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Archipiélago 80-81 Archipiélago

Mayo del 68 contado a los niños. Contribución a la crítica de la in-inteligencia organizada

por Jean-Franklin Narodetzki (Narot)
Archipiélago nº 80-81, Mayo 2008

Número de páginas: 7
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Del mismo modo que no hay ya gran cosa que exorcizar tampoco hay ya nada que afrontar, nada que querer ni que promover. La conmemoración consuma, en su sector particular, la anulación de lo político, exhibe la disolución de sus apuestas. De lo que se trata es de demostrar lo irrisorio de toda conflictualidad, la descalificación del ethos crítico, su arcaísmo carente de la más mínima pertinencia contemporánea. El discurso sobre el 68 aparece en adelante como un momento y un operador de devaluación global, no sólo en lo tocante a la esfera de la política especializada, sino del orden mismo de lo político, vaciado en su dimensión de escena que permite plantear las cuestiones relativas a las modalidades del estar-juntos, en tanto que problemática de la relación social, en tanto que posibilidad virtualmente ilimitada de cuestionar su textura y su porvenir. Todas estas cuestiones han dejado de plantearse: escuchen si no cómo son de discordantes, apenas audibles, de qué manera han pasado a pertenecer a lo pintoresco arcaico , en el mismo saco que la voz gangosa del locutor de las Actualités Gaumont ; todo aquello hace sonreír y pronto hará bostezar. Éste es el tono general de las emisiones y de la mayor parte de los textos -que a ratos incitan a la risa boba y siempre son imperturbablemente cool - que nos hablan de una agitación febril y vana, sin motivos ni resultados - much ado about nothing- incapaz de ser nada más que el objeto de una narración confusa, distraída y vagamente perpleja -de una perplejidad a la medida del pintoresco curiosum histórico (o más bien exótico, ya que la Historia como tal ya no existe); eso, queridos teleespectadores, es lo que se ofrece a vuestros ojos . Se ha terminado todo aquello del proletariado como sujeto de la Historia, como todo el mundo sabe. Y más allá de eso, ha muerto también esa idea absurda de que los hombres habrían de propiciar las condiciones que les permitieran gestionar sus asuntos ellos mismos y de manera colectiva. "No es un buen plan", como dicen los robots. Desertificación y deserción de la escena histórica, fin del destino del que hay que apropiarse colectivamente, nada más ya que la identidad ensimismada y para siempre imperturbable de una época que ha evacuado hasta la idea de discontinuidad (a excepción de aquella que lo separa de lo "arcaico") para contemplarse a sí misma en un presente definitivo.
Lo esencial, por lo tanto, no consiste tanto en rebajar las coordenadas de la política sobre el 68 como de expurgarlas de toda valencia histórica; reducirlas a una mera rúbrica de los acontecimientos o, para ser más precisos, condenarlas al registro de la pequeña ficción: relevantes no ya para la lógica histórica de la restitución (donde las cuestiones del sentido y de la verdad podían aún ser planteadas), sino para la lógica audiovisual del montaje , donde el relato ha sido reemplazado por un videoclip.
Así es como en el espacio de una década la conmemoración del 68 ha pasado, de desempeñar la primera de las funciones antes descritas, a la segunda.
Elementos de análisis
A continuación expondré una mezcla, muy imperfecta, de recuerdos, de argumentos y de postulados destinada a ofrecer algunos puntos de referencia para el estudio de mayo-junio del 68. He tratado de aportar lo que a mis ojos constituye el minimum criteriológico requerido para escapar al sincretismo y a los contrasentidos más frecuentes cuando se trata de abordar ese período.
La noción de movimiento
