El remake alcanza en la fotografía la categoría de un subgénero, no solamente por la cantidad de autores que han realizado obras basadas en , versiones de , homenajes a , sino porque gran parte de la historia de la fotografía se basa en la revisión de los temas, planteamientos y fórmulas plásticas que la pintura ha convertido en tratados, ha definido y explicado a lo largo de siglos con ejemplos por todos conocidos. Pero, además, hay algunos fotógrafos y artistas que basan prácticamente toda su obra en el remake, en re-hacer, hacer de nuevo obras clásicas. De algunos de ellos -Vik Muniz, Yasumasa Morimura, Joel-Peter Witkin, Pierre et Gilles, Chuck Samuels, Marcos López, Elena del Rivero, Jemima Stehli, Marcos Vilariño- tratamos en las siguientes páginas, no de una forma exhaustiva pues para eso se necesitaría mucho más espacio, pero sí de tal forma que podamos comprender esta manera de reconstruirnos a nosotros mismos, de dar un paso adelante cuando aparentemente se está retrocediendo. Es muy significativo el proceso con el que algunos fotógrafos re-hacen los mitos del arte, esos iconos que están en museos, en libros y que han marcado las pautas de una evolución intelectual y sentimental en la historia del hombre. Re-pintar la obra de Friedrich con colillas y ceniza de cigarrillos, o fotografiar nuevamente El origen del mundo en blanco y negro o poniéndole el símbolo de Europa. Desde chocolate hasta juguetes infantiles, todo vale cuando se trata de reconocernos a nosotros mismos, de tomar parte en una historia interminable.
Tal vez ahora seamos más conscientes que nunca de que ya todo ha sido hecho. Por eso en el cine las segundas, terceras y hasta las cuartas versiones de los clásicos nos enfrentan a las mismas historias y personajes que lo hicieron hace años: Y antes de ellos la literatura, y así hasta la Ilíada es reescrita para convertirse, más aún, en un best seller infinito.
La propia vida, nuestras particulares vidas, son un remake de lo ya vivido, por nosotros mismos y por tantos otros antes. Y será vivida igual, pero de otra manera, por tantos otros después. Todos haciendo únicos los momentos que son los mismos millones de momentos. Diciendo y haciendo lo mismo de diferentes maneras. Pero es importante que nos reconozcamos a nosotros mismos no sólo en los espejos sino en la cultura, en la vida, en los otros.