Es lo que va a aportar la televisión, que muy pronto, y por sucesivos tanteos, cambió las reglas de la comunicación social y política. El debate protagonizado por John F. Kennedy y Richard Nixon en las elecciones presidenciales norteamericanas de 1959 suele ser citado como ejemplo de la primera vez en que la televisión desempeña un papel decisivo en la determinación de un resultado político. Lo cierto es que unos meses antes, el 16 de julio, ese genio de la comunicación que fuera Fidel Castro había dado ya el aldabonazo de convertir la televisión en palanca de poder, nada menos que ejecutando un golpe de Estado desde la pantalla, al conjugar su discurso crítico con la convocatoria de una movilización de masas, con el efecto inmediato de provocar la deposición del presidente Urrutia. La alocución televisada de Fidel constituyó el núcleo de una maniobra iniciada en la mañana del mismo día, jugando con otro medio, la prensa, al anunciar desde la primera plana de Revolución su fingida dimisión como primer ministro -no como jefe del ejército, por si acaso- para poner en marcha la movilización de masas contra el desprevenido jefe del Estado, a quien se negó el acceso a la televisión y hubo de huir, refugiándose en una embajada. Fue la muestra de que una eficaz manipulación de los nuevos medios, al conjugar el manejo de las masas por el líder con una implacable censura sobre el discurso del oponente (algo vigente hasta hoy en la televisión cubana y en una prensa imitadora del viejo Pravda ), podía crear la ficción de una nueva forma de democracia, la democracia de la plaza pública, potenciada mediante su difusión por la imagen, una falsa democracia que en la práctica arrancará de cuajo las raíces de la libertad política.
Sin ese dramatismo, el imperio de la imagen en el mundo occidental, junto con la exigencia de altos costes para la emisión de un mensaje eficaz, generó también una inevitable postergación de la galaxia Gutenberg, que sin embargo no desapareció, beneficiándose de los progresos de la alfabetización y del crecimiento de las clases medias. Eso sí, el periodismo de masas exigió altas inversiones y quedaron lejos los tiempos en que por la escasa exigencia de capital podía hablarse del periódico como "el libro del obrero". El hecho es que tanto la televisión como la prensa se sometieron a las leyes del marketing , que situaron asimismo bajo su dominio a la propaganda política. La aspiración a la isegoría, contenida bajo una u otra fórmula en los grandes textos del pensamiento democrático y en las Constituciones, se vio sustituida en la vida real por la generalización de la figura de un ciudadano reducido a la condición de consumidor pasivo. Como resultado de este proceso de cambio, del poder que controla el medio se pasó al medio que determina el poder desde su complejo de intereses económicos. De forma similar a lo sucedido con los totalitarismos, sólo que aquí con las leyes del mercado como protagonistas, no se trató de forjar una conciencia política, sino de sembrar eficazmente eslóganes tendentes a encauzar el voto, con el ciudadano perdido en un bosque de mensajes consumistas de ínfima calidad.
En el modelo puesto en práctica por Silvio Berlusconi en Italia, el Gran Vendedor pasa a asumir el liderazgo político. El título de su formación, Forza Italia, refleja inmejorablemente su propósito de asimilar el ejercicio de la ciudadanía a la conducta irreflexiva del hincha en los partidos de fútbol. Sin esa extremosidad, en la mayoría de las democracias occidentales, la comunicación asociada a los intereses económicos pasa a ejercer un estricto control sobre la expresión política. Hasta los años noventa.
3. En gran medida, internet ha conmovido desde sus cimientos este entramado, en apariencia muy sólido. Vuelve la isegoría con todo su esplendor. Los emisores se multiplican con la facilidad para crear páginas web, incluso personales, y la puesta en práctica de la interactividad. De ahí la vocación censoria de regímenes como el chino o el cubano, dictaduras poco inclinadas a tolerar que desde el ordenador pueda hacerse estallar el probado sistema de clausura de comunicación de tipo soviético. De ahí también, en sentido contrario, el importante papel que desempeñan los blogs a la hora de crear un discurso relativamente libre, a pesar del estado de vigilancia permanente, en países como Irán. Hasta el punto de que en la propia esfera del poder de los ayatolás son creados blogs propios para llegar a sectores sociales renuentes frente a la lengua de palo empleada por los medios de comunicación oficiales. Por obra y gracia del blog, el censor toma entonces el disfraz de paladín de la libertad de expresión. Y no es sólo un riesgo propio de sistemas autoritarios. Va extendiéndose la costumbre de que en los diarios surjan blogs-anexos, mediante los cuales se presentan como voces libres aquellos mismos que controlan la emisión de las informaciones. En el límite, el mismo directivo que encarga y ordena la publicación de un reportaje altamente discutible, celebra al día siguiente en su blog el acierto de tal inserción. Sólo percibirá el fraude quien esté al corriente de la función que desempeña dentro del diario. Es la antítesis del blog como instrumento cada vez más eficaz de la libertad de expresión y de información , de isegoría en una palabra, que además permite el establecimiento de una real interactividad entre el emisor y los receptores de sus mensajes, al pasar éstos a formar parte del blog legible. Entre nosotros, el blog de Arcadi Espada sería un ejemplo de esta nueva forma de comunicación libre, compatible además con las formas tradicionales, en la medida que luego los textos son recogidos anualmente en un volumen. Claro que tampoco faltan aquí los recursos para ejercer la censura, que puede consistir incluso en la inserción sólo fugaz de aquellos mensajes que resultan incómodos, o en su mutilación.