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La cultura pasa por aquí
Letra Internacional 83 Letra Internacional

En el exterior de la cultura

por Alberto García Ferrer
Letra Internacional nº 83, verano 2004

Número de páginas: 3
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Debemos ser flexibles y persistentes para trabajar en la búsqueda de respuestas no habituales y ponerlas en juego. Encontrar otros enfoques y asumir también la cuota de riesgo que significa optar por respuestas creativas. En el escenario de incertidumbres ¡afortunadamente!, señalaría Wallerstein- que caracteriza el horizonte de nuestras sociedades, hay una dirección del pensamiento y dos ideas sencillas en las que deberíamos trabajar con voluntad de persistencia.
La primera idea es que en el cine, como en la cultura, tenemos que trabajar con tiempos y horizontes amplios si queremos construir algo consistente. Si deseamos y tenemos la voluntad de construir, a secas. Las prisas encubren el miedo -paralizante aunque razonable - de esa parte del cine que descansa en una industria frágil y en una economía caprichosa.
La segunda idea es la integración. Integración vertical y horizontal. Integrar enfoques similares de la cultura y de la creación. Integrar un espacio común para el ejercicio y el disfrute de nuestras cinematografías. Francisco Weffort decía, durante una reunión en Río, en abril del 2002, que «debemos reconocer que con un quince por ciento del mercado no hacemos una industria del cine». El entonces ministro de Cultura de Brasil hacia referencia al porcentaje en el que se mueven ¡las más exitosas! de nuestras cinematografías en su mercado local. La consecuencia que extraía era la obligada construcción de un espacio común no sólo iberoamericano sino tal vez latino, sumando a Francia y seguramente a Italia.
Integrar verticalmente todos los ámbitos en los que es necesario operar y que operan en la construcción de audiencias de nuestros cines. Integrarlos significa analizar las partes, comprender que integran un único sistema de vasos comunicantes y proponer acciones que hagan avanzar al conjunto. Todos sabemos que el cine participa del mundo industrial y del ámbito de la cultura. Sabemos que es muy ingenuo pensar que basta sólo con producir, y sabemos también que producir cine no es homologable a cualquier otra producción industrial seriada. La distribución es esencial, pero obviamente, no resuelve por sí sola el problema. Una adecuada promoción es necesaria pero resulta insuficiente para establecer un cierto nivel de ¿presencia? de nuestros cines en nuestras ventanas. Y concluiremos también que con el abordaje de estos tres componentes -centrales en la comprensión industrial del cine- no resolvemos los problemas de nuestros cines. ¿Hemos mirado suficientemente las múltiples parcelas que construyen el ámbito cultural del cine?
¿Qué hemos hecho, con una visión integradora y solidaria, en el campo de la formación, la educación, los medios, la crítica especializada, la televisión, las normativas, la legislación, el patrimonio cultural cinematográfico y audiovisual, la investigación, los festivales, asociaciones y colectivos especializados, las alianzas...?
Insistir en que todo se reduce al dinero del que se dispone para hacer una película ha demostrado ser un argumento insuficiente a lo largo de décadas. Si insistimos en mirar el problema desde ese ángulo nos perdemos en el bosque, porque somos incapaces de ver el conjunto, deslumbrados por el álamo carolina que tenemos delante. Lo paradójico es que al hacerlo asumimos la ficción de mirar el problema desde la proa del acorazado. Nos vemos a nosotros mismos, pequeños y frágiles, en la bahía. Y proponemos las soluciones del acorazado porque reproducimos su punto de vista. Un círculo vicioso.
Durante décadas hemos ¿subestimado? todos los ámbitos que constituyen el espacio de la cultura. En este caso, de la cultura cinematográfica. Es necesario retomarlos y trabajar en ellos. ¿Llegaremos a la conclusión de que construyendo nuestras audiencias ganaremos el mercado? No parece lo mismo mirar nuestros cines desde la frialdad de la taquilla que construirlos desde el calor de las butacas. Parece una obviedad pero no lo es. Pensar desde la taquilla es concebir el cine como un puro recurso contable. Y como puro recurso contable, la producción cultural y sobre todo el cine, carecen de futuro. Si pensamos en nuestras audiencias pensamos en sujetos, que son el centro de una verdadera política cultural.
Desde la Cumbre Iberoamericana de Bariloche de 1995, en que el proyecto Ibermedia fue aprobado para su desarrollo como programa, poco se ha avanzado en el diseño de nuevas propuestas integradoras que contribuyan a consolidar el espacio común del cine y la creación audiovisual. La sociedad civil, que acogió con entusiasmo el programa, ha sido más activa que las administraciones públicas que, en general, no han generado iniciativas y propuestas.
Otra experiencia diseñada con carácter integrador, nacida del impulso tecnológico que significó la puesta en órbita del satélite Hispasat, languidece sin una efectiva dirección que le permita ser un instrumento de la integración de ese espacio, sin llegar a ser tampoco -por razones que, por extensas, no vamos a analizar aquí- un efectivo vehículo para el desarrollo educativo. Seguimos sin contar con un canal de difusión por satélite de las ficciones y la producción audiovisual iberoamericana y, ¿por qué no?, latina.
La defensa de la libertad del ciudadano como fruidor de cultura, pasa por el pleno ejercicio de su derecho a la diversidad, al ejercicio de la libertad de elegir, al estímulo y la multiplicación de la creación. En ello debe empeñarse una política cultural que entienda que la construcción de audiencias ricas, con acceso a la diversidad, no cautivas del acorazado vigilante, recoge en la plástica, la música, el cine, el libro y hasta en el patrimonio cultural las expectativas de una sociedad que aspira a ser creativa, informada, dialogante y abierta a las múltiples relaciones interculturales.
Desplazar el paradigma mercantil y la mezquina visión del arte como refugio de la inversión en tiempo de crisis, que ha tendido un manto empobrecedor y una visión insolidaria sobre nuestra cultura. Y rehacer el diálogo intercultural. Dos tareas inmediatas e impostergables para reconstruir una cultura viva en un mundo que necesita con urgencia construir (y, en su caso, reconstruir) puentes.
Probablemente en ese aspecto deba basarse, en lo inmediato, el más intenso aporte de la cooperación cultural española para contribuir a restablecer mucho de lo perdido en el último lustro como nación, como sociedad y como habitantes solidarios de un mundo común.
Número de páginas: 3
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