www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Letras Libres 54 Letras Libres

Una carta para Theo

por Ian Buruma
Letras Libres nº 54, Marzo 2006

Número de páginas: 5
<< anterior  1 2 3 4 5
imprimir

Les pregunté cómo había afectado el asesinato de Van Gogh las calles de Amsterdam-Noord. "Miedo", dijo el policía, mientras Scheerder asentía. "La gente tiene miedo de salir, tiene miedo de ser atacada por ser musulmana. Pusimos algunos elementos más de seguridad alrededor de la mezquita, y la gente en verdad lo agradeció". Las cosas se calmaron después de las primeras semanas tras el crimen, pero Scheerder aún está preocupado. No le gusta la idea de que se construya una nueva mezquita en el área. Puede ser visto como una provocación. "No queremos otro asesinato porque entonces podría desatarse el infierno", afirma. Scheerder me dice que ha visto a niños como Mohammed Bouyeri, que parecen estar perfectamente bien un día y al siguiente enloquecen. "La gente ve los canales de televisión marroquíes y árabes", dijo, "y ven a los estadounidenses como los criminales más grandes de la historia". He aquí el problema. Aunque Theo van Gogh fuera holandés y fuera asesinado por un ciudadano holandés, a fin de cuentas no se trata tan sólo de una historia holandesa, sino de una historia del Medio Oriente importada al corazón de Europa. Mohammed Bouyeri, y cientos de jóvenes como él, se han conectado a un mundo mucho más vasto de retórica violenta y células terroristas con sede en la red. La integración de los musulmanes en Holanda no ha sido un fracaso más grande que en cualquier otro sitio. Pero el país puede haber sido el menos preparado para la guerra santa.
Cuando el mundo llegue a su fin, habría dicho Heinrich Heine, uno debe partir a Holanda, ya que ahí todo pasa cincuenta años después. Esto no ha sido cierto durante mucho tiempo, pero la sensación, alimentada por décadas de paz y prosperidad, ha prevalecido. La Primera Guerra Mundial no pasó por Holanda, que era felizmente neutral. La Segunda Guerra Mundial sí lo hizo, razón por la cual la ocupación alemana, aunque mucho menos brutal que en Polonia, fue tan traumática.
Tras la guerra, y especialmente desde los años sesenta, los holandeses se enorgullecieron por haber construido un oasis de tolerancia, una especie de Berkeley en toda su extensión, donde la gente es libre de dedicarse a sus asuntos. Liberados al fin de las restricciones de la religión y del conformismo social, los holandeses, especialmente en Amsterdam, se deleitaban en la esperanza de que el ancho mundo no alteraría su democracia perfecta en los pólderes. Ahora, ese mundo turbulento ha llegado por fin a Holanda, estrellándose contra un idilio que dejaba boquiabiertos a los ciudadanos de países menos favorecidos. Es una pena que tuviera que ocurrir, pero la ingenuidad es una actitud errónea si de lo que se trata es de defender una de las democracias más viejas y más liberales contra quienes desean destruirla.
Llovía cuando me despedí de Paul Scheerder. Las calles de Amsterdam-Noord, aunque sombrías, se veían bastante tranquilas. Se lo dije a Scheerder, quien sonrió levemente. "Hay mucho dolor detrás de las puertas cerradas de este barrio", dijo. Entonces recordó un reportaje sobre Theo van Gogh transmitido en la televisión marroquí, un reportaje que contenía una entrevista a un inmigrante marroquí en Amsterdam. Le pregunté a Scheerder qué había dicho ese hombre. Meditó por un momento y habló con suavidad: "Dijo que su muerte fue justa, y que fue castigado por Dios".
Traducción de Marianela Santoveña
Número de páginas: 5
<< anterior  1 2 3 4 5
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Lunes, 6 de Octubre de 2008 16:41:19