Maoístas y trotskistas combatieron Mayo del 68. Porque los mejores situados de entre ellos fueron negociadores autoproclamados. Porque el 16 de mayo por la tarde, en Nanterre, se opusieron a la difusión de un llamamiento a la ocupación de las fábricas y a la formación de consejos obreros que emanara del Comité de Ocupación de la Sorbona, con el argumento de que "ellos no tenían órdenes que dar a los obreros", cuando todos sabían que, en Nantes, la empresa Sud-Aviation llevaba dos días ocupada y el movimiento comenzaba a extenderse ( nmpp . en París, Renault en Cléon). Porque, de principio a fin, no tuvieron otra idea ni estrategia que aquella -tan desafortunada- de asumir la dirección
[ 7 ] de una revuelta que rechazaba a todos los dirigentes y de imponer la forma-partido a un movimiento que constituía su negación en actos
[ 8 ] . Porque, ya desde los primeros signos de reflujo que les permitieron acceder a una posición dominante y hacer reinar la lengua de madera militante, pusieron todo su empeño en desacreditar el movimiento, manejando la calumnia y la mentira
[ 9 ] . Porque el 24 de mayo, mientras la Bolsa era incendiada, mientras París estaba en manos de los manifestantes, un responsable de la jcr arengaba a las masas en la plaza de la Opéra
para que se replegasen al Barrio Latino (al tiempo que el servicio de orden de la unef y del psu impedía la toma de los ministerios de finanzas y de justicia
[ 10 ] ). Porque ellos mismos dieron la medida de sus ambiciones cuando apoyaron el 27 de mayo en Charléty el primer entierro político del movimiento, al negociar al día siguiente con los jefes maoístas la suerte de este último. Porque, incorregibles aleccionadores, jamás fueron capaces de concebir un movimiento de masas que no fuera maniobrable,
apropiable, razón por la cual se opusieron siempre que tuvieron ocasión a toda iniciativa que escapara a su control. Porque frente a la autonomía y a la autogestión de las luchas que se desarrollaban no supieron proponer más que la consigna hipócritamente servil de "servir al pueblo", o bien directamente su adoctrinamiento para regentarlo mejor. Porque, en fin, no fueron ni los promotores ni los orientadores del movimiento, sino sus restos, el resultado de su derrota, los hongos sobre su cadáver.
Entiéndaseme bien: no estoy diciendo que hayan estado fuera de la escena o inactivos. Todo lo contrario, jugaron un papel eminente: fueron los adversarios más inmediatos del desarrollo autónomo de las luchas, precisamente en razón de su presencia. Cuerpo extraño interno (por emplear una expresión psicoanalítica), los leninistas se repartían entre un núcleo dogmático, inmutable y abiertamente hostil a lo que estaba pasando, compuesto por los principales dirigentes y sus subordinados, y una tropa englobada en distintos grados por el movimiento, dividida en una fracción de emisarios enviados para controlarlo o desviarlo (aunque sus intentos de confiscación fueron infructuosos, en ocasiones sí tuvieron éxito a la hora de ejercer una influencia puntual) y un resto metabolizado por el movimiento, parte integrante y efectiva de todo lo que se hacía, pero al precio, si no de su identidad política, sí al menos del abandono de una parte considerable de las prácticas leninistas (esto es lo que se produjo en casi todos los que integraron el Movimiento 22 de Marzo).
Todo esto equivale a decir que cualquier abordaje que se haga de aquel período deberá sortear o reconstruir la versión de los hechos que todavía hoy los antiguos integrantes de al menos los dos círculos antes referidos se resisten a abandonar -ya se cuenten en la actualidad entre los convertidos al ps y/o al modelo japonés, o bien entre los herederos de Lenin. Ni los unos ni los otros son capaces de pensar el 68 más que como retroproyección de los esquemas interpretativos de los que se servían ya entonces, ya sea porque en veinte años no los han cambiado un ápice, o ya sea porque, de alguna manera, la fe abjurada se abre camino bajo la religión nueva.
Naturaleza y especificidades del movimiento
Política y antipolítica
No comprenderemos nada del 68 mientras dejemos de lado la articulación dinámica de estos dos polos. Es cierto que el movimiento fue eminentemente político , pero sólo si con esta palabra evocamos aquellas modalidades de organización de una colectividad que abarquen las cuestiones del estatuto del poder y de la decisión, de las formas de su gestión y de su regulación y, en fin, de la relación que esta colectividad tenga con su propio devenir (devenir que se supone dirigido por la Revolución). Si es patente que mayo y junio del 68 contenían elementos tan heteróclitos como contradictorios (del radicalismo al reformismo más plano, absurdos y anacronismos, algo de genio también...), también es posible localizar las preponderancias, despejar las líneas de fuerza y distinguir lo esencial de lo aleatorio o insignificante, pues no todo lo que subió al escenario por aquel entonces formaba parte ipso facto del movimiento (a menos que queramos incluir en él a las Comités en defensa de la República y al pcf ). Ahora bien, si existe algo que permite delimitar el movimiento, y que los ideólogos contemporáneos se obstinan en ignorar, silenciar o desfigurar, es sin lugar a dudas la democracia directa que supo poner en acción y, casi siempre, hacer respetar.
El "sentido" del 68 o su significación central no debe buscarse en otro sitio que en la autonomía práctica realizada y organizada (aunque fuera de manera insuficiente) antes y durante aquellos dos meses. Autonomía colectiva , se entiende, en la que gente de todo tipo, en común , se disponía a cuestionar y a hacerse cargo de sus condiciones de actividad y de existencia, de intervención y de reflexión, al hilo de discusiones incesantes en los lugares más insospechados. "Resolvamos nuestros asuntos nosotros mismos" fue algo más que un eslogan de enragés ; asimilado de forma desigual por los protagonistas, de manera a menudo independiente de su "conciencia política", aquella consigna fue la sustancia de su actividad o, por lo menos, aquello hacia lo que dicha actividad aspiraba en términos generales. Por muy minoritaria que fuera a escala nacional, lo cierto es que una multitud de individuos que la víspera antes habían estado atomizados venía de pronto a plantear públicamente, en un estilo que desde luego no era siempre el de la gran Teoría, las cuestiones relativas al hecho de ser el sujeto de la propia historia y comenzaban hic et nunc a construir algunas de sus condiciones de posibilidad, no ya de un intervalo o de una recreación, ni en beneficio de una categoría social particular, sino de un objetivo universalizable y destinado a serlo. Y ello a pesar de que las consignas o la conciencia estuvieran lejos de dicho objetivo.