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Letra Internacional 79 Letra Internacional

Vicios nocturnos: la lectura de diarios

por Jorge Herralde
Letra Internacional nº 79

Número de páginas: 5
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Uno es el de Jesús Aguirre, a quien conocí ya en su primer año de incorporación a la editorial Taurus, que tan bien dirigió durante unos años. Le propuse presentar el primer Premio Anagrama de Ensayo otorgado a La estética sin herejías de Xavier Rubert de Ventós. Aceptó con algún comentario apenas mordaz, bien comprensible: al fin y al cabo éramos competidores en un mismo territorio, el ensayo. Tras la presentación, obviamente brillante, durante la cena salió el tema de unos diarios, minuciosísimos, dijo, en los que cada noche transcribía los hechos más relevantes de la jornada y reflexiones sin duda punzantes, por cuya publicación me interesé de inmediato. Cuando Jesús se endosó, tan cumplidamente, el disfraz de Duque de Alba, mis esperanzas, ya remotas, se desvanecieron. Aun así, a propósito de la correspondencia que sostuvimos acerca de un proyecto editorial, le reiteré, de forma ritual y como de paso, mi interés. Y, con su sorna característica, me escribió que, como máximo, podría ofrecerme el índice de nombres. Apunto aquí la existencia o posible existencia de esos diarios, podría tratarse de un documento de singular interés sobre la España de las últimas décadas.
El otro diario inédito es el del gran escritor argentino Ricardo Piglia. Se trata de un diario que el autor califica de monstruoso, iniciado en 1957, a los 17 años. Un diario que le sirve, entre otras cosas, de cantera. Y, sostiene Piglia, todo lo que ha publicado hasta ahora es simplemente una coartada para poder editar finalmente este diario sin problemas. Al escribir esto he recordado un texto del novelista israelí David Grossman, en un diario que empezó a raíz de los atentados del 11 de septiembre: &laqno;Han pasado varios meses desde que terminé mi última novela y sentía cómo el hecho de no escribir me influía para mal. Cuando no escribo tengo la sensación de que no entiendo realmente nada, de que todo lo que me pasa, todo lo que ocurre y todas mis relaciones con las personas son hechos que tan sólo están "uno al lado del otro", sin ningún contacto pleno entre ellos. En cambio, desde que he vuelto a escribir todo se va hilando de repente». Aunque, como visión completamente opuesta respecto al impulso de escribir Diarios, hace poco Roger Grenier, el más veterano colaborador de la editorial Gallimard, desde 1964, y también escritor, afirmaba: &laqno;En cuanto a llevar un diario, es insoportable. ¡Es como recorrer el mundo con una cámara fotográfica!».
 
LOS DIARIOS DE UN EDITOR: EDMUND BUCHET
Terminaré, deformación profesional obliga, comentando los diarios de un editor. Al revés que sus colegas españoles, los editores franceses son muy propensos a escribir memorias. Sin pretensiones exhaustivas, en mi librería están las de Robert Laffont, José Corti, Pierre Belfond, Maurice Girodias, Françoise Verny, Hubert Nyssen, Eric Losfeld, Maurice Nadeau, Pierre Bordas, Gérard Guégan. Uno echa de menos las de Gaston Gallimard, pero la tradicional opacidad de la maison Gallimard queda iluminada por la gran biografía del fundador de la dinastía a cargo de Pierre Assouline, y por la propia correspondencia de Gaston Gallimard con varios de sus más grandes escritores -como Proust, Claudel y Céline-, donde el editor se revela como un negociador correoso con guantes de terciopelo... y con una paciencia infinita.
Pero, además de tantas memorias, biografías, estudios, etcétera, hace poco encontré una rareza, una pieza única, una joya: los diarios de un editor, que se publicó en 1969 y se ha reeditado en junio de 2001. Se llama Les auteurs de ma vie, su autor es Edmund Buchet, fundador de la editorial Buchet Chastel, una editorial independiente que dirigió con acierto desde 1935 hasta 1968. Una editorial muy prestigiosa que lanzó en Francia, entre otros, a Lawrence Durrell, Henry Miller y Carl Gustav Jung, autores franceses como Roger Vailland, Maurice Sachs y Charles Plisnier, una colección, &laqno;Páginas inmortales», con selección de textos de Mauriac, Gide, Mann y otros clásicos, y otra colección, Música, de gran prestigio. El propio Buchet fue novelista y autor de estudios sobre Beethoven y Bach. Edmund Buchet nos advierte en su prólogo que este diario, una selección de uno más amplio y más íntimo, no lo escribió para su publicación. De ahí, dice el autor, sus debilidades y también su interés, que reside en primer lugar en su autenticidad. Buchet nos brinda un panorama de más de cincuenta años, con una información excelente, escrito sin ningún afán pedagógico, pero como en passant nos ilustra nítidamente acerca de los entramados de la cultura, la literatura y la edición francesas.
Es un diario tan sugerente que hubiera merecido dedicarle una ponencia monográfica. Me limitaré a mencionar alguno de sus aspectos más significativos.
1) Una situación excepcional: la responsabilidad moral y penal de los escritores que colaboran con los nazis en la Francia ocupada y también de los editores. El tema de los escritores está marcado por el suicidio de Drieu La Rochelle y el juicio y la ejecución de Robert Brasillach. El caso editorial es complejo y confuso. Muchos editores colaboraron con los nazis, con Denoël y Grasset a la cabeza. Denoël fue asesinado en la calle en 1946 y las ediciones Grasset fueron disueltas en 1948. Buchet Chastel formó parte del grupo de editoriales &laqno;que se mantuvieron dignas durante la Ocupación», según la fórmula que se adoptó en la época, como nos recuerda el autor; un grupo poco numeroso y en el que se echa de menos más de un nombre sonoro de la edición francesa. Como contrapunto, durante la ocupación alemana se fundó una mítica editorial resistente: las Éditions de Minuit.
2) Los caprichos de la suerte: Gaston Gallimard le cuenta que el mayor éxito comercial de la editorial fue Lo que el viento se llevó, que había sido rechazado por su comité de lectura, pero que luego pudo repescarlo de Hachette. Al igual que Proust, su mayor éxito literario, también otro rechazo y otra repesca, en este caso de Grasset.
3) La visión literaria de un editor: Buchet afirma, en 1956, que Borges y Alejo Carpentier (a quién él no publica) son los dos mejores escritores latinoamericanos. Y tiene el acierto de fichar, en 1949, a un joven crítico, Maurice Nadeau, que publicará en su colección Bajo el volcán de Malcolm Lowry, una de las joyas de la corona de la casa.
4) El oficio de editor: uno de sus méritos es el de &laqno;haber cultivado el gusto por la lucha», escribe en 1960, ya con mucha lucha detrás. También anota, en 1965, suspirando: &laqno;¡Qué oficio!», y su secretaria replica: &laqno;Y sin embargo no querría usted tener ningún otro». Y una norma que yo también procuro seguir: &laqno;En principio, no recibo jamás a los autores antes de leer su manuscrito».
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