La aparición en la escena cultural de un autor es siempre motivo de celebraciones. El asunto que hoy nos toca tiene aromas especiales. El autor, Marín, no es un novel y sin embargo lo descubrimos en 2007. Su trabajo es redondo, sin fisuras, pero abierto y generoso, profundo, vasto, intenso. Como ven, todo calificativos que invitan a la celebración. Sin embargo, sus últimas fotografías son de los años 40 y han pasado más de 60 años desde entonces. Las primeras son de la primera década del siglo XX . Casi cien años de silencio. Algo impensable en el ámbito de la pintura y de la literatura, es posible en el de la fotografía. ¿Se imaginan un panorama literario en el que desde 1900 a 1940, nos hubiéramos conformado con la existencia de dos o tres autores? Un autor recuperado de la ignorancia y el olvido. Ya ven, cualidades colectivas. Menos mal que tenemos otras, que son las que han hecho posible que hoy forme parte de nuestro escenario cultural de 2007 y como decíamos, son las que hay que celebrar. Las primeras, no las perdamos de vista, pues afectan a toda una generación de fotógrafos, a la que perteneció Marín y que sufrieron y sufren todavía esa misma suerte. Esa mala suerte.
CELEBRACIÓN
En el año 2005 se presentó en Fundación Telefónica el proyecto
Transformaciones . Fue el resultado de un trabajo que ocupó media década, en la que se buscó, restauró y dio sentido a un conjunto de doce mil piezas fotográficas, entre negativos, copias en papel y álbumes, conservados durante ochenta años. Las fotografías, junto a la información documental que se había acumulado, fueron organizadas como archivo actualizado que una vez valorado su contenido, se transformó en un fondo fotográfico... Desde entonces forma parte de las colecciones de la Fundación Telefónica
[ 1 ] . De este modo se efectuó un recorrido en el que las fotografías pasaron de ser soportes iconográficos de las actividades de la compañía en un registro documental, a ser piezas de autor en una colección fotográfica.
Habían emergido en este proceso nombres importantes para la fotografía de los años 20, que ahora engrosaban la lista de autores en desuso y olvidados
[ 2 ] . Por tanto, al final de aquella fase del proyecto quedaban muchas tareas por concluir.
El grupo de fotógrafos que había producido el cuerpo documental del archivo de Telefónica, con la excepción del fotógrafo Alfonso, era casi desconocido, incluso en medios profesionales y académicos.
Los trabajos sobre la obra de Gaspar, Contreras y Vilaseca, Claret y Marín estaban pendientes. Requerían la continuación de las labores de búsqueda e investigación, que en aquel momento no estaban previstos, ya que existía un proyecto iniciado que preveía la recopilación e inventariado de la documentación gráfica que poseía la CTNE del periodo 1940-2000. Se revisaron alrededor de doscientas veinticinco mil fotografías y cuarenta y seis películas con un proyecto global de conservación, almacenaje y exhibición que incluyera estos nuevos fondos. Este nuevo plan quedó detenido y en reserva, en el momento en que confirmamos que los negativos de Marín habían sobrevivido.
El proyecto sobre Marín pasó a ser prioritario. En la Fundación Telefónica solo existían las pequeñas pruebas en papel que el autor había entregado como resultado del encargo documental que la Compañía le encomendó en los años 20. Habían quedado más de tres mil quinientos tirajes, pero no había negativos y los positivos mostraban características condicionadas por los medios de reproducción de la prensa de la época, ya que ese era su destino (se trataba de pruebas de escaso tamaño y ejecutadas con un contraste muy bajo). Al conocer la existencia de los negativos del autor, se valoraron algunos criterios, como el compromiso con el proyecto iniciado, la posibilidad de completar la documentación sobre el periodo fundacional de la telefonía española y la oportunidad única de recuperar a un fotógrafo del que conocíamos su grandeza a través de los registros que habían sobrevivido. Todo ello a pesar de que tuviéramos, al terminar el proyecto Transformaciones , tan pocos datos como los que aparecieron en el catálogo publicado con motivo de la exhibición:
«Marín. Fotógrafo madrileño con estudio en la cuesta de Santo domingo 7, 3º Madrid. Publicó sus trabajos en numerosos periódicos ilustrados desde la década de 1920, fundamentalmente en Mundo Grafico, de la mano de José Campúa».
El mismo equipo que ejecutó la recuperación del Archivo Histórico Fotográfico de la Compañía Telefónica comenzó los trabajos preparatorios junto a Lucía Ramón, hija del fotógrafo, su esposo Joaquín y su hijo, con la colaboración de los responsables de la Fundación Pablo Iglesias. Estos últimos habían recibido los negativos y demás documentación de manos de la familia. En una primera actuación por parte de la Fundación Pablo Iglesias, se desempaquetaron las cajas antiguas y se inventariaron los negativos, tanto los de cristal como los nitratos que habían sobrevivido en condiciones aceptables. Lamentablemente se destruyeron decenas de placas de nitrato descompuestas e irrecuperables: la pequeña parte del archivo que no sobrevivió el paso del tiempo. Los conservadores de la Fundación prosiguieron el trabajo de salvaguarda, cambiando los sobres y cartones en que se encontraban por contenedores libres de ácido. Se transfirieron los libros y anotaciones del autor a una base de datos y las nuevas cajas fueron almacenadas en armarios metálicos con temperatura y humedad relativa controladas. Y allí permaneció junto a los documentos y ejemplares de la prensa de la época que conserva.
A partir de este punto la Fundación Telefónica acomete la primera fase, trabajos de limpieza y análisis de contendidos que se desarrollaron simultáneamente. Los negativos tuvieron que ser reprografiados, para su consulta, sin esperar a su limpieza, digitalización y restauración definitiva. Estas labores están previstas hasta diciembre de 2008 y finalizarán con la elaboración de la base de datos completa sobre el autor, en la que se unirán los datos que obran en las dos Fundaciones.
Las doscientas cincuenta imágenes seleccionadas para la exposición, recorren los treinta y seis años de producción de Marín, están representados todos los temas que trató a lo largo de su vida y pretendemos que sea un recorrido por su obra e inevitablemente, como veremos también, por su vida.
Ciento veintitrés años más tarde, podemos presentarlo como un gran autor perteneciente a la generación de fotógrafos que comienza su trabajo al inicio del siglo xx y desaparece tras la guerra civil. Este es el proyecto fotográfico y vital de una figura fundamental para la historia de la fotografía española. Pieza esencial de ese amplio grupo de iniciadores del fotoperiodismo en España, que, tras el año 1939, fueron represaliados, abandonaron la fotografía o en muchos casos sufrieron la confiscación, destrucción y olvido de sus archivos. Sin embargo, hemos conocido algunas de estas imágenes, bajo el inexacto y terrible epígrafe de «anónimo », ilustrando historias de uno y otro signo, sin referencia a los autores. Triste destino. Este es un caduco pero extendido modo de entender la fotografía del pasado, la «fotografía de archivo» como documento auxiliar para todo uso y vehículo al que adherir significados.