No, si a mí me hace mucha gracia que, por ejemplo, la historia del Big Bang se parezca tanto al Génesis. Y me pregunto si la carga del Génesis prepara a los científicos para ver el Big Bang, o si lo del Génesis fue una intuición gloriosa...
La teoría del Big Bang es relativamente científica, es a dónde se llega extrapolando hacia atrás, pero bueno... A día de hoy, es la explicación mejor de lo que estamos viendo. Ya te digo, siempre tenemos que tener en mente que lo que nos queda por conocer es mucho más que lo que conocemos.
O sea, que no podemos entender la ciencia como dogma de fe.
Todo lo contrario. Pero, claro, lo contrario... es que ahí está la contradicción, es lo contrario porque la ciencia es siempre «a día de hoy», porque puede haber un experimento que te tire por tierra todo lo que hay. Ahora, lo que hay a día de hoy está bien establecido. Vamos a ver, te pongo un ejemplo que creo que lo resume muy bien.
La teoría de la relatividad ha cambiado las ecuaciones de Newton. Pero las ha cambiado en una escala determinada. En la escala habitual, las de Newton están bien porque ¿cómo, si no, íbamos a haber adivinado todas las mareas, las posiciones de los planetas, etc., si no estuviera bien lo de Newton? Para otra escala hay que corregirla, pero lo que está bien establecido en ciencia, sigue siendo válido en su escala. El avance científico introduce cosas nuevas, pero preserva muchísimo.
Por cierto, hay teorías que hablan de las muchas dimensiones....
Bueno, sí, la teoría de las cuerdas quiere establecer muchas dimensiones, pero no se acaba de entender, no se acaba de probar, matemáticamente necesita de la teoría cuántica, y necesita recorrer un largo camino. Mira, para ir de un punto a otro, la luz recorre el camino por el que tarda menos, no el más corto, y esa parece una regla general, una regla simple y bella. Pero cuando nosotros observamos el mundo a una escala distinta que la nuestra, observamos comportamientos que no obedecen a nuestra lógica. Por ejemplo, la mecánica cuántica, que surge de la observación de los fenómenos atómicos, no respeta muchos principios de la lógica tradicional. A Einstein le molestaba, decía que eso estaba mal, decía: si la mecánica cuántica es verdad, el mundo es que está loco. Bohr le contestó: pues está loco. Pero a escala atómica... Yo no creo que sea repugnante a la razón, porque el cerebro construye la lógica con los datos de la escala que ve, que recibe las sensaciones. O sea, si nosotros viéramos desde que nacemos cómo se comportan los átomos, probablemente nuestra lógica sería distinta. Es decir, que la lógica nuestra se ha creado condicionada a nuestra escala de observación, que nosotros estamos condicionados por nuestros sentidos. Si nosotros aquí tuviéramos microscopios electrónicos en lugar de ojos, nuestra lógica sería otra.
Claro, pero es que ahora ya hay telescopios potentísimos, microscopios electrónicos, todo el proyecto genoma y todo eso... por eso te decía si la física modifica la lógica...
Todo eso es todavía una escala más parecida a la nuestra, pero vamos, ya están ahí la nanociencia y la nanotecnología, que creo que nos irán cambiando. El otro día en un coloquio en el Instituto de España, en el que participaba también Fernandom Vallespín, catedrático de sociología y ex director del CIS, estuvimos hablando de cómo, a los niños, el teléfono móvil les va a cambiar la vida, si será bueno, si será malo, si se lee más o menos... Yo les puse un ejemplo, que no lo tenía pensado, que surgió. Decía que tampoco nos debe preocupar tanto siendo progresistas. Tú imagínate que la evolución natural, en vez de tomar el ritmo que se toma, fuera rápida, y que la abuela no hubiera tenido ojos y yo ya tuviera ojos. ¿Tú no crees que la abuela estaría comentando con sus amigas: fíjate este chico, no va a poner atención a sus pensamientos, va a estar siempre distraído con cosas? Es decir, que todo lo que no se ajusta al ritmo, todos los cambios más rápidos que el timing propio de los fenómenos naturales, asustan. Lo característico de la evolución cultural es su ritmo, tan rápido respecto al de la evolución natural de las cosas.
Y yo creo que cuando nos hacemos mayores, más. Pero para terminar, háblame de las relaciones entre la ciencia y la filosofía, si es que existen.
Siempre me ha interesado mucho la filosofía, como contraste con lo mío. En general, no la entiendo, me cuesta mucho entender algo. Me ha interesado por la atracción de los opuestos y me ha gustado mucho. En la filosofía veo como en las matemáticas «puras» lo que es el esfuerzo, la capacidad del cerebro. Pero sí que creo lo siguiente, creo con Einstein que el pensamiento, los patrones lógicos, no tienen por qué tener relación con la realidad, por tanto, creo que la filosofía es un esfuerzo maravilloso que ha permitido el rigor intelectual, la tensión intelectual, que jugó un papel en la evolución cultural, porque a falta de datos la filosofía es el sustituto de la ciencia. Cuando hay datos, cualquier filosofía, cualquier reflexión, tiene que estar muy atenta y muy acorde a esos datos, o si no... Sobre todo donde no hay datos, en aquellos campos que no hay datos: lo que pasa más allá cuando nos muramos, cosas de esas que no son sujeto de ciencia, cada uno tiene derecho a decir lo que quiera, como puro juego. Sobre las otras... La filosofía ha sido a veces el sustituto de la ciencia donde no había datos. El pensamiento de los presocráticos es tan vasto porque no tenían datos, pero tenían esa enorme curiosidad por el entorno que es el principio del método científico.
Hace bien poco me tocó hacer la necrológica de mi amigo Paco Ynduráin en la Academia de Ciencias. Y recorría su pensamiento, y creo que lo que dijo acerca de este tema, expresa bien el mío: cualquier reflexión, entrelazada de razonamientos lógicos, o contiene, implícita o explícitamente, la realidad científica conocida hasta ese momento, o es hueca. En palabras de Einstein: «Las proposiciones que se obtienen por un proceso puramente lógico son vacías de contenido en lo que respecta a la realidad». Hoy, como indica Mosterín, no podemos hablar de naturaleza humana sin tener en consideración el genoma humano, como desde hace siglos no podemos hablar de astronomía desde una perspectiva geocéntrica. Por tanto, las consideraciones filosóficas establecidas sin cuidar su congruencia con el estado actual de la ciencia, o el vigente patrimonio científico, se convierten en meras florituras académicas que agotan en sí mismas su posible interés.