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Letras Libres 49 Letras Libres

Refrendar la democracia

por Enrique Krauze
Letras Libres nº 49, octubre 2005

Número de páginas: 5
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En sus 66 años de vida, el pan ha transitado por varias encarnaciones, todas referidas al domicilio histórico presidencial de "Los Pinos": frente a Los Pinos (1939-1988), con Los Pinos (1988-1994), hacia Los Pinos (1994-2000), en Los Pinos (2000-2005). En todas esas etapas el pan ­con todos sus defectos y limitaciones­ no ha sido, ni llegado el caso será, un factor de discordia. Ha sido, y con toda probabilidad seguirá siendo, un factor activo de madurez democrática.
Una parte del estancamiento y deterioro de la vida política de los últimos años se explica por la convergencia de dos inexperiencias políticas: la del pan y la del Presidente. A través de varias generaciones, el pan aportó a la democracia mexicana una sustancial formación de ciudadanos, una labor legislativa siempre adelantada a su tiempo, y una tenacidad admirable, heroica a veces, para resistir y sobrevivir a los atropellos de la maquinaria priista. Pero su habilidad básica estaba en acotar el poder, no en ejercerlo. Siempre que postuló a un candidato surgido de sus filas, el pan fracasó en alcanzar el poder, porque en el fondo no lo quería. Cuando llegó su momento histórico, a fines del siglo pasado, el pan encontró un caudillo que no sabía de bregar eternidades. Haber encabezado ese vasto movimiento de transición a la democracia, haber "movido las almas" como Madero lo hizo en 1909 y Vasconcelos en 1929, será el aporte de Vicente Fox a la historia mexicana, un aporte que sólo la mezquindad y la falsificación pueden escatimarle.
Pero lo cierto es que Fox tenía aun menos experiencia que el pan en materia de gobierno. Su desempeño político ­sin duda errático y deficiente­ ha sido objeto de algunos análisis críticos atinados e inobjetables (hechos de buena fe) y de otros textos y caricaturas tanto o más zahirientes que los que minaron, hasta destruirlo, al gobierno de Madero. Quizás le habría bastado seguir el sabio consejo que Gómez Morín formuló en 1967 para el caso, que veía remotísimo, de que el pan dejara la "brega de eternidades" y casi por un accidente llegara al poder: hacer un esfuerzo intenso para formar un buen equipo y tal vez convocar, en una buena negociación, a un gobierno de unidad nacional. No se hizo. El gabinete fue irregular, inestable y falto de coordinación. Otra parte de la responsabilidad corresponde, por supuesto, al propio pan, que no sólo mantuvo una inexplicable e insana distancia con su Presidente, sino que jamás propuso ni menos defendió ante el público un ideario de reformas claro y coherente, y (punto grave, que se atribuye a la influencia de corrientes de ultraderecha) en su ámbito interno consintió por momentos una competencia preelectoral carente de equidad.
El juicio sobre Fox afectará por necesidad al candidato panista del 2006. El ciudadano apreciará los avances democráticos de su gestión, aunque recordará que varios de ellos se cimentaron en tiempos de Zedillo. México, es verdad, goza de un clima de libertades sin precedente. La división de poderes es efectiva y el federalismo es un edificio en construcción. La ley de transparencia es un avance notable, y propio de esta administración. No faltan además logros en el combate a la pobreza extrema, la salud, la paz laboral, los nuevos métodos de educación y la estabilidad macroeconómica (que no en el crecimiento ni el empleo, y en muchos otros rubros de la vida nacional). Estas consideraciones, aunadas al afecto que todavía despierta Fox en amplios sectores (y que sólo conservará si su entorno privado no incurrió o incurre en conductas que prueben ser o haber sido ilegales), integra un capital moral no desdeñable, pero un capital político insuficiente. Por ello, tal vez el desenlace mejor al que Fox pueda aspirar es el de su amigo Lech Walesa, que en Polonia es visto como una figura querida pero decorativa. Si éste es el veredicto, se habrá repetido en el nivel nacional el voto de castigo y alternancia que marcó las sucesiones panistas de Nuevo León y Chihuahua.
