www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Letras Libres 49 Letras Libres

Refrendar la democracia

por Enrique Krauze
Letras Libres nº 49, octubre 2005

Número de páginas: 5
<< anterior  1 2 3 4 5
imprimir

La aparición de esa izquierda moderna reformista, que abriera para México las puertas del siglo xxi, sería el mejor desenlace posible para las elecciones del 2006, pero esa transformación es más que improbable. Por eso cualquier demócrata genuino puede ver con legítima preocupación el ascenso de la izquierda mexicana al poder. El problema de fondo reside en el desencuentro de nuestra izquierda (académica, intelectual, mediática, política, sindical, partidaria, y por supuesto, guerrillera) con la tradición liberal en su conjunto, pero en particular con el liberalismo esencial a toda sociedad abierta, el liberalismo político. A un liberal lo definen ciertos rasgos inconfundibles. Un liberal desconfía del poder, sobre todo del poder absoluto en manos de una sola persona, pero también del poder encarnado en las masas movilizadas. Un liberal confía en el valladar de las instituciones y trabaja para acrecentar el imperio de las leyes. Un liberal no sólo celebra sino que protege la diversidad de creencias, ideas, culturas y opiniones. Un liberal practica la tolerancia. Un liberal cree en el individuo, más que en el Estado, como motor de creatividad económica, social, cultural. Un liberal descree de la lucha de clases y toda clase de "lucha" que bordee, así sea tenue o potencialmente, la violencia, sobre todo si las transformaciones pueden lograrse a través de reformas. En cada uno de esos sentidos, la izquierda mexicana está muy lejos del legado liberal que fue el suyo en el siglo xix, y al que nunca debió haber renunciado. El precandidato único del prd ha dicho que admira a los liberales del siglo xix y a los pocos del xx, como Daniel Cosío Villegas (bajo cuya influencia escribió un libro sobre la República Restaurada en Tabasco). Ha dicho también que, en lo político, encabezaría un gobierno juarista. Pero lo cierto es que, en todos los sentidos apuntados, Andrés Manuel López Obrador no se ha comportado como un hombre que entienda, respete y, menos aún, asuma el credo liberal.
El desdén de la izquierda mexicana por la tradición liberal podría poner en riesgo la democracia. Si aquella profecía de Zaid se cumple y el prd (gracias a un desprendimiento tectónico del pri) triunfa con "carro completo", la tentación de restaurar el viejo sistema político sería irresistible. Habríamos vuelto a la vieja Presidencia Imperial con nuevos ribetes populistas. En el caso de que su eventual victoria ocurriera en un contexto de pluralidad parlamentaria, López Obrador se encontraría frente a la prueba de fuego. Si opta por el respeto irrestricto al legado liberal de México (el cumplimiento de la ley, la división de poderes, el sufragio efectivo, la no reelección, y la libertad de expresión y demás libertades individuales), tendrá el pleno derecho de ensayar, en ese marco, sus proyectos alternativos, tanto económicos como sociales. Pero si, aun llegando al poder por decisión de una mayoría inobjetable (absoluta o relativa), se niega a honrar el legado de "aquellos gigantes" del siglo xix a los que dice admirar, la antigua maldición habrá caído sobre nosotros y habremos perdido, una vez más, como en 1915, la oportunidad de refrendar la democracia.
UN COMPROMISO
Si alguna lección ha podido dejarnos ya el siglo xxi, con su estela de calamidades provocadas por el hombre y por la naturaleza, es que en este mundo la única regla es el azar. Todo, en verdad, puede suceder, y todo se puede perder en un santiamén. Nos quejamos con plena razón del estancamiento de México, y nos desespera pensar lo que podríamos lograr con nuestros recursos en un clima de mínima concordia. Pero en nuestros lamentos olvidamos que, en un descuido, podríamos perder aún más. En 1913, la clase política jugó con fuego y aprendió que el fuego quema y arrasa. Si hay un pecado histórico en México, es la inclinación a "resolver" nuestras diferencias no con las armas de la razón sino con las armas de fuego. Lo más probable es que nada ocurra en nuestro país similar a esos hechos sangrientos, pero hay muchas formas de incendiar México y arruinar nuestra democracia. Para disipar ese peligro lo importante es fijarnos como meta la preservación de la democracia. Que cada quien tome conciencia y haga lo que le toca. Los ciudadanos, esforzarse por conocer, todo lo mejor que puedan, el abanico de posibilidades políticas ­municipales, estatales y nacionales­ que se abren ante ellos, invitar a otros a informarse igualmente, y comprometerse con la mejor, o la menos inconveniente. Y desde luego participar en las discusiones en su medio y, sin falta, en todas las elecciones. Y animar a otros a participar también. Pero los candidatos y los partidos pueden hacer algo más: suscribir ante la sociedad el compromiso de respetar las reglas de la democracia liberal antes, durante y después del 6 de julio. ~
­ 16 de septiembre de 2005
Número de páginas: 5
<< anterior  1 2 3 4 5
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 25 de Julio de 2008 16:56:42