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Letras Libres 53 Letras Libres

Cataluña, identidad o ciudadanía

por Arcadi Espada, Roberto Blanco y Fernando Savater
Letras Libres nº 53, Febrero 2006

Número de páginas: 4
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Uno pasa del preámbulo, y entonces hay una declaración de derechos que es típica de las constituciones, no de una norma estatutaria. La ordenación de poderes autonómicos, de competencias, es de una prolijidad que no se corresponde realmente con una norma de carácter infraconstitucional. Al final, resulta que no es una constitución porque no puede serlo, pero esa es la voluntad de quien la hace, del muñidor, como dice Arcadi. Y esta voluntad se nota desde el principio hasta el final.
En primer lugar, les hablaré del contenido básico de este texto, y luego responderé a tres preguntas que me haré a mí mismo. En cuanto a los contenidos que vertebran el Estatuto, la primera característica, lo ha dicho Arcadi, es la bilateralidad. El Estatuto es una norma que está recorrida desde el principio hasta el fin por esta pretensión. Porque hay dos entidades, Cataluña y el Estado, definido así, cuyas relaciones han de ser bilaterales. Es cierto que hay un capítulo específico relativo a la bilateralidad, donde se dicen cosas como que todas las normas que afecten a Cataluña tendrán que ser discutidas en una comisión bilateral y paritaria, pero todo el texto está recorrido por esa obsesión. Fíjense que ese título que se refiere específicamente a la bilateralidad menciona que cualquier norma y cualquier decisión política que afecten a Cataluña han de ser consultadas. Es decir, si mañana tuviéramos que discutir los presupuestos generales del Estado, que como es obvio afectan a todas las comunidades autónomas, no podríamos discutirlo con una sino con 17.
Esta bilateralidad responde, y ésta es la segunda cuestión fundamental, a una obsesión por reducir la presencia del Estado en Cataluña. Esto se ve en el concepto de administración única. No les voy a abrasar a ustedes con cuestiones técnicas, pero toda esta historia del blindaje competencial, que por supuesto es inconstitucional, se guía por el empeño en definir unilateralmente lo que puede hacer, o mejor dicho, lo que no puede hacer, el legislador de las Cortes Generales. Esta obcecación por reducir la presencia del Estado se ve incluso mejor en el ámbito fiscal, en aquello de "la gestión, recaudación, liquidación e inspección de todos los tributos, no sólo de los tributos cedidos sino también de los del Estado, en Cataluña". Si esto ustedes lo multiplican por 17, sencillamente no hay Estado.
Como tercera línea fundamental de contenidos, hay una obsesión por la presencia nacional de Cataluña en las instituciones del Estado. El otro día en su blog , Arcadi mencionaba cómo la bilateralidad es compatible con una declaración de uno de los artículos del Estatuto en el que se dice que en todo caso, Cataluña no quedará vinculada por las decisiones que se adopten en el marco multilateral siempre y cuando no esté de acuerdo. Es fantástico: si no está de acuerdo, no lo vinculan. Esto conduce a la parálisis. Ya lo sabemos porque esto funciona así en Alemania, y funciona mal, por eso los alemanes han intentado cambiarlo, y no han conseguido cambiarlo porque los afectados temen perder privilegios. Sabemos, pues, que vamos a un modelo como ése, con una diferencia fundamental: que en Alemania no hay partidos nacionalistas, lo cual cambia radicalmente la situación.
Estos son los tres elementos que desde mi punto de vista dan continuidad a un texto que por lo demás, es un texto de cúmulos: obsesión por reducir la presencia del Estado en Cataluña, bilateralidad y preocupación por la presencia "nacional" de Cataluña en el Estado.
Contestando a las tres preguntas que mencionaba al principio, la primera es evidente: ¿es constitucional el texto? Se ha acuñado la frase de "dudosamente constitucional", cuando es indudablemente inconstitucional. Porque es indudable que el Parlamento catalán no puede modificar la Constitución y las leyes orgánicas del Estado.
Pero atención, no es este concepto lo único que me preocupa, porque que sea constitucional no equivale a que sea bueno. Hemos establecido una identificación perversa entre constitucionalidad y bondad, y hay cosas perfectamente constitucionales que son una estupidez; la constitucionalidad no garantiza el acierto. No podemos aceptar que este debate perverso lo resuelvan los especialistas, porque no es un problema de especialistas, sino de decisión política, y ésta corresponde a los políticos.
Segunda pregunta: ¿es federal? Se dice que esto es un texto federal y con ello se intenta legitimarlo. Pues miren, sé que lo que voy a decir a algunos de ustedes les sorprenderá: federal es lo que tenemos. Esto es un Estado federal desde hace mucho tiempo, lo que pasa es que no lo llamamos así, sino "Estado autonómico". Yo he escrito en algún sitio que es una especie de "federalismo del revés", porque el federalismo es una técnica para unir y no para descentralizar. Pero todos los federalismos son distintos y tienen su historia. Lo que nosotros llamamos Estado autonómico por ahí fuera se llama Estado federal, sencillamente. Las técnicas que utiliza el Estatuto no son federales, sino en su mayor parte, confederales; conocidas también, porque las hemos visto utilizar una y mil veces en la Unión Europea, que de ser algo, es una confederación de Estados. La técnica de la bilateralidad permanente conduce a la parálisis. No hay ningún Estado federal en el mundo, ni uno solo, donde la federación renuncie a recaudar y regular tributos.
Tercera cuestión, para ir terminando: ¿es reformable? Es decir, ¿es adaptable el texto que tenemos a la Constitución, a un texto que respete el mínimo de cohesión necesario para que podamos mantener nuestro espacio público común? Pues fíjense, sería intentar transformar una apisonadora en un descapotable tuneándola . Al final, yo tengo la sensación de que esto de "la patena" consiste básicamente en tunear el Estatuto. Y si es tunear el Estatuto, nos darán gato por liebre. No digo que no se pueda dar esa apariencia: quizá con mucha voluntad, con mucha paciencia y con una cierta ceguera, uno puede acabar viendo que una apisonadora es un descapotable.
¿Y todo esto para qué? Porque tendría justificación habernos metido en este dibujo si hubiese una gran reivindicación territorial, pero pasa que no hay una demanda social. Es cierto, claro está, y esto es un caso típico en los que la oferta crea demanda, que una vez que el tema está en los medios de comunicación, la gente es capaz de jurar y perjurar que lo más importante de su vida después de su salud es que Cataluña tenga un nuevo estatuto de autonomía. Pero esos mismos ciudadanos a los que se les preguntaba antes, respondían sólo en un porcentaje del 3 % aproximadamente que consideraban la cuestión territorial como el problema básico de Cataluña.
Fernando Savater . Creo que las dos intervenciones han sido, además de completas y bien orientadas, divertidas. Yo reconozco sentirme en un ánimo melancólico, atrabiliario, de modo que no me siento como para competir con ellos en el tono festivo, que es el adecuado probablemente.
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