MVLL: Estoy de acuerdo contigo. Creo que Chávez es la excepción, pero una muy peligrosa excepción, en América Latina. Creo que el caso de Chávez hay que situarlo en el contexto venezolano, en el contexto de una opinión pública profundamente decepcionada de los gobiernos democráticos, de la inmensa corrupción que percibía en estos gobiernos y del fracaso de unas políticas populistas que no cumplieron con ninguna de las promesas hechas, lo que creó un clima propicio para la demagogia de Chávez. Ahora, si tú recuerdas el proceso gracias al cual Chávez llega al poder, es muy interesante, porque es muy ejemplar. Este es un típico militar golpista que intenta un golpe de estado contra un régimen democrático. El régimen democrático se defiende, hay sectores militares que defienden la legalidad, se enfrentan a Chávez y lo derrotan. Muchos militares mueren defendiendo la legalidad. Chávez es juzgado, va a la cárcel, y entonces ocurre algo que es realmente incomprensible: es amnistiado por un gobernante legítimo y democrático que le abre las puertas no solamente de la prisión sino del poder. En lugar de que se cumpla una sanción perfectamente justificada como un militar traidor a su constitución, y a su uniforme, que se ha insubordinado contra el poder legítimamente constituido, el presidente Caldera, por razones de política interna, saca a Chávez a la calle y le abre las puertas del poder. Entonces, allí lo que hay en un primer momento es casi un suicidio de la democracia. Chávez sube con la complicidad de gobernantes democráticos que no están a la altura de sus responsabilidades. Naturalmente, él ha ganado las elecciones y su presidencia tiene una base absolutamente legítima; ahora, ya él va más allá de eso. Chávez está yendo hacia una democracia de otro tipo, una democracia "directa y popular", y claramente las instituciones democráticas en Venezuela están totalmente deterioradas, y ahí el peligro mayor es que no sólo Venezuela va a sufrir las consecuencias de ese populismo demagógico sino, debido al poder económico que Chávez tiene, todo su entorno está amenazado. De hecho, Chávez es un responsable bastante directo de la desestabilización del Ecuador, de la desestabilización de Bolivia, incluso el pequeño grupúsculo de los Sucumala en el Perú ha recibido apoyo económico de Chávez... Sí, hay un gran peligro, y quizá el peligro es más grave por la falta de responsabilidad, de coraje, de los gobiernos democráticos latinoamericanos. Así como vienen a España y firman ese manifiesto diciendo que el problema número uno de América Latina es el supuesto bloqueo a Cuba, pues ninguno de ellos se atreve a enfrentarse a Chávez, aunque son muy conscientes de que Chávez puede estar moviéndoles el piso y preparando su desplome. Frente a eso, ¿qué podemos hacer?
EK: Estamos obligados, pienso yo, a reflexionar, aunque sea brevemente, sobre las razones de su popularidad. Chávez ha destinado una parte importante de los beneficios y del sorprendente precio del petróleo, a canalizarlo directamente de varias formas a la gente, a pesar de que, según las propias estadísticas del gobierno de Chávez -y del Banco Mundial y la cepal -, la pobreza se ha incrementado sustancialmente en Venezuela. La política de reparto directo de estos beneficios petroleros es a lo que se debe su popularidad. Yo creo que hay ciertos argumentos sofisticados en favor de utilizar una parte de esa renta petrolera en ayuda directa, pero el caso es cómo hacerlo y para qué. Gabriel Zaid, ensayista y poeta, amigo nuestro, ha escrito textos muy iluminadores sobre cómo, en efecto, es bueno repartir en efectivo, pero haciéndolo de manera productiva, dándoselo a las mujeres, condicionándolo a la manera de créditos que vuelvan productivas y responsables a las personas. En efecto, hay muchas formas de promover la creación de bienes de producción baratos para que la gente pobre vaya mejorando de manera responsable su propia vida, y no procurar, una vez más, como en el caso peronista, la propagación de una mentalidad becaria. Entonces, el problema con Chávez no es, en principio, el hecho de utilizar una parte de los ingresos petroleros, sino el modo de utilizarlos, de manera clientelar, para comprar obediencia, sin resolver los problemas a mediano o largo plazo, lo que es directamente criticable.
MVLL: Quisiera añadir lo siguiente a la popularidad de Chávez: una realidad triste que nosotros tratamos siempre de escamotear porque nos da vergüenza y no nos gustaría que la realidad fuera así, es que la mayor parte de los dictadores, en algún momento y, a veces, en largos momentos de su vida, han sido populares. Y algunos muy populares, y no sólo los dictadores de izquierda, los dictadores de derecha también. Yo he escrito, como tú sabes, una novela sobre Trujillo, y mi espanto y mi vergüenza cuando leía la historia de Trujillo, fue descubrir que llegó a ser inmensamente popular. Si los dominicanos hubieran echado mano de los ajusticiadores de Trujillo la noche que lo mataron, probablemente los hubieran destrozado en las calles, porque existía el mito de Trujillo. Es un mito que suelen crear los dictadores, por razones muy variadas, pero en gran medida por razones defensivas. Los pueblos ante las dictaduras muchas veces abdican, dejan de resistir, y se acomodan para sobrevivir y para tener la vida tranquila, y para no vivir en la angustia, en el miedo. Entonces se empiezan a jugar las reglas del juego que impone el dictador, y eso explica la espantosa servidumbre, la adulonería, que muchas veces rodea a los dictadores. Nosotros hemos tenido un dictador en el Perú diez años, el señor Fujimori, y para vergüenza mía, el señor Fujimori fue bastante popular. Cuando ya se descubrieron los robos monstruosos vino una gran repulsa ciudadana; pero durante muchos años, el señor Fujimori, que saqueaba el país, que violentaba los derechos humanos, que amparaba los tráficos más inmundos, era popular, había cientos de miles, y acaso millones de peruanos que estaban muy contentos con Fujimori. Esa es una realidad de nuestros países.
EK: Por último, quisiera hablar brevemente del proceso electoral de mi país. En México nunca hemos tenido la posibilidad de refrendar nuestra democracia. Las elecciones de 1911, en las que triunfó Francisco Madero fueron limpias, ordenadas, pero Madero no tuvo tiempo ni posibilidades de refrendar la democracia, como lo hubiera tenido que hacer en 1915, porque como sabemos, lo asesinaron en 1913; la clase política toda, con buena ayuda del ejército y del embajador norteamericano de entonces, hizo abortar ese primer experimento democrático. México entró entonces en el largo periodo del siglo xx , con sus luces, algunas, y sus sombras, muchas, y en el año 2000 volvimos a tener unas elecciones libres, limpias, ordenadas, cuyos resultados no fueron disputados. Triunfó Fox -no voy a hablar sobre su gestión, más decepcionante que luminosa, por supuesto-, y nos dimos un gobierno plenamente democrático, y, contra todos los vaticinios, de manera ordenada y limpia. En este año 2006 estamos en la posición que estábamos hace casi un siglo, de refrendar, de reafirmar nuestra democracia por primera vez en nuestra historia. La principal preocupación que debemos tener los mexicanos -y también los extranjeros interesados en México y los medios de comunicación en el extranjero, cuya importancia es capital-, es que el proceso democrático se refrende, que haya elecciones limpias, libres, claras, en donde no haya trampas y que gane el que tenga la mayoría.