De su diario, Laura Freixas ha extraído los pasajes en que cuenta la concepción y la escritura de su última novela ( Amor o lo que sea , publicada por la editorial Destino en enero de 2005).
5 OCTUBRE 2000
Ayer me fui a la Biblioteca Nacional a empezar solemnemente mi nueva novela. Entre las 10 y la 1, trabajé una hora y media (notas, esquemas, posibilidades que se me ocurrían...); el resto del tiempo tomé café, leí el periódico, me maquillé, llamé por teléfono, subí y bajé entre la sala de lectura, la cafetería y las taquillas...
La diferencia respecto a las novelas anteriores es que he aceptado plenamente lo de "perder el tiempo". Sé que es así como trabajo, sobre todo al principio. No me atosigo. Quizá porque ahora no dudo que terminaré lo que empiezo. Antes iba rápido, de cualquier manera, porque de lo que se trataba ante todo era de contestar la pregunta de si podría o no.
Ayer me parecía que me arriesgo a escribir una novela demasiado influida por La hora de la estrella ... Lo mío con la autocrítica es terrible, serviría para maoísta. Pero ahora estas cosas las siento como de lejos, como vagamente. Sé que son etapas que pasan, que en cuanto uno se mete en la escritura se aleja de sus modelos. Y si no, pues qué se le va hacer, se hace lo que se puede.
23 DE ENERO 2001
Preocupada por la novela. Sensación de que la novela como género está agotada, aunque su cadáver se venda muy bien, o de que yo no soy novelista: me falta experiencia... Pero también se pueden escribir novelas sin ninguna experiencia "exterior" o muy poca, no más que la que yo tengo. Pienso en Woolf, en Lispector.
Temor a repetirme: la historia de Ángela se parece demasiado a la de Emma... Tengo miedo de no estar diciendo gran cosa o de no decir nada nuevo... Aunque esta mañana he estado trabajando -aún me cuesta mucho; pero me animo recordándome que la dificultad de una novela es inversamente proporcional al tiempo que se lleva trabajando en ella- y veo que poco a poco toma forma. Por ejemplo, no sabía cómo introducir el paralelismo entre la acción -por llamarla de algún modo- y las viñetas biográficas; se me ha ocurrido que Ángela haga informes de lectura para una colección de biografías que está montando Leo.
Comí el otro día con Amalia G. Conectamos en seguida en el terreno de la escritura. Por ejemplo la incomodidad ante lo (al menos en apariencia) autobiográfico, porque parece que sea falta de imaginación. A mí me consuela pensar que imaginación he demostrado en los cuentos, pero me preocupa, sí, recordar lo que dijo Steiner en el Círculo de Bellas Artes: el hombre ha llegado a la luna y mientras, los novelistas siguen escribiendo historias de adulterio igual que en el siglo XIX. A lo que Amalia replicó algo muy sensato: que en cualquier caso no puedes pretender ser lo que no eres, y si no te interesa la conquista del espacio nunca escribirás bien sobre eso.
5 FEBRERO 2001
Tengo más claro el personaje de Ángela y por suerte le he encontrado otra fisonomía: en vez de tomar como modelo a A. S. se me ha ocurrido basarme en N. C. En cuanto a Leo, dudo cuál elegir entre los distintos rasgos o estados de ánimo o actitudes que puedo atribuirle: sentimiento de la propia insignificancia, discreción; sentimiento de fracaso, de esterilidad (como Gerald en la primera novela); desenvoltura e ironía...
AGOSTO 2001
Lo más importante para mí de este viaje a Argentina han sido, sin ninguna duda, las dos horas que pasé charlando con Mempo, paseando por Resistencia. Le hablé de la novela y saltó: "¡Esa es la novela tuya que yo quiero leer!". Le hablé de mis escrúpulos, de mi deseo de imparcialidad con el personaje de Leo...y lo borró de un manotazo, me dijo que la literatura no es tomar el té a las cinco con las visitas; que me atreva, que me entregue, que cuente, como le contaba a él en mis cartas a los veinte años; que no planifique tanto, que no quiera ser tan responsable; que no haga esa literatura a lo Henry James, que le hace a uno preguntarse: "¿Dónde está la sangre?". (Sobre Henry James, discrepo, pero no es esa la cuestión.) Que estoy haciendo como alguien que quiere embarcarse pero sólo a condición de que le garanticen que no habrá olas, el viento no será superior a fuerza 5 y el servicio de salvamento está listo... Que me tire a la piscina, vamos.
