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Letra Internacional 105 Letra Internacional

40 días en España

por Carlos García Santa Cecilia
Letra Internacional nº 105, Invierno 2009

Número de páginas: 5
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Los temores del corresponsal para la trasmisión de sus crónicas se confirmaron y podemos constatar que, al menos en este aspecto, eligió el bando equivocado. A tenor de lo que indica Bolín, tampoco había mucho interés por parte de las autoridades franquistas en facilitar las comunicaciones: «Los mayores obstáculos con que tropezaron los corresponsales agregados a nuestro ejército fueron los motivados por las dificultades técnicas para la trasmisión telegráfica de sus despachos en el tiempo mínimo requerido para su más rápida aparición». Madrid controlaba las comunicaciones telefónicas con el exterior, imposibles en la zona nacional. Los cables de Málaga y Bilbao estuvieron en manos republicanas hasta 1937 y llegar al de Vigo desde el centro del país era lento y difícil. «Puede que tuviéramos más empeño» concluye Bolín, «en ganar la guerra que en hacer creer a otros que íbamos a ganarla».
TRANSCRIPCIÓN
Burgos, 26 Oct. [1936]
Querido amigo!
Estoy recorriendo en auto el frente norte desde hace una semana. Mañana salgo para
Irún y San Sebastián. Le escribo en fr.[ancés] para que esta tarjeta pueda pasar.
No puedo escribir detalles; le envío tres artículos más. Conservo las copias. Vuelvo
a Salamanca en tres días y desde allí haré en auto el frente sur -y esperaré la toma
de M. [adrid]
Queda bien!
Tras su recorrido por el frente norte, Kazantzakis regresa a Salamanca. Su intención es visitar su querida ciudad de Toledo y ser testigo de la tan anunciada toma de Madrid. El día 30 de octubre está fechado el salvoconducto que firma el coronel Francisco Martín Moreno, Jefe de Estado Mayor, y no Francisco Franco, como señala Kazantzakis en su libro. En la Oficina de Prensa de Salamanca, este corresponsal, clasificado como «literario», es registrado con el número 22 y se le permite entrar en Madrid acompañado de un oficial de Prensa.
El ánimo de los sublevados es de euforia y nadie duda -ni siquiera el Gobierno republicano, que partirá para Valencia- de que la caída de la capital es inminente. Es ahora, y no en la primera visita al cerco de Madrid, cuando el corresponsal consigue llegar a su querida ciudad de Toledo, objetivo principal de sus anteriores viajes a España, tras las huellas de El Greco, cretense como él. Encuentra una ciudad derruida, «fantasma», un mes después de la «liberación». En su libro Viajando: España, cuyo apartado sobre la Guerra Civil suele llevar el subtítulo de Viva la muerte, dedica amplio espacio a sus reflexiones sobre la barbarie de la confrontación, así como a detallar la legendaria resistencia del coronel Moscardó y sus hombres, con abundantes testimonios y algunos episodios que posteriormente se demostraron inexactos y manipulados [ 12 ] . «El Toledo actual», escribe, «al perfeccionarse gracias a las explosiones y a las bombas, se asemejaba tanto a las visiones de El Greco que al vagar bajo sus orgullosas y porfiadas murallas, cubiertas de cicatrices de guerra, me pareció estar flotando dentro de un cuadro suyo» [ 13 ] . Es muy probable que pertenezca a estos días la fotografía (la única durante la guerra civil española) en la que se le ve minúsculo y difuso en la ciudad junto a una enorme montaña de ruinas.
Pero debemos seguir al Kazantzakis corresponsal de guerra. Ante la proximidad de la batalla final de Madrid, se traslada de nuevo al frente. El 5 de noviembre llega a Getafe «pocas horas después de la conquista». Esta crónica no está en su libro posterior (salvo la transcripción de la carta) y ejemplifica a la perfección su labor periodística. La desolación de la ciudad «todavía caliente por el abrazo violento», la intensidad de los testimonios y, sobre todo, la emotividad de la carta que recoge de un abrigo manchado de sangre, construyen uno de los mejores reportajes escritos sobre la guerra civil española. La conclusión: «¿Es una carta roja o negra? ¿Quién lo sabe?...», resume el espíritu de que le condujo a España [ 14 ] .
A su regreso, según el libro de Eleni, se llevó lo que denominaba «los regalos españoles», la bandera ensangrentada y una foto de una niña vestida de campesina junto a un niño más pequeño, que podemos ver en estas páginas por vez primera en España, con una anotación en el reverso: «5 de noviembre de 1936. La encontré en las trincheras de Getafe, al día siguiente de su conquista por los nacionales, en un abrigo». Eleni dice erróneamente que la foto es de la mujer del soldado muerto, Francisco López, y de su hija Carmencita, cuando sólo aparece la niña en la imagen. La instantánea está firmada por un fotógrafo de Torrelavega, localidad cántabra en ese momento en poder de los republicanos.
Pero Madrid resistió, a pesar de la ferocidad de los ataques. Kazantzakis regresa y espera en Toledo -que también es el centro de los corresponsales del bando nacional-, donde pasea, reflexiona e intenta entender el galimatías de siglas, uniformes e ideologías que recorren las calles y Franco deshará de un plumazo. Uno de estos días tiene noticia de que han matado al poeta español que más admira, Federico García Lorca. En la crónica en la que da cuenta del asesinato, publicada el 11 de enero de 1937, recupera para el público griego alguna de sus traducciones y afirma que nadie sabe con seguridad quién ha sido: «Aquí se mata así a la gente, sin razón alguna».
La espera se hace inútil, a pesar de que el corresponsal estaba expresamente autorizado en el salvoconducto expedido en Salamanca para entrar en la capital, y el viaje llega a su fin. Por sus notas sabemos que abandona el país en coche, pero esta vez no va en una caravana, sino con un chófer, Julio, y sigue el trayecto Ávila-Salamanca-Valladolid-Burgos-Irún..., lo que apunta a que salió en esta ocasión por Francia [ 15 ] . A su paso por Ávila va a tener un último encuentro que hemos querido destacar aquí porque completa la visión que el griego tiene del conflicto español. La cuarta de las crónicas que traducimos es la entrevista, publicada el 22 de diciembre, con el general Franco, al que describe como «decidido y tranquilo» y «fiel intérprete de su época». Aunque no hace ninguna declaración importante, para desagrado de los otros tres periodistas extranjeros presentes en la conversación -un inglés, un francés y un americano, que le preguntan qué pretende hacer con Madrid-, para Kazantzakis es importante conocer personalmente a un hombre «vestido con un sencillo uniforme de color caqui, de estatura mediana, de aspecto sosegado y típicamente español, sin ínfulas trascendentales, con una mirada tranquila y penetrante».
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NOTAS
  • [ 12 ]

