La capacidad de generar la controversia y hasta el disenso, en el marco de ese «aire de familia» que permite el entendimiento y otorga la cultura, es uno de los valores reconocibles de la diversidad iberoamericana. El desafío es construir nuevos instrumentos con el lenguaje de la diversidad. Un ejemplo de reciente construcción que objetiva ese «aire de familia», es el primer Diccionario panhispánico de dudas , un cuerpo de expresiones que estaban diseminadas, recuperadas ahora por todas las Academias de la Lengua para nuestro reconocimiento y uso.
Las Cumbres iberoamericanas han abierto, en Salamanca, una nueva etapa. En un reciente reportaje, Enrique Iglesias, ante la inquietud del entrevistador, que deseaba escuchar las ideas nuevas que el flamante Secretario General Iberoamericano se reservaba para ¿revitalizar? ¿renovar? el ¿decaído? impulso iberoamericano, contestaba, desplegando una gran dosis de sentido común (cito la idea): no vamos a inventar nada, todo que hay es lo que ya está, no tenemos más que creer en ello y ponernos de acuerdo para que funcione correctamente.
Creer y ponernos de acuerdo. ¿Y si empezamos por la cultura?