Entre las patentes creadas por Antonio Hernando y los miembros del Instituto de Magnetismo Aplicado que él dirige -Guillermo Rivero, Jesús González, Patricia Crespo, Pilar Marín y Patricia de la Presa-, se incluyen, además de la pulsera para avisar de la presencia de maltratadores en casos de alejamiento legal, métodos para mejorar los sistemas de seguridad en los trenes de alta velocidad, un sistema sensor-actuador para su aplicación en las cuerdas vocales, un esfínter artificial que aliviaría los casos de incontinencia, o un sensor de válvulas cardiacas. Entre otras muchas. Más de trescientos trabajos de investigación publicados; muchos, muchos premios como el más reciente, el de la Real Sociedad Española de Física y la fundación BBVA por el «elevado grado de transferencia de conocimiento a las empresas» de su trabajo, y una pasión, la investigación científica. Esa indagación en la realidad, a la busca de las leyes bellas que la rigen. Y con un caballo de batalla: la ciencia debe ayudar a construir una sociedad en la que el célebre I+D+i sea más que un propósito, sea el motor del desarrollo y la modernización, ese círculo virtuoso que pone en contacto la investigación y la innovación, y que devuelve a la sociedad lo que la sociedad pone para permitir y financiar la investigación.
Antonio Hernando, sesenta años, que considera un privilegio poder dedicarse a una actividad de la que está enamorado, es un hombre al que le gusta patear la sierra y montar a caballo, que cría burros en sus ratos libres y que frecuenta los medios artísticos, la lectura filosófica y las matemáticas puras. Que ama sobre todo la música, y detesta la televisión. Que juega al fútbol, pero no lo ve ni en la cancha ni en la tele. Es simpático, conecta rápidamente, tiene un peculiar sentido del humor, inteligente y autocrítico. Y habla con pasión. Es uno de esos cerebros que piensan el futuro de este país, y que le hace pensar a una que ese futuro está en buenas manos. En esta entrevista se habla de muchos temas, que relacionan la ciencia con la vida social, con la política, con las ideologías. Antonio Hernando -no confundir con su tocayo, el secretario de Ciudades y Políticas Municipales del PSOE- fue en las listas de Miguel Sebastián al Ayuntamiento de Madrid, según él, porque «como mi compañero de Academia, Jesús Ávila, somos científicos y tenemos un talante progresista». Es, dice, la única vez que ha tenido relación directa con la política. Aunque nuestro primer tema sea, precisamente, la política y la ciencia:
Claro que la política científica de un país condiciona la investigación. Desde la política se determinan los temas de interés, aunque los marca más bien la propia comunidad científica. Pero bueno, sí, hay una interacción entre la política y la ciencia. Pero decir que la ciencia es política, no creo que sea más verdad que decir que cualquier otra actividad humana es política. Y la ciencia tiene unas características que la hacen, en algún sentido, más independiente de la política que otras actividades humanas.
Ya, pero, en el sentido de que la política determina los dineros, por lo menos los públicos...
Sí, efectivamente, existe ese condicionamiento, claro, y no podría ser de otra manera. La investigación científica requiere sumas de dinero considerables y, lo que llamamos la investigación básica, a medio y largo plazo, no podemos esperar que sean sólo las empresas las que la financien. Yo creo en el Estado y en la política de investigación de los Estados, creo en eso. Pero la ciencia de calidad tiene unos criterios de validación que la hacen muy independiente. Los políticos pueden orientarla, quizá señalando algunas prioridades, focalizando más un tema que otro, pero lo que es el resultado de la ciencia no es susceptible de politización.
Eso debe dar una cierta sensación de inocencia, o de libertad.
Yo diría sí, de libertad y, diría que, más aún, de poder. Una forma de poder que no es habitual, pero hay una satisfacción enorme en sentir que se pueden conocer cosas todavía desconocidas por los demás; que se puede entender lo que los demás no ven. Yo creo que produce una gratificación equivalente a la que tienen los que ejercen el poder. Por eso es importante ser consciente de que, aunque los descubrimientos científicos y la comprensión que tenemos los científicos siempre está restringida a un grupo minoritario de personas, esas personas tienen un compromiso con la sociedad, un compromiso particular que va más allá de la comunidad científica. Es el compromiso de que a eso se ha llegado porque lo permite la sociedad. La ciencia existe y está al nivel que está porque es un proceso, en el que podemos intervenir, y eso es posible gracias a la sociedad. Eso compromete al científico.
Cuando te decía lo de inocente, me refería a que supongo que os plantearéis las repercusiones morales o éticas de la investigación científica.
Mira, a mí eso, pese a los barullos mediáticos, no me preocupa mucho, en el sentido siguiente: es imposible frenar el descubrimiento. El afán de descubrir cosas es algo inherente a lo que podríamos llamar la evolución cultural. Es el motor de la evolución, por eso no ha habido forma de frenar el afán investigador de las personas, no ha habido forma. Ni las religiones ni las ideologías pueden frenar la actividad científica. Y yo creo que eso es un dato muy importante.
Ahora, una vez que eso se sabe, es evidente que cualquier nuevo descubrimiento se puede utilizar para hacer bien, para hacer mal, para hacer una cosa o hacer otra. Pero eso no es lo primordial en el proceso, lo primordial en el proceso es el afán de descubrir. Y en ese sentido yo creo que ese afán se escapa un poco de la dimensión moral, es algo como el afán de comer; uno puede decir «hombre, comer, se puede uno matar comiendo», pues sí, pero el comer, o el descubrir cosas, no es un sujeto moral de entrada. Y aunque, evidentemente, el hecho de que un descubrimiento pudiera utilizarse para hacer el mal no creo que paralice a ningún investigador, el que se hayan utilizado para el mal tantos descubrimientos no frena la investigación científica.
Entre paréntesis, y por señalar un tema polémico, ¿Qué posición tienes respecto a la polémica investigación sobre las células madre?
No tengo un criterio demasiado elaborado. Lo que si constato es que hay y habrá investigación con células madre.
Se pongan como se pongan.