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Letra Internacional 96 Letra Internacional

La derecha en transición

por Ludolfo Paramio
Letra Internacional nº 96, Otoño 2007

Número de páginas: 3
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En un escenario de crecimiento del desempleo, hasta niveles muy altos para las sociedades de la Europa desarrollada, las reformas del mercado de trabajo y de las pensiones se han vivido, lógicamente, como amenazas graves para el futuro de muchas familias. Ciertamente menos graves que en otras sociedades con menores niveles de riqueza y que no han conocido nada equivalente al Estado de bienestar de la Europa continental, pero aun así muy inquietantes. La incertidumbre sobre el futuro ha creado así un fuerte descontento de los ciudadanos frente a los gobiernos.
Este descontento se ha relacionado con la globalización de la economía. En el caso de Estados Unidos las importaciones de Asia, y en particular de China, se han convertido en el símbolo de la amenaza externa a los puestos de trabajo en la industria, pese a la buena evolución del empleo. En Europa, en cambio, las deslocalizaciones hacia Asia y Europa del Este, y no ya las importaciones, se perciben como la principal causa de la pérdida de empleo industrial. En los años pasados, en los que la economía de Europa occidental no crecía y el paro aumentaba, esa percepción se ha traducido en resistencia contra la ampliación de la Unión Europea, lo que contribuyó al rechazo del proyecto de Constitución de la UE en Francia y Holanda.
Más allá de las consecuencias electorales, este clima ha llevado a los gobiernos a tratar de reformar las economías sin llegar a confrontaciones duras con los sindicatos y la sociedad en general. El ánimo beligerante que caracterizó a Margaret Thatcher es hoy poco imaginable en ningún gobierno (conservador) de Europa occidental. La dificultad de formar gobierno con un programa de confrontación social, por razones de aritmética parlamentaria es sólo una parte del problema. El presidente Chirac, con una amplia mayoría favorable en el Parlamento, no quiso dar continuidad a los intentos de reformas que provocaron mayor contestación social durante su mandato.
¿ HACIA EL CENTRO ?
Durante el último año se ha producido un hecho muy importante: la economía europea ha vuelto a crecer, y a hacerlo por encima de la economía norteamericana. Los economistas lo explican, en parte, como efecto acumulado de las reformas graduales que los gobiernos han llevado a cabo en años anteriores, y que en su momento fueron vistas como insuficientes. Es bastante probable que esta explicación contribuya a que los gobernantes prefieran seguir en lo sucesivo esa misma línea de reformas graduales y en lo posible pactadas con los agentes sociales, y que descarten un big bang de reformas al precio de un fuerte enfrentamiento social.
El caso más evidente es el alemán. Schröder hizo reformas costosas e impopulares, y Merkel ha buscado negociar nuevas reformas, especialmente la de sanidad. En el nuevo clima de optimismo económico, esa vía gradual puede ser más fácilmente transitable contribuir a reforzar el optimismo. Lo esperable es, por tanto, que mientras el SPD sigue asumiendo el desgaste político por las reformas anteriores, Merkel vea aumentar su popularidad. Y si los socialdemócratas abandonan el gobierno de coalición, es probable que la democracia cristiana de Merkel obtenga amplio respaldo en unas nuevas elecciones.
La gran incógnita en el actual contexto europeo es Francia del presidente Sarkozy. Con muy buen sentido político, ha pospuesto las reformas que afectan a las relaciones laborales a fechas posteriores a las elecciones legislativas de junio, ha pedido a los sindicatos un acuerdo sobre estas reformas, y ha nombrado a personalidades de izquierda y de centro en su gobierno.
Su idea puede ser cargarse de razón y revalidar su mayoría parlamentaria antes de pensar en una confrontación social, que se pospondría hasta finales de este año. Pero también puede buscar simplemente llegar a negociación en una situación de fuerza. Ahora bien, incluso suponiendo que Sarkozy se proponga reformas neoliberales de cierta dureza, es muy poco probable que se convierta en nueva referencia para la derecha europea, dada su posición internacional proteccionista antiliberal.
Quizá es significativo que los conservadores suecos hayan ganado las elecciones de septiembre de 2006 con un programa liberalizador pero muy centrista. O que el nuevo líder conservador británico, David Cameron, esté llevando a su partido hacia el centro incluso, en algunos casos, a desbordar la agenda social del gobierno laborista. Se podría pensar que, tras años de retórica neoliberal sin buenos resultados electorales ni grandes éxitos en la gestión del gobierno, la derecha europea está aproximándose a un nuevo consenso centrista.
La paradoja es que esta evolución no sería consecuencia de una nueva fuerza ideológica o política de izquierda, sino de la esperable resistencia social ante reformas demasiado audaces, cuyos supuestos beneficios se verían en el futuro pero cuyos costes deberían asumirse de inmediato. Desaparecidas las urgencias de los años de estancamiento, y vistas las posibilidades de éxito de las reformas pactadas y no traumáticas, derecha puede estar asumiendo de nuevo el modelo social europeo como propio, al igual que lo hizo en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
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