Luego volvimos a su casa y él y N. me llevaron al aeropuerto de Corrientes. Tristeza dulce de domingo por la noche, carretera con vagos letreros de neón a los lados, un aeropuerto donde hace frío, un avión pequeño, el cielo rojizo... Pero me gusta, de vez en cuando, viajar sola, ser anónima, cenar en un restaurante sin hablar con nadie, dormir en una habitación desconocida, en Buenos Aires... Y me gusta mil veces más cuando pienso que he sido yo sola, con mi trabajo, con mis años de escritura, quien ha conseguido este viaje.
7 DE SEPTIEMBRE 2001
Hoy he empezado la nueva novela.
Por el momento... nada, hoy he escrito unas pocas líneas. Pero a diferencia de las dos anteriores, creo que esta toma una dirección desde el principio. Quiero decir que no tomo notas para componer con ellas una historia, sino que cuento la historia directamente. Aunque es demasiado pronto para decirlo. Y no he decidido aún si incluiré o no "estampas" sacadas de otras historias (biografías). Mempo tenía razón, no hay que tenerlo todo decidido de antemano. En todo caso me siento ya enganchada y la cosa irá a más.
10 DE SEPTIEMBRE 2001
La novela sigue bien. Veo que ahora domino lo que Mempo llama "malicia literaria" -intrigar al lector, jugar con él- y que yo llamo oficio. Es divertido, pero no es gran cosa; yo creo que una se desprecia un poco cuando aprende a manejar esos recursos, es demasiado fácil. Aunque creer que una no necesita eso, o no querer rebajarse a ello, desdeñarlo... es demasiada pretensión y no se va a ninguna parte. Pero ahora que creo haber aprendido a construir el mecanismo de una novela para que sea entretenida, me gustaría pensar que puedo aportar algo más que eso.
23 SEPTIEMBRE 2001
Tengo que tener más claro qué representan la escritora y el escritor en cuanto a actitudes respecto a la literatura, y quién gana el premio al final.
2 DE OCTUBRE 2001
Ayer releí por encima el diario que llevé en febrero y marzo del 83. Me sorprendió encontrar al principio una actitud alegre y cariñosa hacia X; la tenía olvidada y me va a ser muy difícil resucitarla para la novela. Me sorprendió también lo rápido que fue todo: en un mes, o dos escasos, pasé del amor y entrega totales, a sentirme herida y hostil... Tendría que releer, a ver cuándo y cómo y por qué ese cambio (entre otras cosas ocurre que él promete que nos veremos y luego lo anula, varias veces).
Otra cosa que me llamó la atención del diario es que ni en los momentos de mayor ofuscación amorosa olvido mi obsesión por la escritura. Que en esa época es como una obsesión por temas previos: si hay que escribir cuando se tiene ganas o por disciplina, o el terror al fracaso.
Lo que ahora mismo me preocupa de la novela es que aunque va avanzando bien, resulta un poco fría, cerebral.
30 NOVIEMBRE 2001
El problema del personaje de la escritora era que se parecía demasiado al escritor: ambos eran arribistas. Al hacerla más parecida a V. (y luego se me han ocurrido otros modelos: G., L....), encarna otra actitud posible respecto a la carrera literaria, muy distinta. Es estupendo: "la veo", la he retratado de corrido - esas mujeres (burguesas mundanas con barniz intelectual) tienen en común una actitud, una manera de vestirse y enjoyarse, de hablar, de moverse... ¿Y cómo la llamo?.. Un nombre adecuado sería Rosa: ella ve la vie en rose ... Lo que no sé es si tendrá algún papel en la historia aparte de la famosa cena a tres.