y medios de comunicación, propiciada por el cambio tecnológico, está en condiciones de configurar una auténtica camisa de fuerza para el pensamiento libre. Esa tela de araña es hoy mucho más tupida que nunca. En el caso español, el punto de origen es el gobierno Aznar, al poner en marcha una adaptación del modelo Berlusconi, estableciendo una red de intereses económicos y mediáticos estrechamente ligados entre sí y a su servicio, oculta a la mirada de la opinión pública, pero de gran cohesión. De ahí el cerco puesto en su día a prisa , la empresa editora del periódico El País y la persistencia con la cual, en un alarde de irracionalismo interesado, desde medios "populares" fueron alentadas intoxicaciones tales como la llamada teoría de la conspiración, vinculando ETA e islamismo en la génesis de los atentados del 11 de marzo de 2004.
Por su parte, el modelo socialista que le ha sucedido encaja de forma más eficaz con la revolución tecnológica en curso, al proceder a la disolución del discurso político oficial en una sucesión de eslóganes y frases estereotipadas -así, en relación a ETA, "el proceso de paz", "el diálogo", cuando todo salió mal "la unidad de los demócratas"-, descargando sobre los medios bajo su control la tarea de elaborar doctrina y justificación de la política gubernamental. Sus instrucciones son seguidas con una precisión casi matemática y un grado de interactividad que en el límite supone que la opción procedente del medio puede intervenir en la adopción de las decisiones políticas, sirviendo además de canal de comunicación con los intereses económicos a él ligados. La maraña de poderes subyacentes al orden institucional funciona así mediante la conexión de dos flujos circulares, entre el gobierno y los medios, por un lado, y entre ambos y determinados centros de poder económico, de otro. En el límite, el poder político llega a traspasar las fronteras de la ley a cambio de la obtención de recursos y de lealtad a toda prueba. No estamos ante un fenómeno exclusivamente español: por no hablar de Francia, donde la maraña, esbozada con Mitterrand, bien puede cobrar forma bajo el imperio de Nicolas Sarkozy; es bien conocido el episodio del indulto concedido por Bill Clinton, horas antes de abandonar la Casa Blanca, a un famoso hombre de negocios y defraudador, cargado de acusaciones, pero dispuesto a financiar a los demócratas.
Número de páginas: 5
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Sábado, 29 de Noviembre de 2008 19:39:06