Creo que lo que más me va a costar va a ser revivir, para escribirla, la fase de enamoramiento. No sólo por razones personales sino porque me está saliendo un personaje tan poco simpático que es difícil entender que alguien se enamore de él.
12 DICIEMBRE 2001
Principal lección que he sacado de la relectura de Le rouge et le noir : libertad y eficacia. No me parece que Stendhal se haya impuesto unas normas rígidas. Aunque su punto de vista es casi siempre el de Julien, si necesita meterse en la mente de Mme. de Rênal o de Mathilde, lo hace (¡todo lo contrario de lo que yo enseño en los talleres!... ¿será verdad ese tópico de que hay que conocer las reglas para luego saltárselas, primero saber dibujar y después hacer pintura abstracta?...). Tampoco tiene una norma en cuanto a la relación temporal entre la narración y lo narrado: puede pasarse varias páginas describiendo algo que ocurre en minutos o resumir en dos líneas varios años. Por ejemplo, lo que una podría suponer que va a tomar páginas enteras, la ejecución de Julien, lo despacha Stendhal en una frase: " Tout se passa simplement, convenablement, et sans aucune affectation de sa part ". ¿Para qué darle más espacio si no lo necesita?
La pregunta es: ¿cómo decir lo que queremos decir? Y la respuesta: como una quiera o pueda, según la inspiración, según el momento, según las necesidades del texto, según la intuición, forzando el camino si hace falta, abriéndose paso a machetazos cuando no haya otra manera. Con Entre amigas , sentí que las normas de la novela me coartaban mucho, pero ahora pienso que más que de la novela, eran normas autoimpuestas o mejor dicho, limitaciones mías, debidas, más que al respeto por las convenciones del género, a la falta de oficio y de aplomo.
14 DICIEMBRE 2001
Hay algo que nunca termino de conseguir en las novelas, que es el humor. Situaciones que a mí me parecen cómicas no quedan así, carecen de relieve. No sé por qué será.
15 MARZO 2002
Esta mañana me la he pasado enfrascada en la novela, escribiendo sobre la primera noche y los días sucesivos. ¡Con lo difícil que me parecía!, lo he escrito de corrido -bueno, también he ampliado y corregido lo que escribí anteayer- y con un placer tan intenso que me ha dejado agotada y feliz como si en vez de escribir sobre el amor lo hubiera hecho. Eso sí, lo que me ha salido es como impersonal en el sentido de que el amante queda borroso, no es más que la chispa que enciende a la narradora. ... En fin, por lo menos he escrito estas páginas sin reservas, con entrega total. Ya llegará, y no muy tarde, el momento en que la protagonista se da cuenta de todo lo que en un primer momento ha preferido, y conseguido, no ver y no saber.
19 JUNIO 2002
Qué placer recuperar las mañanas sosegadas con arias de ópera y novela... Me preocupan ahora mismo dos cosas, una, que pueda quedar sentimental, victimista, que me apiade demasiado de mi protagonista, que no quede lo bastante claro que la culpa de lo que le pasa es principalmente suya, que me enternezca sobre ella, que sea demasiado amable con ella, como alguien (un alumno del curso de Sevilla) me dijo que lo soy respecto a los personajes de Cuentos a los cuarenta . Y que Leo quede demasiado en evidencia (se habrá equivocado en todo: en su certeza de que un escritor famoso no va a condescender a presentarse a ese premio, en su certeza de que enviar manuscritos por correo no conduce a nada, en su afirmación de que la jefa de Blanca es lesbiana...)... Aparte de eso: tengo que enriquecer la novela con digresiones. Supongo que es cuestión de que vuelva a meterme en ella, a conectar con ella todo lo que hago, lo que pienso, a tomarme la vida como material del que extraer la pulpa de la escritura...
21 JUNIO 2002
Menos entusiasmada con la novela ahora que cuando estaba sumergida en ella hace dos meses. Demasiado autobiográfica, demasiado apologia pro domo sua , demasiado limitada...
28 JUNIO 2002
El otro día buscando borradores encontré aquel artículo sobre la trufa que arranqué de una revista francesa. Quizá debería incorporarlo, a fin de cuentas... Estoy pensando que quizá el gran tema de fondo de la novela es el ateísmo, es decir, el ser capaces de renunciar a toda pasión, a toda idolatría; no sustituir a Dios con nada, sino hacer algo civilizado, un terreno de juego, aceptar las limitaciones... en vez de ese deseo total cuyo reverso es un sufrimiento total.
16 JULIO 2002
El tema de la novela lo tengo claro, lo he visto claro del todo al leer la crítica de un ensayo sobre el amor en Revista de libros : el amor, dice ese libro, es el nuevo fundamentalismo, la religión después de las religiones. Voy a incluir, subrayando el paralelismo con el enamoramiento de Smart, la conversión de Pascal; y lo de la trufa lo tengo que incluir también; no sé cómo, pero hay que hacerlo con naturalidad, o sea con autoridad.
4 DE SEPTIEMBRE 2002
Ayer escribí la escena de la reunión del Consejo Editorial. En parte quedé contenta porque en vez de sacarme de la manga un tema cualquiera de reunión se me ocurrió (fiel a esa norma elemental, pero que me costó descubrir, la de la economía narrativa) sacar a colación algo ya existente dentro de la novela: las biografías. Pero estaba molesta conmigo misma porque, una vez más -es uno de mis defectos- me había salido todo como muy rígido, impersonal, racional - eso es lo malo de ese cartesianismo aprendido en el Liceo Francés que tan útil me resulta en otros campos-; y recordaba con envidia los pocos trazos -pocos, pero llenos de fantasía, humor, sensualidad- con que Amparo en su novela describe la empresa en que trabaja la protagonista. Ahora lo he empezado a reescribir y estoy contenta, es más suelto, más hermoso, más simbólico...
9 DE SEPTIEMBRE 2002
Buscando precisar la compleja intriga del premio (lo complejo no es tanto la intriga en sí como las distintas interpretaciones posibles - y no sé si me estaré liando al intentar mostrar varias cosas a la vez: que las interpretaciones posibles son muchas y conocer totalmente la realidad es un empeño quimérico; que la visión conspiratoria de la realidad es un espejismo, y que Leo cree aún en unos móviles ocultos que si alguna vez fueron reales ya no lo son, él vive mentalmente en una sociedad política sin haberse enterado de que está en una sociedad mediática...), se me ha ocurrido que a instancias de Leo, Blanca puede contarle la escena con el último amante que tuvo, el amigo de la moto, falseándola completamente para plegarse a las expectativas -a la imaginación "libertina"- de Leo. La idea me gusta mucho, porque enriquece o ilustra muchas cosas a la vez -los personajes de B y L, su relación, el tema de fondo de la fantasía que sustituye perversamente a la realidad...- pero va a ser muy difícil encontrar el tono justo, hacerlo con la sutileza necesaria...
Lo más difícil de una novela, para mí, son la intriga y el tono. (En cambio los personajes no me cuestan demasiado, las descripciones en sí tampoco.) La intriga es como un rompecabezas complicadísimo, pero finalmente es cuestión de astucia, de paciencia y de oficio; el tono es mucho más impredecible, es realmente lo que se llama la inspiración... Estoy ahora mismo reescribiendo el principio (de la historia principal: la descripción del piso y del barrio), no por nada, sino por una cuestión de tono. Y de significado. El ejercicio habitual: despegarse de la realidad para, acentuando unos elementos y eliminando otros, o falseando ligeramente, dando más color aquí, quitándolo allá... alcanzar algo más abstracto, más simbólico.