MVLL: Yo añadiría que la transición chilena probablemente aprovechó el ejemplo español. Creo que la transición chilena, de alguna manera, tomó en cuenta la transición española, que fue, desde luego, ejemplar, un éxito que nadie se esperaba, y creo que muchos de lo procesos de pacificación en América Central también tuvieron en cuenta, de algún modo, lo ocurrido en España. Yo no sé si en España se tiene conciencia cabal de la enorme repercusión que tuvo en América Latina el hecho de que un país que salía de 40 años de una dictadura, de un gran aislamiento, de un tercermundismo cultural, de pronto, en un periodo muy corto, pasara a ser una democracia moderna, se integrara en Europa y, gracias a unas políticas económicas liberales, alcanzara muy rápidamente un gran crecimiento económico, creara unas condiciones de vida que no había tenido nunca antes... Esto, en América Latina, indudablemente ha dejado una huella. Y para mí esa huella está sobre todo en el caso chileno, que es el que ha seguido más de cerca el modelo español, creando un consenso muy parecido al que hay en España. En España hay un debate político terrible, donde los adversarios se dicen cosas espantosas, pero quien conoce España sabe que eso es la superficie, que la suerte de España es que debajo de esa superficie hay unos consensos amplios y sólidos sobre ciertas instituciones básicas: la democracia política y la economía de mercado. En eso, los consensos son gigantescos, y eso le da a España la estabilidad, solidez, y prosperidad de que afortunadamente goza. Ese es un ejemplo muy importante para América Latina, porque el caso de España es un caso muy afín, es un caso que un latinoamericano siente muy próximo, ya que muchos de los defectos de nuestra historia cívica, de nuestra historia política, nos han venido de España. Claramente, España ha dejado una huella en nuestros desgobiernos, en nuestros hombres fuertes, en nuestros caudillos. Que ahora España sea un modelo más bien de democracia, de modernización, de prosperidad, de coexistencia en la legalidad, pues sí, en América Latina ha tenido un efecto, y debería tener un efecto positivo. Por eso, yo creo que España tiene una responsabilidad a la altura de la cual no siempre está. Por ejemplo, en estas cumbres iberoamericanas, que España organiza con un gran esfuerzo económico y una gran movilización institucional, uno se pregunta por qué ese ejemplo español, que tantos admiramos, no es puesto en vitrina y señalado como lo mejor que tiene España para mostrar al mundo. ¿Cómo es posible que un país que ha vivido en carne propia los beneficios de la libertad y de una democracia moderna, esté amparando con comunicados vergonzosos a una dictadura siniestra de 46 años, como es la dictadura de Fidel Castro? Lo digo de esa manera porque no lo entiendo, con toda mi admiración por España, con todo el enorme cariño que yo tengo a este país, no lo entiendo. Un señor está 46 años en el poder, casi cuatro generaciones de cubanos viven padecimientos, humillaciones, tan graves o peores que las que vivieron los españoles durante los 40 años del franquismo, y España, en lugar de encabezar una movilización internacional para que los cubanos puedan por fin disfrutar de libertades semejantes a las que disfrutan los españoles o los chilenos o los brasileños, firma unos comunicados en los que el problema número uno en América Latina parece ser el "bloqueo", palabra utilizada con una impropiedad garrafal. Yo no lo entiendo, hay ahí una doble política, una hipocresía muy extraña, una utilización muy demagógica de una palabrería que no corresponde para nada a lo que es el ejemplo real de España. Eso hay que decirlo con toda claridad, y con las mismas palabras que elogiamos lo que es el ejemplo democrático de España, criticamos una política que entra en contradicción con lo que realmente es la democracia española.
EK: ¿Cuál es la crítica persistente y muy justificada que desde América Latina, generación tras generación, por lo menos desde 1847, y desde luego a lo largo de todo el siglo xx , se le hizo de parte de los liberales o demócratas latinoamericanos a Estados Unidos? La de la doble moral, la de ser una democracia ejemplar puertas adentro y ser un gobierno que apoyaba a los dictadores útiles, a los hijos de p, pero que eran sus propios hijos de p, como tantas veces dijeron los gobernantes en Estados Unidos. Esa doble moral de apoyar a los gorilas -en palabras de aquel secretario de Estado, "he is a son of a bitch but is our son of a bitch"-, porque les permitía negocios y porque los empresarios podían prosperar. Claro, les parecía que era un clima -así lo decían, ¿eh?, esa era la palabra- propicio para las inversiones. Esa era, y siguió siendo por muchos años, la crítica central de los demócratas y liberales que siempre ha habido en América Latina, hacia Estados Unidos, la doble moral, democracia hacia dentro, apoyo a las dictaduras hacia fuera. ¿No es exactamente el caso español de ahora? ¿Con qué cara se enfrenta España ahora a Estados Unidos cuando está repitiendo con Venezuela y con Cuba lo mismo que Estados Unidos hizo en América Latina durante todo el siglo xx ?
Sobre la modernidad, y los pretextos que se ponen en la América hispana para enganchar nuestro vagón al raudo tren de la modernidad, les voy a describir un país, a ver qué país les suena que estoy describiendo... Es un país predominantemente católico, muy atrasado durante el siglo xix y parte del xx , emisor de millones de emigrantes, y con un vecino imperialista, terrible y opresor. Además, debo agregar, violento y con tradición guerrillera, y revolucionario, y para colmo con querellas religiosas. No es México, es Irlanda. Pues bien, Irlanda ha decidido -y tú has dicho tantas veces que América Latina tiene que decidir no ser juguete de su destino, sino tomar el destino en sus manos-, y al cabo de ni siquiera una generación, es una economía potentísima. Entonces, esa posibilidad está abierta para los países de Iberoamérica si se deciden a hacer las reformas necesarias. Urgentes, por cierto, para México, que tiene que pagar unas dolorosas facturas del Estado obsoleto y corrupto heredado del pri .
MVLL: Por suerte yo detecto una evolución, o por lo menos un desencanto con ciertos dogmatismos, que eran lo característico de América Latina hasta hace algunos años. Te cito el caso del Perú. En el Perú la izquierda llegó a ser muy poderosa y a tener una influencia muy grande en el poder a nivel municipal, y una representación muy importante en el poder legislativo. Y, sin haber sido víctima de ninguna represión, curiosamente, en los últimos quince o veinte años, la izquierda ha ido encogiéndose como una piel de zapa, y al mismo tiempo, sectores importantes de esa izquierda han ido modernizando su lenguaje porque eran muy conscientes de que si mantenían las posiciones tradicionales iban a quedar prácticamente huérfanos de todo apoyo popular, y convertidos en grupúsculos más bien marginales. Fíjate lo que ocurre con el panorama electoral peruano, con un proceso electoral abierto, y elecciones en el mes de abril... si hay alguien que no tiene un juego propio, es la izquierda; la izquierda está tratando de insertarse en partidos o movimientos que son los que las encuestas dicen van a disputar realmente la elección. La izquierda no está en condiciones de presentarse como una fuerza propia, porque el electorado la rechaza. Yo creo que eso es algo que, si no en toda América Latina, está ocurriendo en muchos países latinoamericanos, y la razón es que ante la opinión pública, esa izquierda, que mantenía una retórica tradicional y defendía unas posiciones dogmáticas, ha quedado como desconectada completamente de toda realidad posible.
EK: Pero Mario, ahí está Venezuela y la instauración de un régimen populista, con un líder carismático, Hugo Chávez, que monopoliza el poder y el discurso.