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Letra Internacional 97 Letra Internacional

Marín

por Rafael Levenfeld y Valentín Vallhonrat
Letra Internacional nº 97, Invierno 2007

Número de páginas: 5
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Con estas imágenes nos adentramos en nuestro pasado iconográfico, donde muchas de las referencias visuales, aquellas que mejor explican quiénes somos o cuál es nuestra herencia, nos han sido negadas y, entretanto, hemos asistido a multitud de versiones literarias, cinematográficas, recuerdos, narraciones o semblanzas ilustradas con fotografías a las que se atribuyen significados que no son coherentes sin el contexto del que provienen. Los negativos de Marín han permanecido sin un espacio propio en el que poder ser observados. Sin textos y sin ruido. Todos los negativos, no sólo los de Marín, tienen una característica reseñable. No son más que una matriz intermedia, una parte de un proceso completo. Es raro que los negativos se consideren como imágenes mientras no se positiven. Y este pequeño matiz las ha mantenido a salvo de la utilización que han sufrido otros autores en compilaciones y fascículos de reciente publicación.
Es complicado no caer en el mismo error que señalamos y no efectuar un nuevo relato utilizando las imágenes del autor para desarrollar nuestro particular discurso. Hemos trabajado evitando una única lectura de los múltiples significados de los contenidos iconográficos y más, cuando sabemos que es tan difícil sustraerse de esa tentación.
Los trabajos del archivo Marín se han centrado inicialmente en la inspección de los artefactos encontrados y la información que de ellos se desprende: Una placa de cristal de 9 x 12 cm con una emulsión de 1919 no es lo mismo que una placa cuyo soporte es de nitrato de celulosa, fechada en 1932 y con una muesca de chasis muy distinta a la del cristal. La información que facilitan estos simples datos ofrece distintos significados y nos explica, por ejemplo, que un tipo de película y de cámara que sirve para hacer retratos estáticos, si evoluciona, permite años después, la posibilidad de fotografiar a gente corriendo.
Al mismo tiempo, se nos planteaba la necesidad urgente de aumentar los escasos datos que teníamos sobre el autor y su obra. ¿Quién era, por qué era fotógrafo, por qué existen estas fotografías? ¿Por qué son éstas y no otras? ¿Por qué casi todo está en negativo de cristal? ¿Por qué hay tan poco nitrato de celulosa? ¿Cómo eran los positivos? ¿Por qué no hay copias de papel que correspondan con el nuevo archivo encontrado? Estas son las incógnitas con las que hemos iniciado el trabajo y hemos dedicado un gran esfuerzo a eliminar muchas de las incertidumbres que nos plantean las fotografías. También hemos intentado detener la oxidación de las emulsiones, neutralizar la acidez de los cartones y retirar los carteles, lugares comunes y prejuicios que cuelgan de las fotografías y biografías del periodo, sustituyéndolos por datos. El extenso y profundo trabajo desarrollado por Ricardo González supone una gran aportación en la tarea de liberar a Marín, pero también a la generación de fotógrafos a la que pertenece, de los clichés y prejuicios que dominan y planean sobre este periodo.
SU OBRA
Mientras las grandes potencias occidentales se reparten África en Berlín, meses antes de la muerte del rey Alfonso XII nace en Madrid a finales de 1884 Luis Ramón Marín.
Será uno de los primeros fotógrafos en salir del estudio fotográfico para recorrer calles y registrar sucesos con la cámara. Para su trabajo en la prensa utiliza su segundo apellido, el de su madre, con el que firma mayoritariamente sus trabajos. Las mujeres fueron fundamentales en la vida de Luis Ramón, así que no es de extrañar su elección. Junto a sus compañeros de generación Díaz Casariego, Claret, Gaspar, Alfonso, Campúa y tantos otros, inventó el género de reportero, el oficio y la relación con las empresas periodísticas. Y con ellas, las relaciones laborales, los precios y la forma de trabajar. Construyeron, al fin y al cabo, un nuevo estilo de vida.
