En definitiva, y como numerosos documentos de la U E han constatado,
en un mundo de aparente abundancia y proliferación de la comunicación
como el que ha comenzado a construirse, en una proclamada sociedad de la
información en donde esta última es un elemento estratégico
de primer orden, el servicio público integral en la radiotelevisión
no sólo continúa siendo necesario sino que se ha convertido
en un elemento cardinal del Estado de Bienestar, como la sanidad, las pensiones
de jubilación o la educación con la que comparte muchas articulaciones
(Calabrese/Burgelmann, 1999). En resumidas cuentas, si no hay acceso general
a la información y la comunicación de calidad no es posible
defender, ni siquiera teóricamente, el mito fundador de la igualdad
de oportunidades que basamenta toda democracia. Pero su realización
efectiva y su peso referencial han de estar basados tanto en la independencia
y el pluralismo del servicio público como en la autonomía
financiera que sólo el dinero público puede asegurar. Lo que
no resulta incompatible -en tiempos de crisis fiscal del Estado- con una
captación publicitaria voluntariamente autolimitada, por debajo siempre
de lo que su propia tasa de audiencia permitiría acopiar y extremadamente
cuidada en fórmulas y tiempos, compatibles siempre con su naturaleza
esencial (Moragas y Prado, 2000).
EL SECRETO RESIDE EN EL EQUILIBRIO
No ignoro las polémicas y realidades que han marcado el sistema
televisivo y comunicativo de los países latinoamericanos. Y debo
expresar por anticipado mi respeto a sus peculiares dinámicas e incluso
mi admiración hacia algunas originales construcciones de partida,
como el sistema chileno. De forma que la salvaguarda del servicio público
debe adoptar en cada país una forma peculiar, adecuada a sus tradiciones
y sus realidades, más allá de un aparato estatal y centralizado
como en la mayor parte de los países europeos, difícil de
crear o restaurar ya en muchos otros países. Trascendiendo estas
experiencias y especificidades nacionales, podríamos asegurar que
el secreto común a todos los sistemas comunicativos y culturales
ricos reside en el equilibrio y en la armonía no sólo entre
competidores, entre grandes grupos y medianas empresas, entre medios nacionales
y locales, sino también entre el mercado y el no-mercado, y por tanto
entre la financiación publicitaria y la pública. Esa podría
ser la conclusión más destacada de dos investigaciones que
he llevado a cabo con un amplio equipo los últimos tres años
en los campos más destacados de la cultura y la comunicación,
incluyendo los preparativos para su transición al mundo digital (ver
Bustamante, 2002 y Bustamante, 2003).
Así, en el sistema de radiodifusión ese equilibrio debería
concretarse no sólo en unas televisiones públicas fuertes,
sino también en unas cadenas privadas saneadas y estables que colaboren
a la producción audiovisual y cultural, a la identidad cultural y
el enriquecimiento del espacio público. Pero para ello, además
del acceso a un mercado publicitario suficiente ha de existir una regulación
que garantice la competencia transparente y efectiva entre sí y con
el servicio público, el pluralismo real en su seno, la diversidad
de elección del usuario, los derechos del consumidor En primer lugar
porque la comunicación social, y los medios electrónicos en
particular no resultan asimilables a cualquier otro mercado y porque las
empresas privadas usufructúan un bien público como las ondas
que debe ser compensado por normas sobre la publicidad, la información,
la producción independiente, el derecho de réplica Además,
y como en tantas otros mercados crecientemente complejos, pero mucho más
en sectores políticamente tan sensibles, sólo la consolidación
de autoridades de regulación auténticamente autónomas
y potentes pueden asegurar esa reproducción armónica del sistema,
con competencias sobre las cadenas públicas y privadas, por encima
de toda sospecha. En fin, la DTT o televisión digital terrestre constituye
una ocasión única para asegurar ese equilibrio hacia el futuro,
a condición de situarla como motor de la renovación de la
televisión abierta y gratuita, y de repartir programas y múltiples
de forma equitativa entre canales públicos y privados (Bustamante,
2003).
Mutatis mutandi, esa línea es extensible al conjunto de
las Industrias Culturales en donde las nuevas redes y soportes digitales
brindan una ocasión de oro para reformar la comunicación y
la cultura en un sentido de profundización de la democracia al tiempo
que como sectores punteros de la creación de riqueza y de empleo.
A condición, naturalmente, de que lo público lidere una transición
en beneficio del interés general, con nuevas políticas públicas
unificadas y coherentes de cultura y comunicación.
Construir y mantener ese sistema de contrapesos y equilibrios no es ciertamente
fácil. Traducirlo y consolidarlo en el nuevo entorno digital que
está naciendo es un desafío más complejo aún.
Pero de ese reto depende algo tan vital para nuestro porvenir como el crecimiento
económico y el destino del espacio público democrático.
En definitiva, la articulación entre economía y democracia
en la comunicación y la cultura sigue estando en la raíz de
una opción básica: la elección del modelo de sociedad
y de desarrollo que cada país debe decidir. l
REFERENCIAS:
-Achille, Yves (1997), «Marchandisation des industries culturelles
et développement d´une réproculture», Sciences
de Société, nº 40, Toulouse.
-BBC (1999), The BBC Beyond 2000, (www.bbc.uk).
-Bustamante, Enrique (1999), La televisión económica,
Gedisa, Barcelona.
-Bustamante, Enrique (coord.) (2002), Comunicación y cultura
en la era digital. Industrias, mercados y diversidad en España,
Gedisa, Barcelona.
-Enrique Bustamante (coord.), (2003), Hacia un nuevo sistema mundial
de comunicación. Las industrias culturales en la era digital,
Gedisa, Barcelona.
-Calabrese, Andre, y Jean Claude Burgelmann (comps.) (1999), Communication,
Citizenship and Rethinking of the Welfare State Social Policy, Rowman
& Littlefield, Maryland.
-Escobar, Guillermo (2003), «Regu-la-ciones y déficit de
una profesión emblemática: el derecho de los periodistas»,
Telos, nº 54, enero-marzo, Madrid.
-Moragas, Miquel y Emilio Prado (2000), La televisió pública
a l´era digital, Barcelona, Portic.
-Rieffel, Rémy (2001), «¿Hacia un pe-rio-dismo móvil
y polivalente?»,Quaderni, Nº 44/45, otoño, París.