No sería del todo justo que así fuera. Por su trayectoria democrática, y porque de las derrotas se aprende, el partido fundado por Gómez Morín merecería una segunda oportunidad. No es sencillo que la tenga. La primera condición es elegir a un buen candidato, un hombre que convenza al electorado de que él sí respetaría los mandamientos del poder. ¿Retrato hablado? Un político con vocación, inteligencia, arraigo y experiencia; informado y malicioso para el debate. Estos rasgos corresponden más a Felipe Calderón (que tendría que embridar su carácter bronco) que a Santiago Creel (demasiado suave hasta cuando no quiere serlo, demasiado cercano al perfil de Fox y copartícipe de su gestión). De Alberto Cárdenas hay, hasta ahora, poco que decir: a pesar de su experiencia gubernativa en Jalisco, se mueve y se expresa con dificultad en la arena pública. Ya en campaña, como ocurrió en 1994 con Diego Fernández de Ceballos y en el 2000 con el propio Fox, el pan podría sacar provecho de su arma específica: la capacidad para deliberar, para debatir. Pero aun en el caso de una victoria electoral, la posibilidad de un gobierno eficaz no sólo dependería del oficio político del presidente panista, sino de la situación en que queden los otros dos partidos principales. Ante un segundo revés, ¿se desgarraría definitivamente el pri? Y ¿hasta qué grado de radicalización llevaría el prd su desencanto? Sin socios con quienes cohabitar en el gabinete, sin mayorías estables en las Cámaras (dos proyectos que sin duda buscaría instrumentar un gobierno panista), el nuevo presidente volvería a quedar atado de manos y se toparía con la mismas dificultades de Fox para gobernar. El país tendría que esperar al 2012 para discutir y llevar a cabo las reformas que necesita. Esa esperanza sería quizás intolerable, a menos de que el posible presidente panista resultara ser el líder visionario, convincente y eficaz que Fox no pudo ser.
Faltando nueve meses para los comicios, la probabilidad apunta a que el siguiente capítulo en la vida del pan se llame "Fuera de Los Pinos". Si ocurre así, los panistas no deberán vivirlo como un drama. Desde la oposición ­su terreno natural­ podrían extraer lecciones de la experiencia foxista, fomentar la aparición de nuevos líderes, renovar su imagen y su anticuado ideario, alejarse de las posiciones ultramontanas, acercarse a los jóvenes, enriquecer su democracia interna. Prepararse, en suma, para el 2012. Y desde la oposición podrían seguir haciendo lo que han sabido mejor: limitar y encauzar el poder, orientar la conciencia pública, desempeñar un papel responsable en las Cámaras, bregar a favor de la democracia y la concordia. El pan no pudo acumular autoridad política, pero tiene autoridad moral. Fuera o dentro de Los Pinos, necesitará acrecentar aquélla y conservar ésta, en el discorde México que podría venir.
SEGUIR EN EL PURGATORIO

Hablar del viejo sistema político, del pri y sus presidentes como factores de concordia, es incurrir en algo más que una licencia verbal: una mentira. Es verdad que, en un siglo surcado por guerras de toda índole (mundiales, nacionales, civiles, religiosas, raciales), el país disfrutó largas y fructíferas décadas de estabilidad y crecimiento, décadas en las que los enfrentamientos fueron la excepción. Pero la paz, el orden y el progreso que alcanzó México entre 1929 y 1968 no fueron muy distintos, en esencia, de los de tiempos porfirianos, cuyas condiciones no dependían de la libre voluntad de los ciudadanos sino de la gracia de un monarca sexenal con ropajes republicanos, de un poder sin legitimidad democrática. México vivía en la concordia forzada de un acuerdo mafioso. Los intentos de reforma interna que encabezó Carlos Madrazo en 1965 abortaron. Y aunque las reformas de 1979 cedieron espacios parlamentarios a cuentagotas, el pacto en la cumbre siguió vigente hasta 1994.
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