En su último acto vital, Marín encontró una vez más el amor, tuvo una hija y, como en los cuentos, inesperadamente se apagó su estrella. Fue ella quien guardó el tesoro, esperando pacientemente que los tiempos cambiaran, y que otras manos se ocuparan de avivar la que fuera memoria visual de su padre. Pues bien, durante más de setenta años no se ha sabido nada de Marín. Ni de él, ni de sus fotografías. Asombroso y esclarecedor. Y ahora se trata del final de las peripecias de un archivo custodiado en silencio por una familia, única conocedora de su valor y existencia.
No es fácil encontrar a quien pueda interesar restaurar un archivo oculto y desconocido, sucio, deteriorado y olvidado durante casi ochenta años. A ella y a su familia hemos de agradecer que encontraran a los responsables de la dos Fundaciones que han hecho posible esta recuperación. Hoy, cuando nadie recuerda a Marín ni a sus fotografías azules y amarronadas, publicadas en
La Esfera ,
Mundo Gráfico e
Informaciones , han sido manos privadas, comprometidas con nuestra sociedad, las que han recogido el testigo. Para la Fundación Pablo Iglesias fue emocionante acoger el archivo Marín, con una documentación que recoge, con la misma maestría que en el resto de sus fotografías, la presencia en la vida política y social de los líderes del Partido Socialista en el primer tercio del siglo XX. Además, tuvo la sensibilidad de aceptar un material muy deteriorado y difícil de conservar, haciendo un esfuerzo reseñable en la catalogación de los negativos y el mantenimiento de los mismos en sus salas de conservación de papel. Y la Fundación Telefónica, que se embarcó en un proyecto, largo y costoso y del que esta exhibición no es más que la punta del iceberg, que oculta el trabajo silencioso, lento, pausado, cuidadoso y repetitivo de un equipo de profesionales de la fotografía y de la conservación de la misma, en labores de limpieza, digitalización, consolidación y restauración digital de los soportes fotográficos, trabajos sin los que sería imposible ver hoy la obra de Marín
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Los archivos se articulan técnicamente pero también en torno a las ideas que los explotan. Y hoy estamos ante una lectura desde la suplantación de la voluntad de un autor que no dejó instrucciones con respecto a cómo mostrarlo y qué imágenes.
Rafael Levenfeld y Valentín Vallhonrat son fotógrafos y los comisarios de la exposición «Marín».