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Letra Internacional 87 Letra Internacional

Rabia a los libros

por George Steiner
Letra Internacional nº 87, verano 2005

Número de páginas: 7
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Después de pasar horas, días y semanas leyendo, aprendiendo de memoria y explicándonos y explicando a otros una de las trascendentales odas de Horacio, un canto del Infierno, los actos II y IV del Rey Lear o las páginas de la muerte de Bergotte en la novela de Proust, regresamos a nuestros pequeños asuntos domésticos e insignificantes. Pero continuamos atrapados. El grito de la calle resuena lejos de nuestros oídos, como si nunca lo hubiéramos percibido. Nos habla de una realidad perturbadora, contingente, vulgar y transitoria, imposible de comparar con la que llevamos en la conciencia. ¿Qué vale ese grito de la calle en comparación con el de Lear a Cordelia o con el del Acab atado a su demonio blanco? Miles, cientos de miles de personas mueren todos los días en las pantallas de televisión de un mundo aséptico en su absoluta monotonía. La destrucción de unas estatuas lejanas por unos afganos fanáticos o la mutilación de una obra maestra en un museo nos hieren en el alma. El erudito, el verdadero lector, el artífice del libro está saturado por la intensidad terrible de la ficción. Su formación lo predispone a identificarse profundamente sólo con las realidades textuales, con la ficción. Esa educación, esa atención llevada a sus antenas y a sus órganos de empatía -cuyo alcance nunca es infinito- puede dañar su relación con lo que Freud llamaba el «principio de realidad».
Podría darse entonces la paradoja de que el cultivo y la práctica de las humanidades, la frecuentación del libro en dosis muy elevadas y el estudio fueran factores de deshumanización. Quizá dificultan nuestra respuesta activa a una realidad política o social grave, nuestro compromiso total con las realidades circunstanciales.
Un viento ligero y frío de inhumanidad sopla en la torre de libros de Montaigne, en las reglas de Yeats, según las cuales el hombre debe elegir entre la perfección de la vida y la de la obra, en la certeza de Wagner de no deber nada a quienes lo ayudaron en vida porque su sola presencia en las notas a la biografía del maestro los haría inmortales.
En mi calidad de profesor, para el que la literatura, la filosofía, la música y las artes son la materia misma de la vida, ¿cómo puedo traducir para mí esa necesidad en una lucidez moral, consciente de las carencias humanas, de la injusticia que hace posible a este punto una cultura tan elevada? Las torres que nos aislan son más sólidas que el marfil. No conozco una respuesta satisfactoria a esa pregunta.
Sin embargo, convendría encontrarla si queremos merecer el privilegio de nuestras pasiones y sostener de nuevo en las manos el milagro de un nuevo libro - Cui dono lepidum novum libellum?, preguntaba Catulo-; y si al fin deseamos tomar parte, aunque sea modestamente, en la altivez nostálgica que impregna su ruego: Quod, o patrona virgo/plus uno maneat perenne saeclo («¡Oh, Musa, permítenos vivir aún un siglo o dos!»).
Número de páginas: 7
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