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Letras Libres 67 Letras Libres

Diario berlinés

por Gael García Bernal
Letras Libres nº 67, Abril 2007

Número de páginas: 4
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Despierto con el olor a fritanga vietnamita que pedí a la habitación la noche anterior. Corro y llego tarde : cinco minutos antes de que empiece la función. Empieza un experimento clásico de Ozon. Dejamos la Inglaterra de la Primera Guerra Mundial y nos dirigimos al cine contiguo para ver una película que transcurre en el fin de una guerra que no tiene principio. Es sobre la retirada de un pelotón de soldados israelíes del fuerte de Beaufort en el sur de Líbano. En esencia, es sobre el miedo. El miedo que los seres humanos le tienen a la guerra. El miedo, que por faltas o ausencias, no fue inculcado por los padres a los niños para que teman las atrocidades bélicas. El miedo del director a la guerra. En sus propias palabras, "quisiera que los líderes del mundo le tuvieran miedo a la guerra, y que tuvieran el coraje para ponerles fin".
Y escribo a oscuras:
¿Por qué no escribo más?
La luz que refleja la pantalla me divide,
Me hace ver las películas, la luz,
Y mi estómago se voltea; ya no aguanto estar sentado.
Le perdí confianza a lo que escribo.
15 de febrero
Int/ext , cine en potsdamer Platz-día
Hella: Hicimos reservaciones para ir a cenar al Reichstag, ¿les gustaría venir?
Gael: ¿Se puede cenar en el Reichstag?
Hella: Sí. Además hoy hay sesión extraordinaria, así que van a poder ver a los diputados trabajando.
Se acerca sigilosamente una persona que ya orbitaba alrededor de este círculo.
Persona: Segnior Gabriel, por favor un autógrafo. Vengo desde Núremberg para pedirle su autógrafo...
Gael: ¡ Desde Núremberg! ¿Para quién?... Sí vamos al Reichstag, ¿no?
Hella: Hay una cúpula donde se alcanza a ver toda la ciudad, y es la entrada de luz de la cámara de sesiones.
Gael: ¿A poco no hay luz adentro?
Hella: Claro que hay luz, pero la utilizan para ahorrar electricidad. ¿Quieres que nos vayamos de aquí?
Gael: Y tu mamá también...
Persona : Uwe: uuu-www-eee.
Otro para Otto.
¿Otto? ¿Como suena?
Persona : Ya, pero le puede poner para Martina y Andreas , también Hans, y otro para Anita que estudia español y también fue a Perú e hizo la ruta Inca y después una foto, bueno tres, porque le quiero dar una a mi mamá que es su fan número uno, hasta vio La mala educación , y la de, la de, mmhhh, cómo se llama la de... uff no me acuerdo..., la de la playa y el otro y la novia...
Persona : No, ésa no, ésa la vi. La que le digo es una de baile y en el caribe, creo. Bueno, no sé, no importa.
16 de febrero
Se acabaron las proyecciones. Ahora todo el jurado se reúne en una casa antigua en Dahlem, un barrio del Berlín de la antigua República Federal Alemana. El último huésped de esta casa fue Condoleezza Rice, lo que explica los tres vidrios blindados que hay en cada ventana. Nos ofrecen asiento y desayuno, nos muestran la casa de arriba abajo, y nos mencionan que está a la venta. Nos parece una broma que nos ofrezcan una casa de veintidós habitaciones. Para seguir con el chiste, pedimos más detalles de su venta. Nos dicen cuánto cuesta y nos dan el teléfono para pedir más información . Algunos empiezan a mostrar un interés genuino. En ese momento nos dicen que es una broma que le hacen a todos los jurados para poner en evidencia sus pretensiones latifundistas.
Así empezó la deliberación del jurado. Teníamos que repartir siete premios. La conversación nunca llegó a ser conflictiva, pero en algunos casos se calentó: es mucho más fácil dar un premio de Mejor Película que repartir siete. La junta dura unas seis horas. Terminamos agotados pero satisfechos, por sentir que hicimos un buen trabajo en la difícil tarea de dejar a un lado películas bastante buenas. Así es este juego: aunque el proceso sea completamente subjetivo, siempre se trata de ser congruentes con el instante. Premiar las películas "completas", que formalmente sean buenas, y que subjetivamente sean tan maravillosas que resulte imposible describir el porqué de su genialidad.
17 de febrero
Por fin duermo hasta las doce del día. Me levanto y voy al ensayo de la ceremonia de premiación. Desde que despierto me doy cuenta de que sé un secreto que compartimos sólo diez personas. Debo aceptar que es una sensación de poder sereno, inocente. Es la tónica que me marcó ese sábado hasta el momento de la premiación. Habiendo sobrevivido a la resaca emocional del constante bombardeo de imágenes, estoy convencido de no querer volver a ver una película por un buen rato. Con esta certeza, el día es un tobogán de diversión que dura hasta la madrugada. Dormimos una siesta antes de la ceremonia, para llegar descansados y que no haya excusas de vestimenta. Nos juntamos media hora antes para envalentonarnos con unas botellas de champaña, y aparece un joven actor argentino que me dice que él es quien dobla mi voz en las películas al alemán. Parece que una vez que tu voz es elegida, se queda así de por vida. Así es que mi voz alemana me pide que no deje de trabajar. Le digo que mejor no dependa de ello.
Salimos rumbo a la ceremonia preparándonos para el ritual absurdo de la alfombra roja. Aquí están las fotos desde nuestro punto de vista.
La ceremonia es corta, pero la emoción de los ganadores es inmensa. Muchos de ellos sabían que ganaban un premio porque los habían traído de vuelta desde sus países, pero no sabían cuál. Cuando llegó el momento de darle el Oso de Oro a la Mejor Película, el director chino de La boda de Tu-Ya saltó de la emoción y en pocos segundos llegó hasta el escenario acompañado de su actriz principal. Paul Schrader le dio el premio y el director pasó por el ritual de agradecimientos que pocos directores en el mundo han tenido el gusto de vivir. Es una experiencia de felicidad contagiosa. Esa noche cenamos y nos divertimos como pocas veces en nuestras vidas. Conociéndonos y despidiéndonos, esperando que algún día nos volvamos a encontrar en esta situación o en nuestros respectivos países.
18 de febrero
Empaco, crudo, y me voy. De vuelta a México.
Número de páginas: 4
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