
Peter Bialobrzeski. Hong Kong, 2001. Cortesía L.A. Galerie, Frankfurt |
En la fotografía contemporánea el paisaje urbano se ha convertido
en uno de los géneros más transitados. A veces acercándose
excesivamente a la imagen de postal turística, otras veces mirando desde
el cielo en ese afán de abarcar los límites de la ciudad; otras
veces en fragmentos, en su relación con el ciudadano, en la propia belleza
de su enfrentamiento con el horizonte, como un homenaje inevitable a su arquitectura.
Pero la fotografía no sólo es un documento, tiene también
un innegable valor artístico y también un valor político,
ideológico. En muchas de las imágenes que reunimos en este número,
dedicado a las ciudades del mundo, detrás de la belleza que se nos presenta,
podemos ver mucho más. Vemos la intención del artista que mira
y captura una realidad que transforma en otra cosa. No son solamente imágenes
frías de las ciudades que podamos ver y visitar. La mirada del artista
corta y aísla el fragmento haciendo irrepetible lo que nos ofrece, lo
que vemos. Es inocente pensar que esa misma imagen estará allí,
para nosotros, cuando visitemos La Habana o Shanghai. Estas imágenes
están ya sólo en los archivos de sus autores, en la memoria de
los que las hemos visto, en las colecciones de arte del mundo, y en estas páginas
que se convierten en esta ocasión en el mapamundi más bello, en
un archivo aleatorio de fragmentos de arte que recomponen nuestro mundo, que
demuestran que la ciudad sigue siendo el matraz donde la civilización
se desarrolla