Pero ya no sólo es conocimiento y vida, experiencia y sabiduría, lo que los libros nos ofrecen en su representación fotográfica, sino también un lugar autónomo. Geografía inestable y subjetiva, cuerpo definido que se presta al desnudo y a la escena aparentemente casual, los artistas que trabajan su paisaje nos presentan al libro, a la lectura, y a las bibliotecas como protagonistas auténticos de una historia diferente. Establecen el puente entre el objeto, el sueño y la memoria. Como en una breve historia de las imágenes literarias, desde el libro, la historia, hasta su protagonista, el lector, y sin olvidar ese museo autoreferente que es la biblioteca. Un mundo de palabras lleno de referencias mitológicas, héroes y dioses, nuevamente la magia de las palabras, torre de Babel, biblioteca de Alejandría, infinita sabiduría recogida por el hombre en un laberinto interminable en el que todos nos queremos perder, eso sí, con un libro entre las manos y una historia en la cabeza, auténtica biblioteca virtual de tantas lecturas, de tantos volúmenes de historias, amores, soledades, sueños y guerras, muerte y adolescencia. Pura vida.