¿Qué es lo que nos falla en este momento? Porque en impacto científico, publicaciones, etc., estamos en un momento bueno, decoroso, decente. Lo que me preocupa a mí es el futuro, es ¿a dónde va esto? ¿Qué nos ha faltado? Pues yo creo que nos ha faltado alguien que hiciera lo que hicieron los primeros gobiernos socialistas con la investigación, con la innovación. Y yo creo que sí que son conscientes de ello los políticos, nuestros políticos, cuando hacen hincapié en la investigación, en I+D+i.
Si entendemos que la investigación convierte dinero en conocimiento, -ese dinero que condiciona, del Estado, de la empresa- puede pensarse que llegará un momento en que la sociedad diría «bueno, aquí no hacemos más que poner dinero para conocimiento, hay unos cuantos que saben mucho, pero ¿hasta cuándo vamos a tener que seguir poniendo dinero?». La única forma de salir de ese círculo es la innovación: convertir el conocimiento en dinero. Así de sencillo. Es decir, que el círculo se cierra, y se ha cerrado en Estados Unidos y en Japón más que en Europa, porque ha habido junto a esa investigación que requiere que el Estado y las empresas públicas y privadas den ese impulso inicial, esa otra, también impulsada, que se emplea en la innovación tecnológica. Porque si al cabo de los años ese impulso inicial no tiene ningún reingreso, no hay luego una parte de ese conocimiento que se convierte en dinero para esos mismos que han invertido ahí para esa sociedad, para el bienestar de esa sociedad, entonces llega un momento en que lo más que pueden hacer es mantener a cien profesores de universidad investigando, pero nunca puedes tener una sociedad que tenga un I+D y una fracción del PIB dedicada a I+D del orden como la tiene Alemania, por ejemplo, en Europa, o la que tiene Estados Unidos.
Es decir, para que nosotros pudiéramos asentar este resultado atractivo inicial del despegue con una perspectiva histórica de futuro, necesitaríamos que una fracción del dinero que se ha invertido en España se recuperara a partir de la innovación. Entonces, la innovación automáticamente multiplica el esfuerzo inversor, tanto del Estado como de las empresas.
Además éste sería el momento en el que la investigación revierte en la práctica social, en la vida social, ¿no?
Lo que es evidente es que, y este es el punto, quizá, importante a dónde queríamos llegar, es que yo no puedo andar reivindicando la belleza de la ciencia, es que no la puedo andar reivindicando...
Para eso está la literatura, y es más barata.
... y digo pues mira qué bonita esta obra de Chéjov que han puesto aquí en el María Guerrero. Pagas la entrada, o vas a oír la ópera y pagas el concierto. Es decir, que lo que yo hago y me gusta mucho, está muy bien y, es verdad, porque es verdad, que la mayoría de los compañeros científicos que conozco están enamorados de su ciencia y de su actividad, pero es verdad que un paso siguiente es decir «pero nos pagan por ello». Una sociedad debe mantener un grupo de gente inteligente, porque eso honra a esa sociedad, debe mantenerles investigando en ciencia pura, ¿pero a cuántos? Para tener una sociedad basada en I+D, tiene que tener un volumen de personal investigando, y parte del dinero que se invierte en ellos tiene que revertir en la sociedad, si no, no hay quien lo mantenga, así de sencillo.
Estoy pensando que un ejemplo muy bonito y muy maravilloso de cómo tu investigación en los campos magnéticos, de los cuales yo entiendo poco, aunque luego te voy a hacer preguntas muy osadas, tiene utilidad social, es la pulsera...
Sí, la pulsera es un ejemplo bueno. Fue un desafío que nos hizo la Comunidad de Madrid. Fueron al Instituto a preguntar si había algún sitio donde se pudieran hacer esas pulseras para avisar a la víctima de la proximidad del maltratador cuando hay sentencia de alejamiento. Y yo lo planteé en el Instituto, y un compañero que trabaja conmigo en el Consejo, Jesús González, digo: «Antonio, yo estaría encantado de diseñar eso». Y fue un diseño muy interesante, que patentamos; la Universidad le dio a la Comunidad de Madrid la patente y le perdí la pista. El interés de nuestra pulsera era el cambio de lógica: lo que todo el mundo piensa cuando se habla de la proximidad del agresor a la agredida es en los GPS, que avisan a la policía; para los GPS, como para los teléfonos móviles, hay zonas que no tienen cobertura. Nosotros nunca pensamos sólo en GPS, no pensamos en algo que diera a terceros la situación de dos personas, la cobertura de dos personas, sino simplemente la distancia entre ellas. Un sistema de radiofrecuencia que ideó Jesús González en nuestro laboratorio. Nosotros desarrollamos aquella idea, la patente se la dimos a la Co munidad de Madrid y nos desentendieron del problema, hace cuatro años o así. Y ahora veo que, tanto la Comunidad de Madrid como el Gobierno, hacen hincapié en la idea de la distancia real. El Ministerio de Igualdad acaba de sacar un concurso pidiendo el GPS, pero también con radiofrecuencia, la idea que dimos nosotros entonces. Se ve que nuestra contribución fue importante por la introducción de la radiofrecuencia, que es lo que permite saber la distancia. Porque esa era la gran preocupación. Cuando hablábamos de esto con asociaciones de mujeres, siempre nos decían: «Pero, bueno, ¿y algo para avisar a la policía?». Por supuesto, se puede avisar a la policía pero para mí lo más importante, más que avisar a la policía, era que la víctima supiera que se acercaba el agresor para poder esconderse, pedir auxilio..., porque hay veces que la policía por razones inevitables tarda mucho, mientras que si la víctima pudiera hacer algo... No sé lo que ha pasado, pero no me importaría nada volver a ello, a intentar llegar al final del prototipo, aunque esto necesitaría una empresa vehículo, porque, claro, no es misión de la Universidad acabar un prototipo...
Y luego producirlo así masivamente, ¿no? Cuéntame un poco, yo soy de Letras, qué es el electromagnetismo, qué tiene qué ver con la idea un poco vertiginosa de la discontinuidad de la materia...