    Es el caso del asesinato del hijo del coronel Moscardó, que la epopeya nacionalista sitúa en el transcurso de la conversación telefónica con los sitiadores, cuando fue ejecutado, en efecto, pero un mes después. No cabe duda, sin embargo, de que tanto la conversación telefónica como la amenaza existieron. Otros corresponsales ofrecieron la misma versión de la muerte de Luis Moscardó, como Harold G. Cardozo: «Alcazar Chief "You Must Die" to Son. First Full Story of Siege», en Daily Mail, 30 de septiembre de 1936, pp. 1 y 14. Esta crónica y una visión general de los corresponsales extranjeros, puede consultarse en el catálogo de la exposición Corresponsales en la Guerra de España (1936-1939), Fundación Pablo Iglesias e Instituto Cervantes, Madrid, 2006. También cabe destacar el libro de Paul Preston, Idealistas bajo las balas, Debate, Barcelona, 2007.

     

  • [ 13 ]

    España y Viva la Muerte, op. cit., p.192.

     

  • [ 14 ]

    Sería un ejercicio de gran interés contrastar la visión de Kazantzakis con la del corresponsal del News Chronicle Geoffrey Cox, que asistió a la batalla desde el lado republicano. Su descripción de Getafe es también de una gran viveza La defensa de Madrid, edición y traducción de Martin Minchom, Oberon, Madrid, 2005, pp. 103-108.

     

  • [ 15 ]

    No hemos podido establecer la fecha exacta de salida de España de Kazantzakis ni la de llegada a Grecia. Nos basamos en los «40 días» que pasó en la guerra. Las crónicas se publicaron del 24 de noviembre de 1936 al 17 de enero de 1937. Sobre todo los primeros días, ocupan un lugar destacado en la portada.

     


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