Una revista a la que, en toda su vida, George Plimpton sólo vio una vez en el acto de ser comprada por alguien. Fue en París, en 1954, en el quiosco del Ritz Hotel, recordó Plimpton. El que compraba The Paris Review era Ernest Hemingway. Y Plimpton se acercó para preguntarle si podía entrevistarlo para esa revista. Y Hemingway -tal vez masticando una Oreo- le respondió que sí.