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Letra Internacional 106 Letra Internacional

Recordando a Luis Martín-Santos

por Enrique Múgica
Letra Internacional nº 106, Primavera 2010

Número de páginas: 3
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Voy concluyendo. Poco antes de su muerte, en un seminario organizado por José María Castellet en Barcelona sobre la nueva novela española, Martín-Santos, ya desde una enorme calidad intelectual reconocida, manifiesta que la literatura ha de cumplir dos finalidades: primero, la descripción de una realidad social, y segundo, la creación de una mitología, o si se quiere de una serie de modelos dialécticos para uso de la sociedad a la que esa literatura va dirigida. En ambas funciones, la literatura pretende configurarse como instrumento de transformación social. En cuanto a la vertiente descriptiva, es preciso poner el dedo en la llaga de situaciones repudiables, lo que suscita, además, la toma de conciencia sobre las mismas. Esa es, si se quiere, su dimensión militante al escribir la novela. Pero ya desde esa misma perspectiva se inicia el camino de transformación de la realidad, una realidad previamente diagnosticada con una radiografía tan precisa como resulte posible. Aunque sea de manera inconsciente, Martín-Santos no puede prescindir del todo de su profesión de médico. Después, afirma algo que llama la atención. Habla de la creación de una mitología enajenada, o bien de una mitología progresista. Desde la óptica de una mitología enajenada, la literatura no es válida porque esa enajenación encubre la realidad impuesta. Una realidad que hay que combatir porque dificulta el diagnóstico y, por ende, la terapia. Por el contrario en el marco de una mitología progresista, la literatura, aun con ciertas reservas, puede asumirla como pauta de realización. Es decir, aquí Luis Martín-Santos, que no fue marxista aunque asumió elementos importantes de marxismo -sobre todo por la influencia de Lukacs, el pensador húngaro autor de Historia y conciencia de clase, una obra muy estudiada por él-, y considerando que escribe a finales de los años 50, plantea la sociedad como un espacio en el que esa mitología progresista de la que venimos hablando es capaz de convertir al proletariado, que pasa de ser una «clase en sí» a ser una «clase para sí» o, lo que es lo mismo, una clase revolucionaria.
Esta mitología progresista es la que Luis se fija como importante elemento de su literatura. De este modo, al término de su periplo cultural pretende superar el realismo social encaminándose a lo que él llamó «un realismo dialéctico», capaz de integrar la tradición existencialista, las vanguardias literarias, y la obra de creadores como Joyce o Kafka.
Y cuando Luis Martín-Santos, en plena posesión de todos estos instrumentos culturales, con un refinamiento, con una brillantez y un apasionamiento singulares, va a convertirse en uno de los hombres determinantes de la cultura y de la política socialista, sobreviene aquél trágico accidente en enero de 1964, cerca de Vitoria, que continúa entristeciéndonos a sus amigos y a cuantos amamos la literatura y la libertad.
Enrique Múgica es Defensor del Pueblo.
 
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