La he utilizado porque evoca más que otras, en razón de su parte de imprecisión, la actividad multiforme y transversal a todos los sectores de la vida social que caracterizó a mayo y junio del 68. La idea de movimiento está también imbuida de una cierta imprecisión temporal. En este sentido constituye una invitación a no disociar aquellos dos meses de los que les siguieron (luchas feministas y de minorías, antipsiquiatría, tentativas comunitarias, contracultura, ecología, regionalismos, etc.) ni tampoco de sus propios comienzos.
El término es igualmente adecuado para designar lo que fue un conjunto de componentes heteróclitos cuya convergencia vino a erosionar ampliamente las particularidades irreconciliables. En ese sentido, el Movimiento 22 de Marzo es sin duda ejemplar, al haber llevado a cabo, aunque fuera momentáneamente, la superación de los antagonismos grupusculares y, más aún, una relativa descomposición de ese tipo de idiosincrasias, la mayor parte de las veces por vía de una radicalización (casi todos los leninistas que participaron en el movimiento fueron rápidamente ganados para la democracia directa, a excepción de algunos como S. July o A. Geismar, demasiado ligados a procedimientos burocráticos que al final lograron reimplantar, si bien no antes del declive general y siempre entre bastidores).
El Movimiento 22 de Marzo (que, por otra parte, no se dejaba reducir a un simple melting pot grupuscular e incluía a muchos "desorganizados") fue un caso paradigmático de una práctica que supera el marco de toda organización o reagrupación particular, desarrollándose no sólo bajo la forma auto-organizativa de los Comités de Acción (que a fines de Mayo se contaban por medio millar), sino también bajo la de múltiples iniciativas microgrupales y hasta individuales, o por la participación masiva en el debate abierto sobre el orden del mundo. Lo que viene a indicar el término "movimiento" es este conjunto no cuantificable, sin límites espaciales exactamente asignables.
El papel de los leninistas
Para terminar con los efectos interpretativos de la impostura querría hacer algunas precisiones, que subrayo con una pesadez proporcional a la insistencia de aquélla.
Maoístas y toskistas (y, entre estos últimos, los "lambertistas" del cler / fer / oci ni siquiera merecen ser tenidos en cuenta, habiéndose autoexcluido de un movimiento que ellos juzgaban reaccionario para, con el fin "de no alejarse de la clase obrera", encerrarse en su cuartel, del que no habrían ya de salir más que para tratar de dispersar manifestantes y desmontar barricadas [8 y 10 de mayo] y denunciar su "aventurismo") no "hicieron" Mayo del 68, sino que fueron sus adversarios, lo combatieron.
Fueron, como digo, sus adversarios. Porque su concepción y su práctica organizativa, su ideología y sus fines políticos coincidían íntegramente con todo aquello que el movimiento rechazaba, a saber: jerarquía y división dirigentes/ejecutantes; retención de información; ethos disciplinario; temporalidad disuasiva (frente a la exigencia del "aquí y ahora" específico del movimiento, ellos oponían un aplazamiento indefinido: "condiciones objetivas" y "conciencia de las masas" aún no "maduras", espera de las directrices, la lentitud del "trabajo político", perspectivas de "transición", escalones programáticos...); el centralismo, el electoralismo de algunos, el estatismo de todos (por no hablar de la tesis maoísta del "revisionismo", el análisis trotskista, botánico o zoológico, de la estructura de la URSS en términos de casta "parásita" o de "degeneración", que preservaba la ficción de un Estado, a pesar de todo, "obrero" en sus "bases", todo lo cual llevaría a un Krivine a pedir el voto para el pc a fines de Mayo); totalitarismo (apoyo por parte de los maoístas a los peores poderes de tipo estaliniano: China, rdvn , Albania, Camboya, por no hablar de la urss anterior a 1956; apoyo que en ocasiones venía también de los trotskistas, si bien de manera menos incondicional: rdvn , Cuba, sin olvidar, en ellos tampoco, una afiliación bolchevique bastante cargada de crímenes de Estado); obrerismo; crítica limitada del capitalismo y "proyectos de sociedad" que recogían en consecuencia elementos fundamentales del orden económico-político.
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