Hemos intentado mostrar con este análisis la singularidad de los contenidos de este riquísimo y complejo archivo, reflejo no tanto de la historia de España, de la que en alguna medida Marín es testigo, sino de la historia de un autor que vivió y fotografió la España de la primera mitad del siglo XX. Su expresión está en las fotos que fue capaz de hacer, moviéndose entre los temas que eran de utilidad para los medios gráficos y los contenidos que gustaba adquirir el público. Además están los temas de interés del fotógrafo, a veces muy distintos de los criterios del mercado. Su trabajo está lleno de una alegre energía, que contagia a los personajes que pueblan sus fotografías.
Su obra dibuja el perfil de un fotógrafo que vivía lo que hacía, más allá de quien fuera su cliente. La variedad de contenidos refleja la enorme vitalidad con la que llevó a cabo un sin fin de actividades. No sabemos si son la fotografía y sus contenidos lo que le aportó esta alegría a su vida, o si es al contrario. Nosotros pensamos que es su fabulosa capacidad para vivir intensamente la que imprimió carácter a su inmenso trabajo. Dinamismo que justifica y explica su necesidad en mecanizarse y su atracción por las máquinas. Marín estaba en todos los sitios. En coche, moto o avión, Marín fue capaz de fotografiar los más variados acontecimientos, uno tras otro.
(...)
PERIODISMO GRÁFICO Y FOTOGRAFÍA INDUSTRIAL
Como en la mayoría de los desarrollos profesionales, sus comienzos son lentos mientras perfecciona su técnica fotográfica, a la vez que encuentra los medios gráficos donde publicar y editar sus imágenes. En su primera década de oficio, el número de fotografías que entran a formar parte de su archivo no sobrepasa las trescientas cada año. Pero desde comienzos de los años 20 la producción de Marín se multiplica, así como los temas y los medios para los que trabaja. Por un lado continúa la colaboración con las revistas graficas, iniciadas en la década anterior: Mundo Gráfico , La Esfera o La Ilustración Española y Americana , y por otro, imprime un giro a su carrera, cuando comienza a trabajar en el diario Informaciones , en 1922. Durante cuatro años fue su principal fotógrafo, y publicó en él más de mil fotografías al año. En 1926 abandona el periódico y explora nuevas áreas de trabajo que requerirán un aumento de su producción. Por un lado, pasa de realizar diecisiete bodas en 1924 y veintitrés en 1925, a doscientas noventa y seis el año de su salida del periódico, trescientas veintinueve el año siguiente, cuatrocientas en 1930 y, a partir de este punto, se produce un continuado descenso hasta la guerra civil. También aumentan sus tomas aéreas, de unas pocas a comienzos de los años 20 a setenta en 1928 y cuatrocientas el año siguiente. Y es a finales de 1926 cuando entra a formar parte del proyecto de documentación industrial de la Compañía Telefónica Nacional de España, que acababa de fundarse en Madrid.
El encargo reunió a algunos de los mejores reporteros del momento. Junto a Marín se congregan Alfonso, Gaspar, Claret, Contreras y Vilaseca. Ninguno de ellos está habituado a la fotografía industrial, parte esencial del encargo, ya que es prácticamente desconocida en nuestro país [ 3 ] . Nuestro autor tampoco había trabajado en estos temas y solamente encontramos algún documento aislado en su producción previa, como las fotografías de las vistas de la Estación de Mediodía en 1911 o las instalaciones de la Fábrica de Gas de Madrid de 1917. Esta falta de experiencia ante la propuesta de Telefónica, no supuso un obstáculo para que este grupo de fotógrafos desplegara todo su saber y oficio. El conjunto de reporteros realizará un trabajo compacto y magistral sobre la industria, paisaje y acontecimientos de la compañía.
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NOTAS
  • [ 3 ]

    Tendríamos que retroceder al siglo XIX para encontrar un encargo colectivo de documentación sobre la ingeniería y obra pública. Clifford trabajó en la documentación de la traída del agua a Madrid, para el Canal de Isabel II. Laurent y Martínez Sánchez realizaron los álbumes de Obras Públicas, encargados por el ingeniero Lucio del Valle. A comienzos del siglo xx hay un caso aislado, el trabajo de Fernández Trujillo para Astilleros.


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