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Archipiélago 80-81 Archipiélago

Mayo del 68 contado a los niños. Contribución a la crítica de la in-inteligencia organizada

por Jean-Franklin Narodetzki (Narot)
Archipiélago nº 80-81, Mayo 2008

Número de páginas: 7
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Por el hecho de no haber tomado ni pretendido tomar el poder, exaltado por ese "realismo de nuevo cuño" (Claude Lefort), se considera al del 68 un movimiento "sin finalidad", sin visión de futuro ni objetivo de sociedad por construir (G. Lipovetsky). Al parecer, las consignas del tipo "el poder para los trabajadores" o "poder de los consejos obreros" no se dejaron oír jamás en las manifestaciones ni aparecieron en las octavillas ni en los carteles. Al parecer, esas consignas no implicaban en sí mismas transformación social alguna, como tampoco el cuestionamiento generalizado de las instituciones, desde la universidad al parlamentarismo, implicaba nada en términos de la posibilidad y la idea de un orden social diferente. Al parecer, el rechazo a embarcarse en un proyecto de toma del poder no equivalía a un rechazo del poder del Estado ni provenía de un tal rechazo. Hace falta aún más obstinación en la ceguera o la mala fe para no entender que la democracia directa y la autoorganización, cuando se realizaron y allí donde tuvieron lugar, constituían ya en sí el comienzo de una transformación y el bosquejo de una organización social diferente. Pero dejemos eso.
En Mayo del 68 se trataba de una temporalidad propia, hecha de aceleraciones repentinas, de efectos inmediatos (sin mediación y sin dilaciones), de cortocircuitos y de rupturas, de simultaneidades espontáneas o de sincronismos no programados, de surgimientos imprevistos y de desarrollos en espiral, que no cesaba de alcanzar y superar a los protagonistas tanto como atrapaba y superaba la temporalidad lenta de la estrategia y subvertía la temporalidad fija de las organizaciones burocráticas. Ésta es la temporalidad específica que faltará siempre a las totalizaciones a posteriori de comentaristas e intérpretes, que nos presentan un desarrollo lineal. La exigencia de inmediatez torna singularmente caducas las interpretaciones del 68 en términos de "mesianismo" e incluso de "milenarismo" (!) (salvo que, por supuesto, entendamos que todo aquel período se confunde con la religión de las organizaciones izquierdistas).
De forma complementaria, estaríamos también ante un espacio específico. Dos aspectos lo distinguen.
En primer lugar, aquello que podríamos llamar su conductibilidad. El hecho de que poblaciones hasta entonces aisladas entre sí se solidarizasen las unas con las otras; la permanente y horizontal circulación de la información; que acontecimientos locales entrañaran consecuencias globales; que la agitación se propagara a pesar de las distancias y las divisiones geográficas y sociales. Generalización de un orden próximo por medio de la fluidez: el mundo se convertía en aldea menos por la gracia de los media que por la ruina de las mediaciones. Aunque la oposición centro/periferia no desapareció del todo (todo empezó en Nanterre y siguió luego en la capital, si bien eso hay que matizarlo: en enero se habían levantado los obreros de Caen y la primera huelga con ocupación tuvo lugar en Nantes el 14 de mayo), sí se vio considerablemente reducida por la autonomización rápida de las luchas en la provincia. Proximidad, en fin, en el acontecer incesante del encuentro, que atravesó y transgredió por lo general las divisiones sociales, culturales y profesionales.
Seguida y solidariamente, una deslocalización característica. No es que no se pudieran discernir actores o lugares sociales determinantes. Pero la agitación proveniente de un sector resurgía sobre el terreno en otro lugar lejano e inverosímil ("¡el fútbol para los futbolistas!", exigían por ejemplo el 22 de mayo los que ocuparon la Federación Francesa de Fútbol). Tan imposible era confinar al movimiento en un lugar cerrado como despedazarlo dándole caza en campo abierto (es lo que se intentó con el cierre de las facultades). Era imposible encuadrarlo en una organización única, inútil circunscribirlo en una esfera dirigente para decapitarlo. Tan imposible era totalizarlo como delimitarlo con precisión y certeza. El movimiento poseía su propia dispersión, deliberada y espontánea, que lo hacía inasible, y que privaba en todo caso a la represión de sus agarraderas habituales. Movimiento errático de múltiples caras, u-tópico en el sentido estricto de la palabra: sin lugar o, mejor dicho, transversal a diversos lugares y no vinculado a uno sólo, aunque sí privilegiase a algunos sobre otros. Es posible que ahí radique su principal originalidad "estratégica".
Interpretaciones y causalidades elegidas
A continuación expondré, a título de no-conclusión, dos o tres desaciertos interpretativos antiguos y recientes, cuyo empleo se recomienda especialmente con el fin de seguir sin entender nada.
Dialéctica. Totalización de los elementos en la unidad abstracta de la "contradicción", que les asigna la posición, la consistencia y el mínimo infrangible de identidad en sí requerida para que puedan ocupar un lugar y, conservándolo, jugar en el determinismo de la conflictualidad; la dialéctica objetiva así entidades-agentes, sirviéndose de sus coordenadas antitéticas para darles un fin y dotarlas indebidamente de una potencialidad agonística y de un destino subversivo: clases-lucha de clases, proletariado-negatividad. Lo esencial ha sido ya dicho [ 13 ] sobre la pasividad y la inercia de la clase obrera en el 68, sobre su complacencia frente a la contrarrevolución burocrática de la "izquierda" y los sindicatos: a partir de ahí se hace difícil identificar a esa clase como un agente de la destrucción de las estructuras sociales. La noble condición de explotado no implica en sí misma una vocación revolucionaria. Pero igualmente imprudente sería intercambiar el proletariado industrial por la categoría de los "estudiantes", más tarde de los "marginados". De entrada, en razón de la diversidad y heterogeneidad de sus aspiraciones y porque no son -no más que cualquier otra categoría en función de su situación- unificables ni totalizables como agente-sujeto. Y además, porque el movimiento barrió de largo las delimitaciones y las territorialidades-categorías, formando alianzas -o más bien aleaciones [ 14 ] - inéditas entre diferentes sectores sociales. El medio estudiantil fue el origen del movimiento y el primer espacio en donde éste se despliega, pero no su residencia definitiva. Hay que tener cuidado, por lo tanto, con no aplicar el esquema unitario del Sujeto a los movimientos sociales en general ni, en particular, a un movimiento plural, nómada y deconstructor de las totalidades e identidades codificadas como fue el del 68. Lo cual no significa, evidentemente, que ésta fuera sociológicamente indeterminado; grosso modo cabría afirmar que "el núcleo de la crisis [y sólo ese núcleo] no fue la juventud en general, sino la juventud estudiantil de las universidades y los institutos, así como el sector más joven -o no esclerotizado- del cuerpo de profesores, pero también de otras categorías de intelectuales" [ 15 ] .
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NOTAS
  • [ 13 ]

    En particular por C. Castoriadis, op. cit ., en lo que es hasta la fecha el análisis más pertinente en este sentido y que yo suscribo globalmente a pesar de algunas divergencias.

  • [ 14 ]

    La palabra la emplea J. Baynac a propósito del Comité de Acción de trabajadores y estudiantes de Censier en su también muy valioso libro: Mai retrouvé , París, Fayard, 1978. Acuarela Libros & A. Machado prepara actualmente la traducción española.

  • [ 15 ]

    C . Castoriadis, op. cit.


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