Dos siglos más tarde se recopilaron los Hadith, gestos y hechos y leyendas del profeta, tal como fueron testimoniadas por sus compañeros que proyectan un manto divino sobre su imagen y un aura de infalibilidad que se extendió sobre ellos mismos. Durante las revueltas de tribus árabes inmediatamente después de la muerte de Mahoma, cayeron muchos Compañeros. Dado que éstos memorizaban las revelaciones a ellos hechas por el Profeta, hay quien ha especulado sobre la posibilidad de que el Corán no esté completo. Según otra versión, la de un Mufti de Siria, Otmán juntó todos los fragmentos existentes, hizo su selección y ¡ destruyó lo que restaba! Independientemente de los creyentes, para los cuales, legítimamente, el origen divino de los tres textos de la tradición bíblica garantiza su perfección, para los estudiosos el Corán, como la propia Biblia, también plantea una serie de interrogantes: ¿qué pasó con los suras que murieron con los compañeros de Mahoma muertos en batalla? ¿Cómo se explica la retirada de suras como la lapidación de adúlteros y los Versos satánicos? ¿Por qué, con la excepción del Sura de Apertura, el Corán está ordenado del sura más largo al más corto? A la par del hebreo bíblico, ¿cómo se resolvieron las incertidumbres en la lectura de un texto al carecer el alfabeto nabateo de vocales? ¿Cómo puede resolverse la interpretación de los distintos pasajes del libro si tomamos en cuenta que el propio Corán afirma que incluye «versos explícitos» así como «versos equívocos»? Para colmo, según los chiítas, el propio texto canónico fue adulterado por los zuñes para difuminar la preeminencia de Alí.
ESBOZO DE POSIBLES CONCLUSIONES
La dispar evolución histórica, respectivamente del judaísmo, cristianismo y el Islam a los largo de los siglos puede entenderse perfectamente como consecuencia de estrategias concebidas para resolver, en épocas y lugares distintos, problemas completamente diferentes, y no estaban necesariamente diseñadas para la confrontación entre ellas.
Una vez destruido su Estado Templo y ante la perspectiva de una dispersión indiferenciada, los judíos renuncian a participar en el juego político en los países donde, de forma más o menos casual, desembarcan. En cambio, buscan preservar unas comunidades informales, aferradas a sus raíces arcaicas pero con una nueva vocación cosmopolita, todas ellas vagamente fieles a una patria extra-territorial, la de un libro, la Biblia en sus múltiples y acumuladas lecturas, algunas de ellas apartadas del todo de la liturgia e incluso de la fe. Es éste un proyecto de estudio diseñado para lectores, es decir, un proyecto esencialmente intelectual, y sólo en segunda instancia los judíos se decantaron por ámbitos igualmente apolíticos pero materiales como el comercio y la industria, donde se negocia el valor de intercambio de los bienes de utilidad social.
El cristianismo, que también se vio determinado por el cataclismo del Segundo Templo, representa la opción integradora de otros judíos que incorporan a su proyecto mesiánico a una multitud de pueblos «gentiles» residentes en ese mismo área; el de la internacional Via Maris en momentos de gran sectarismo religioso e inestabilidad política. Este caleidoscopio de pueblos dispares unidos por el griego como lengua franca hace posible pensar la universalidad, y sus fieles, provenientes de variados y remotos parajes consiguen intuir un horizonte planetario. Santa Helena y Constantino combinan, unos trescientos años más tarde, el mensaje universal e ideológico de la Iglesia con el imperial e institucional de Roma para proponer el más ambicioso proyecto de salvación y poder a la totalidad de una humanidad recién definida como tal. Una comunidad mundial de feligreses convertidos a la fe , los conocidos y aquellos aún por descubrir en algún Nuevo Mundo, en alguno de los confines de la tierra. Finalmente, la tensión nunca resuelta entre la Iglesia y el Imperio proveerían los espacios de libertad desde donde se forjaron todos nuestros actuales derechos civiles.
El Islam nació siglos más tarde, a lo largo de rutas comerciales, en el extremo occidental de la Ruta de la Seda, acosado por dos imperios tiránicos y decadentes, el sasánida persa y el bizantino. Estos comerciantes provenientes de muchas tribus seminómadas e independientes conjugaron los avances científicos y tecnológicos del Lejano Oriente con el genio conceptual de Grecia. La revelación a Mahoma permitió unificar a estas tribus y, para consolidar esta unión, la máxima prioridad fue diseñar un modelo dinámico y eficaz de Buen Gobierno. En lo esencial, este modelo se inspiró en la República de Platón y su filósofo/ rey, finalmente encarnado en la figura del Califa, comandante de los creyentes, es decir, un modelo que no distingue entre religión y Estado...