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Letra Internacional 101 Letra Internacional

Tres vértices. Fragmentos de una reflexión sobre la tradición bíblica

por Roberto Blatt
Letra Internacional nº 101, Invierno 2008

Número de páginas: 6
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Efectivamente, las disonancias se proyectaron hacia fuera, al Talmud, y al corpus más reciente de interpretación rabínica acumulada. En definitiva, el texto bíblico original se erigió en absoluto e invariable frente a una interpretación abierta e infinita... La unidad literal del canon judío, a pesar de las interpretaciones plurales, perduró a pesar de la dispersión, precisamente para preservar una coherencia global en la Diáspora, de otro modo inalcanzable. De hecho, ya la era del Segundo Templo previa al cataclismo final estuvo plagada de disensiones y cismas como el enfrentamiento de nuevas facciones -saduceos y fariseos- y la escisión de esenios y samaritanos. Después de la hecatombe, el texto canónico se convirtió en el asiento virtual de la patria territorial perdida, en fundamento de una comunidad que en la dispersión consiguió una coherencia desconocida en su agitada existencia nacional precedente.
El Canon cristiano se enfrentó a dificultades mayores. Por lo pronto, a diferencia del Antiguo Testamento, se trataba en el Nuevo Testamento de centrar todos los testimonios en torno a una única historia fundamental, la Pasión de Jesucristo. Era necesario precisar los actos y las palabras de un único maestro, una única biografía ejemplar que inspiraría a todas las demás, desde las vidas de los santos hasta la del más humilde feligrés, a partir de testimonios redactados en momentos y lugares diferentes por autores distintos. Según los estudiosos modernos los textos más antiguos, escritos en torno a los años 60 DC, se deben a la pluma de San Pablo, aunque sólo la mitad de sus cartas se reconocen como auténticas. El primer Evangelio, atribuido a San Marcos, dataría de los años 70, muy probablemente poco después de la destrucción del Templo de Jerusalén en el mismo año 70. San Lucas y San Mateo se basan en el anterior, además de agregar datos nuevos, en algún caso incompatibles entre sí. San Juan se diferencia mucho de los tres anteriores evangelios, llamados «sinópticos», y fue probablemente producido, más o menos independientemente, en los años 90 por una comunidad cristiana que aparentemente estuvo separada de las demás. A diferencia de los evangelios sinópticos, aun asumiendo sus propias discrepancias San Pablo y San Juan se centran en los aspectos de la resurrección y divinidad de Jesucristo y aportan pocos datos sobre la trayectoria histórica de Jesús.
Ni San Marcos ni San Juan mencionan los sucesos relacionados con el nacimiento de Jesús; San Juan omite la Transfiguración, y en lugar de la Última Cena con sus discípulos, Jesús les lava los pies. Sólo San Mateo y San Lucas refieren la narración de la Natividad. San Lucas justifica la presencia de la familia de Jesús en Belén, a pesar de ser residentes de Nazaret, a causa de un censo convocado por César Augusto. Dado que San José se considera descendiente de la estirpe de David originaria de Belén, se siente obligado a bajar a Judea desde Galilea.
San Marcos no hace mención de Nazaret hasta mucho más tarde. Parece dar a entender que la familia es oriunda de Belén, ciudad que deberán abandonar precipitadamente después del nacimiento de Jesús y exiliarse en Egipto a causa de la persecución de Herodes (que si damos crédito a las fechas que hoy atribuimos a la Natividad, llevaba ya cuatro años muerto). A su retorno, eligen asentarse en la oscura Nazaret para evitar asumir el riesgo de volver a Judea.
La resonancia de los hechos narrados debió ser poca, considerando que la única confirmación contemporánea son las dos menciones que de Jesús hizo Flavio Josefo en su obra Antigüedades judías . La primera es un párrafo completo, el Testimonium Flavianum , en el que Josefo determina tajantemente que «Jesús es Cristo» y que su Resurrección al tercer día cumplía la profecía bíblica respecto a la llegada del Mesías. La mayoría de los estudiosos (desde Renan y Engels hasta Vermes, Mack y Meier) rechazan este párrafo como un inserto posterior para establecer por lo menos un testimonio detallado del siglo primero acerca de la figura doctrinal de Jesús. Algunos, sin embargo, rescatan elementos que son coherentes con el estilo y la actitud del autor en el resto de su obra, como la referencia a Jesús como «sabio», sophos , y como hacedor de hechos maravillosos, paradoxôn ergôn poiêtês .
La segunda mención es más modesta y acorde con el tono general de la obra, y se limita a referir la ejecución el año 62 DC «de un hombre llamado Jaime»... «hermano de Jesús, conocido como el Cristo ». El mero hecho de atribuirle hermanos, adelphi , aunque ya ocurriera en los mismos Evangelios, ha representado un problema para la Iglesia que, con argumentos como mínimo discutibles, traduce la palabra como «primos» o «parientes». Teólogos católicos, protestantes y judíos coinciden en que los Evangelios sinópticos describen a un Jesús de perfil claramente judío, mientras que a partir de San Juan y conforme avanzamos con los Actos de los Apóstoles y las Epístolas, su imagen se va divinizando a medida que se van sumando elementos cada vez más marcados por influencias helenísticas y persas. (La noción de resurrección, repugnante para la cultura greco-latina, es atribuible a influencias orientales, en tanto que el neo-platonismo se va introduciendo paulatinamente en una interpretación cristiana del logos ).
El Nuevo Testamento describe un proceso de evolución de los primeros cristianos más que una fotografía nítida de un cuadro. Más allá del canon, este proceso continuará a lo largo de los siglos, demostrando la vitalidad, dinamismo y pluralidad de visiones que dieron vida a la fe de la Buena Nueva. Textos griegos que mantuvieron su autoridad en la Iglesia ortodoxa, la perdieron en la Iglesia latina. Orígenes, que fue visto con desconfianza desde Roma, siglos más tarde fue rehabilitado por ésta y, finalmente, con la Reforma, el canon protestante adoptó exactamente los mismos libros del Antiguo Testamento que los que desde un comienzo fueron incluidos en la Biblia judía, es decir, excluyó los libros deuteronómicos.
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